El psicoanálisis más allá del Novecientos. Giovanni Sias

El proyecto de revista digital europea y el ensayo que considero necesario hacerles llegar por medio de nuestra red, no salieron de nada. Me parece en efecto indispensable poner a los psicoanalistas de Barcelona y de España al tanto de lo que sucede en Italia, donde psicoanalistas laicos son denunciados por otros colegas de la Orden de los psicólogos, acabando siendo severamente multados e incluso encarcelados.

Extraigo el texto siguiente para los que no tengan el tiempo o la curiosidad de proseguir:

“Necesitamos estudiar nuestra historia reciente, al menos la del Novecientos, si queremos tener más inteligencia sobre el presente.

En el caso de España, donde la psicoterapia puede practicarse sólo con el título, reconocido por el Estado, de psicólogo clínico, durante muchos años ha sido a nivel social -y no jurídicamente- que el psicoanalista ha estado «fuera de juego», porque se lo ha considerado un charlatán y el psicoanálisis una práctica no científica, un engaño al que nadie quiere recurrir.

Pero es el caso italiano el que hoy puede proporcionar los mayores elementos de reflexión, donde la ley sobre psicoterapias no es, en definitiva, mala porque el psicoanálisis, al no ser contemplado, fue excluido – y en el nivel legislativo sigue siendo así, porque la ley nunca ha cambiado –, y el psicoanalista no puede ser procesado. En los últimos diez años el poder judicial ha impuesto el enjuiciamiento penal del psicoanalista, luego de que la Orden de Psicólogos impusiera, incluso a nivel judicial y gracias a la complicidad de las grandes asociaciones lacanianas, la equivalencia entre psicoterapia y psicoanálisis con la consideración de que este último es una cura y, por lo tanto, un acto médico.”

Una situación tal induce a la reflexión e incluso a una radicalización benéfica para todos los psicoanalistas encerrados en sus asociaciones y dormidos en el sueño dogmático de su posición de epígonos satisfechos.

Algunos colegas italianos, que no han cedido a la presión de la ley y de los institutos de psicoterapia creados por las grandes asociaciones lacanianas para contornearla, pero no han logrado oponerse al ocaso del psicoanálisis en ese país, van a intentar crear en Bruselas un “Colectivo de los psicoanalistas laicos en Europa” que intentará ofrecer, a dichos psicoanalistas perseguidos, un amparo que no sea solamente jurídico, sino efectivo por su ubicación heterotópica (para retomar aquí el concepto de Foucault) en el trabajo teórico que se verá capaz de producir para fundamentar su posición y legitimar su existencia, si se quiere propiciar un porvenir al psicoanálisis que no sea ilusorio.

Jacques Nassif

Para leer el texto de Giovanni Sias, pulsar sobre el título:

El psicoanálisis más allá del Novecientos. Giovanni Sias

Lo que los focos no iluminan, comentario de Carlos Rey

LO QUE LOS FOCOS NO ILUMINAN

Se cumplen cuarenta años de la celebración en Barcelona del II Congreso Mundial de Psiquiatría Biológica, donde su presidente, el Dr. Obiols, marcó la política a seguir: «La Psiquiatría Biológica no aspira a ser una parte de la Psiquiatría, sino toda la Psiquiatría». No es poco lo que ha conseguido durante todos estos años:  copar la Academia y Clínica oficiales; sin embargo, sus méritos no son otros que haberlo conseguido por devenir en una disciplina de poder. En paralelo, son muchas más las psiquiatrías y psicologías que se están desmarcando del reduccionismo biológico como pensamiento único.

Como prueba de que hay conocimiento más allá de los discursos oficiales, se presenta la publicación por Xoroi Edicions de un nuevo libro de su colección La Otra psiquiatría –dirigida por J.Mª Álvarez y F.Colina– y que lleva por título Cosas que tu psiquiatra nunca te dijo. En este trabajo, escrito al alimón  por Javier Carreño y Kepa Matilla, no hay puntada sin hilo en beneficio del rigor de las ideas a las que van llegado, tras el estudio de la historia y clínica de las sintomatologías psíquicas. Son ideas li(e)bres). Ideas libres que corren como liebres. Ideas liebres porque corren libres de grasa ideológica y conflictos de intereses extra clínicos. Ideas libres porque son como liebres: pura fibra para huir veloces de las servidumbres del cientificismo, pues son ideas que van más allá de las guías clínicas oficiales y protocolos de obligado cumplimiento que amordazan el criterio propio de la experiencia clínica. Los autores quieren «mostrar lo que tu psiquiatra no te dice, pero sí publica en las revistas científicas más prestigiosas. Por tanto, solo intentamos acercar a un público más general las conclusiones de dichos trabajos que, precisamente, ponen en cuestión las supuestas certezas y evidencias del campo de la psicopatología».

  1. Carreño y K. Matilla sostienen que «la locura y la neurosis son defensas ante la angustia, formas de estar en el mundo, en el lenguaje y la cultura». Posiciones subjetivas, más o menos estables a lo largo de la historia, que manifiestan el malestar inherente a la condición humana. Malestar que ha sido relatado, estudiado e interpretado por tirios y troyanos. Montaigne, por ejemplo: «Entre otras pruebas de nuestra flaqueza, no olvidemos ésta: el ser humano no es capaz, ni siquiera con el deseo, de encontrar lo que necesita; no ya con la posesión sino ni siquiera con la imaginación, podemos ponernos de acuerdo en qué precisamos para darnos por satisfechos». En el capítulo II nos refieren la inconsistencia de los diagnósticos de nuevo cuño –«etiquetas top», escriben los autores– en los que han sido agrupados –con más ideología que teoría– las manifestaciones sintomáticas del malestar. En los capítulos III y IV se cuestiona la aplicación de la medicina basada en la evidencia al estudio y tratamiento del padecer subjetivo, cuyo resultado es la ciencia ficción que pretende dar carta de naturaleza a las 500 enfermedades mentales que figuran en el nuevo DSM. En el capítulo V, los autores nos refieren otros posibles diagnósticos más acordes con la fragilidad del ser humano. Y en el capítulo VI se dedican a la elucidación de los tratamientos: los ansiolíticos, los neurolépticos, los antidepresivos, la Terapia Electroconvulsiva y, finalmente, nos hablan sobre la eficacia de las psicoterapias, centrándose en el psicoanálisis por ser la referencia teórica y clínica de los autores.

Rebobinando. De los síntomas históricos que expresan la aflicción consustancial de la vida, nuestros autores destacan la locura, la tristeza y la angustia, y nos  refieren cómo su psiquiatrización los ha elevado a la categoría de enfermedades mentales que requieren ser medicalizadas. Dicho y hecho. El remedio, los antidepresivos, por ejemplo, han conseguido llamar depresión a la tristeza, incluso cuando no se supera y ya es melancolía. Otro tanto ha pasado con la angustia que se ha diluido en la ansiedad porque el remedio se llama ansiolítico. Sin embargo, como señalan los autores, la angustia ha sido siempre la protagonista de toda la psicopatología. Se expresa en el cuerpo, en la obsesión, en las fobias, en la anorexia, la bulimia y los suicidios. Cito a los autores: «Es frecuente y conocido desde la antigüedad que enfermedades de la piel como la psoriasis, los eccemas, las dermatitis suelen estar desencadenadas y mantenidas por la angustia. (…) También la piel de dentro, el ectodermo de las mucosas del aparato digestivo o incluso el epitelio de las vías espiratorias son nichos para la angustia. Famosas son las gastritis, las colitis, el asma o el reciente síndrome de colon irritable que florecen con la angustia. Lista a la que podemos añadir las cefaleas, los dolores genitales, los dolores generalizados y las contracturas musculares e incluso la fibromialgia, un dolor absoluto, errante, fluctuante, irregular… ».

Las «etiquetas top», a las que se refieren nuestros autores, son los nuevos nombres de enfermedades mentales o sambenitos que, lejos de estar en la naturaleza del ser humano han salido de la chistera de la ideología biomédica: esquizofrenia, trastorno  bipolar, TDAH y la patología dual. Dicen nuestros autores: «La llamada esquizofrenia con la que nos formamos, la de los pacientes crónicos que atendemos desde el principio de nuestra práctica, no es en realidad el verdadero rostro de la locura, sino el rostro de una locura maquillada de neurolepsis. Una locura barnizada con el colorete de lo colinérgico, los labios de la acatasia y el rímel del aturdimiento. Una locura de un déficit provocado por los cosméticos. Una enfermedad no hereditaria sino adquirida… ».

¿Dónde está la evidencia científica en hacer de cada síntoma o síndrome una enfermedad mental con marcadores biológicos no demostrados? Para argumentar las posibles respuestas, Carreño y Matilla nos dicen que han recurrido a los estudios publicados en las revistas más prestigiosas de las psiquiatrías. «Nuestra sorpresa ha sido mayúscula cuando hemos comprobado que gran parte de las opiniones imperantes en las psiquiatrías, que tanta evidencia habrían encontrado, también atesoran otros tantos estudios que demuestran que dichas opiniones no son más que falacias. Estas son las cosas que tu psiquiatra nunca te dijo, aquellos estudios que ponen en cuestión la ideología vigente». Analizando las escalas, los ensayos clínicos, la supuesta fiabilidad de los diferentes DSM, así como la trastienda de los consensos entre sus redactores, nuestros autores llegan a la conclusión de que «no podemos decir que los DSM estén sustentados en la evidencia científica (…) En psiquiatría no hay pruebas de laboratorio mediante las que decidir si alguien padece o no un trastorno. Todos los estudios sobre marcadores biológicos han resultado ser una pérdida de recursos y de tiempo.(…) Esto hace que los diagnósticos dependan de juicios subjetivos fácilmente influenciables por diversos grupos de presión».

Respecto de la elucidación de los tratamientos, los autores nos recuerdan que no curan porque no restablecen equilibrio químico alguno, ya que no existen desequilibrios en las causas sino en las consecuencias de paliar los síntomas con dosis de phármakon que no tienen en cuenta la lábil frontera entre remedio y venero. A esta iatrogenia inicial hay que sumarle la que se deriva de los tratamientos de por vida. Tratamientos que, no simplemente cronifican el malestar sino que ignoran el abc de toda droga: su principio psicoactivo es puntual y a partir de allí cada vez hay que tomar más para sentir cada vez menos. En el decir de los autores: «Los antipsicóticos, incluso los modernos, provocan la misma anormalidad en el cerebro que la droga conocida como polvo de ángel».

Del estudio de los trabajos publicados sobre los neurolépticos, Carreño y Matilla nos refieren que existen muchos mitos en el tratamiento de la locura: el mito de la base biológica de la locura, el mito del desequilibrio químico, el mito de la evolución deficitaria, el mito de que los antipsicóticos facilitaron el vaciado de los manicomios cuando es a la inversa, el mito de la eficacia de los antipsicóticos, el mito de la medicación a largo plazo. Después de la lectura de lo que sus autores llaman «la verdad de los efectos secundarios», se evidencia que hay un mayor conocimiento de las nefastas consecuencias de los remedios que de sus causas, pues los efectos biológicos negativos de los psicofármacos son un hecho comprobado y comprobable, es decir, un hecho científico; mientras que la causalidad biológica de la psicopatología sigue sin serlo. A lo sumo es una expectativa de la medicina basada en mitos con la que se pretende vender la piel del oso antes de cazarlo.

«Como resume Bentall, –escriben los autores– si los antipsicóticos producen gravísimos efectos secundarios, si a muchos pacientes con un primer episodio les va bien sin medicación, si otros tantos no responden a ella a pesar de que se aumente y si los pacientes que la toman durante años se han vuelto mas sensibles al estrés, ¿por qué los servicios psiquiátricos modernos siguen teniendo tanta fe en los antipsicóticos? (…) Los clínicos deberían valorar la utilidad del efecto sedativo de los neurolépticos en determinadas circunstancias, limitar su uso en el tiempo y, sin duda, explorar el camino de la psicoterapia y la cura por la palabra».

Sobre los antidepresivos, y al hilo de las investigaciones analizadas, nuestros autores llegan a la evidencia de que hay dos hechos incontestables: no hay pruebas científicas de que el síndrome depresivo se deba a ningún estado deficitario y, por lo tanto su medicalización no restablece el equilibrio químico sino que lo altera, «abriendo la posibilidad de un enorme efecto rebote tras la retirada del fármaco», y no como recaída del paciente por desadherirse del remedio que no es tal, pues su efectividad es equivalente al placebo e inferior a la psicoterapia. «Pero ademas, –cito a los autores– al ser drogas activas, tienen una serie de efectos secundarios un tanto desagradables como la tensión, la extrañeza, la agitación y la inquietud que pueden llevar a un sujeto a cometer actos violentos  como el suicidio o el homicidio». En paralelo, la medicalización sine die del síndrome depresivo, está generando un nuevo problema de salud pública al hacerse refractario al tratamiento, más cíclico y, por lo tanto, crónico.

Puestos a ficcionar un manual que refleje la realidad de los nuevos problemas psiquiátricos, los autores consideran que bien podría escribirse un «Manual xenodiagnóstico de trastornos en homo sapiens», con un importante subgrupo: «Trastornos debidos al consumo de psicofármacos en humanos». Un trastorno grave seria «la neuroleptofrenia. Es decir, un cuadro abigarrado de psicosis crónica, distonías, discinesias, aumento de peso, bradipsiquia y apatía fruto del mantenimiento sine die de tratamientos neurolépticos y el trato institucionalizado». En segundo lugar figuraría el «trastorno mundo benzo», basado en «problemas de memoria, abulia, torpeza y sedación… ». Además de las benzodiacepinas también entrarían en este trastorno «los antidepresivos más sedantes participando en el cortejo sintomático con una suerte de anorgasmia, disfunción de la libido y anestesia afectiva». Un subgrupo podría denominarse «benzo en abuelas. Una pléyade de caídas, deterioro cognitivo, torpezas, fracturas de cadena, agitaciones y alucinaciones se han cebado con los mayores siendo en ocasiones peor el remedio que la enfermedad. (…) En tercer lugar, la extraña proliferación de desórdenes afectivos unidos a tratamientos. Se podría llamar el trastorno tripolar, ya que por encima de la clásica división manía-depresión ha sobrevenido sobre la especie humana cuadros de cicladores rápidos, reacciones maníacas, cuadros mixtos e intentos de suicidio extempóreos quizás cebados por antidepresivos, litio y sus combinaciones a veces enloquecidas». Como dijo Abel Novoa desde la plataforma NoGracias: «La biomedicina se ha convertido en un enorme fracaso social y en un problema de salud pública».

De perdidos al rio podría ser el subtítulo del capítulo que los autores dedican a estudiar las posiciones a favor y en contra de la Terapia Electroconvulsiva. Resulta paradigmático que oficialmente se diga que la química es efectiva pero que si no lo es se pruebe con la seguridad y efectividad de la física. Máxime cuando «muchos de los promotores de la TEC tienen vínculos económicos con empresas que fabrican estas máquinas». Después de la investigación realizada, nuestros autores concluyen diciendo: «Nos cuesta trabajo comprender cómo en la actualidad, en la mayoría de los hospitales, al menos en nuestro país, se sigue aplicando con gran entusiasmo. Está claro que siempre se aduce un criterio pragmático basado en la experiencia práctica de quienes la utilizan: “cuando nada funciona con determinadas personas, la TEC produce efectos extraordinarios”. Sin duda, hemos mostrado cómo la pérdida de memoria y la deshumanización gracias al daño cerebral que provoca, parece ser la responsable de que uno se olvide incluso hasta del dolor que le produce la existencia. Por eso, resulta sorprendente que con estos datos encima de la mesa se siga pensando que puede ser mínimamente beneficiosa».

A la hora de medir la eficacia de las psicoterapias, y en especial la del psicoanálisis, hay que tener en cuenta dos preliminares. Uno: la metodología científica aplicable a un fármaco no tiene tan fácil traslación a las terapias de la palabra. La subjetividad es de cada cual y no tiene cabida en las escalas, los ensayos y las mediciones. Dos, y en el caso concreto del psicoanálisis, ¿cómo compararlo con los tratamientos biomédico-congnitivos-conductuales, si no parte ni comparte con ellos que la eficacia clínica se acote a la eliminación sistemática de los síntomas? Sin embargo, nuestros autores aportan los estudios que demuestran la eficacia del psicoanálisis en el tratamiento de todo tipo de síntomas psíquicos, incluida la psicosis. Al tiempo que desmontan las críticas de que es un tratamiento caro y largo: «El NIMH, por ejemplo, comprobó que si bien la medicación y dos tipos de terapia breve resultaban beneficiosos, con el paso del tiempo ese beneficio iba decreciendo», mientras que el psicoanálisis es eficaz a largo plazo. «Cuando se ha comparado la psicoterapia psicoanalítica a largo plazo con el psicoanálisis, se ha descubierto que la primera producía mejores resultados tras tres años mientras que el segundo mostraba ser superior después de cinco años de seguimiento. (…) El trabajo que se realiza sesión tras sesión suma para que en un futuro las cosas que le puedan ocurrir al sujeto las viva de otra manera». El trabajo requiere tiempo, pero no porque el tiempo lo cure todo, sino porque toda cura necesita tiempo. Y en nuestro quehacer psi ese tiempo, por excelencia, es el tiempo de elaboración.

En sus palabras finales, Carreño y Matilla nos dicen que esperan que su libro quede «como un informe en minoría que junto a otros trabajos pueda ir configurando una opinión mayoritaria para la construcción de una disciplina más humana y sensata». Teniendo en cuenta la muy extensa  bibliografía de la que han tomado los hilos argumentales para construir, puntada a puntada, un discurso propio, bien puede decirse que ni están solos ni en minoría, ya que, por nombrar a los más críticos con lo que los focos no iluminan, les acompañan D. Healy, J. Read, L.R. Mosher, R.P. Bentall, J. Moncrieff, S. Timimi, G. Berrios, R. Whitaker, P.C. Gotzshe, J. Friedberg,  P.R. Breggin, H. Sackeim, R. Warner, I. Kirdch, etc., así como a los que reconocen como sus maestros: Chus Gómez, J.M. Álvarez y F. Colina. Y como dicen éstos dos últimos en el prólogo de este libro, «son cada vez más los estudios que denuncian la falacia del discurso cientificista en el terreno psi. Todos sus principales apoyos son cuestionados y se cimbrean más de lo previsto: unos denuncian el artificio de las clasificaciones internacionales, otros la turbiedad de las investigaciones neurobiológicas y la mayoría ponen en entredicho la prometida eficacia de los tratamientos psicofarmacológicos y cognitivos».

Alberto Manguel, en su ensayo La ciudad de las palabras. Mentiras políticas, verdades literarias,  nos anima «a seguir el consejo de Kafka de aspirar sin poseer, de construir sin trepar a la cima: es decir, de saber sin exigir la posesión exclusiva del conocimiento. Quizá seamos todavía capaces de tales cosas».

Carlos Rey

Psicólogo Clínico y psicoanalista

carlosry@copc.cat

Mireia Iniesta: EL DESIG COM A LLEGAT

CICLE FANTASMAGORIES DEL DESIG. FILMOTECA DE CATALUNYA

EL DESIG COM A LLEGAT

Què els pits siguin eterns, Kinuyo Tanaka, 1955.

Mireia Iniesta*

Després d’una llarga carrera com a actriu en la qual va treballar amb directors tan importants com Ozu, Mizoguchi i Naruse, entre d’altres, rodant al voltant de dues-centes pel·lícules, Kinuyo Tanaka va començar una carrera com a directora, convertint-se en la segona dona en dirigir en la història del cinema japonès (la primera va ser la Sakane Tazuko), Pechos eternos (1955) és un biopic basat en la vida de la poetessa de versos Tanka, Fumiko Nakajo.

El film narra la vida de la Fumiko, una mestressa de casa, mare de dos fills i casada amb un maltractador psicològic. En el seu temps lliure, la Fumiko escriu versos Tanka al voltant de la seva desgraciada vida matrimonial, que després comparteix amb un grup de poetes i poetesses. Un espai que visita amb l’única intenció de veure en Hori, un altre poeta aficionat, del qual la Fumiko està enamorada, i el marit de la seva millor amiga. Després de confessar-li el seu amor, en Hori mor i la Fumiko descobreix que està malalta de càncer. A partir d’aquest moment, a mesura que la salut de la Fumiko empitjora, la seva carrera com escriptora millora de forma meteòrica.

En el seu assaig Lejos de mí el filòsof Clément Rosset fa un estudi al voltant de la identitat i distingeix entre la identitat personal i la identitat social. Tanmateix, tot i reconèixer l’existència d’aquestes dues identitats aferma:

Siempre he considerado la identidad social como la única identidad real, y la otra, la presunta identidad personal, como una ilusión total y perseverante, ya que todos consideramos la personal como la única real.

I es refereix a l’amor com l’única oportunitat per arribar a aquesta suposada identitat real:

El amor pleno, es decir correspondido, es una reconstrucción de la identidad perdida, o sea, una ocasión, la primera, y a veces también la última, de conocer por fin la sensación de la identidad personal (…). El amor pleno se trata de una circunstancia en la que, de repente, el individuo se ve (o se cree) dotado, más allá de la identidad social que conocía, de una identidad personal que aún no conocía. Encontramos un yo en el otro, en detrimento del otro.

La pel·lícula que estem analitzant posa de manifest l’existència d’aquestes dues identitats. Es podria dir que a la primera part de la pel·lícula la identitat que veiem de la Fumiko és la identitat social. La protagonista no ho sembla pas, té molt poca rellevància, apareix en molts plans grupals i subordinada a la resta de personatges, sempre en l’entorn rural o domèstic i sempre servint o bé als fills o bé al marit. Molt sovint en segon terme o d’esquenes i gairebé mai sola. Aquesta primera part ens fa veure la Fumiko entre els altres. Això comença a canviar quan decideix fugir del casament del seu germà i anar a visitar el Hori. La seva dona va a una reunió de professors i la Fumiko té una secuencia on comparteix una estona mirant fotos antigues amb el Hori. Per primer cop veiem un pla contraplà de la Fumiko amb un altre personatge i diversos primers plans de la dona. És a dir, la seva identitat personal emergeix a través del seu amor pel Hori. En tornar a casa, l’home l’acompanya a la parada de l’autobús, allà el personatge de la Fumiko torna a brillar. Durant el seu passeig en un generós travelling lateral, veiem com la protagonista confesa el seu amor al Hori. Aquest travelling és la representació de la unió entre l’eros i el thanatos que pren forma amb la mort d’en Hori, just després de la confessió amorosa de la Fumiko.

Abans de rebre la notícia de la mort del seu amant, arribem per tall al pla d’un passadís fosc, el de la casa del germà de la Fumiko. A partir d’aquest moment, els passadissos apareixeran de forma constant en la pel·lícula, com una mena d’impuls de repetició que condueix a la pulsió de mort. De fet quan ella descobreix el tumor que té es desploma en aquest mateix passadís, i aquest moment es pot llegir com un altre vincle entre ella i el Hori. Tant els familiars de la Fumiko com els periodistes que van a visitar-la hauran de recórrer el passadís que porta a la seva habitació. El cercle es tancarà quan el cadàver de la Fumiko, seguit pels seus fills, faci el mateix recorregut pel passadís del dipòsit de cadàvers.

Durant la malatia de la Fumiko, els seus desitjos, especialment els sexuals, passen a ser els veritables protagonistes de la seva vida, la seva identitat personal es radicalitza. El seu canvi és radical i ella comença a ser el centre de la narració, i la resta de personatges giren al seu voltant. La planificació es torna més complexa que a la primera part de la pel·lícula. Apareixen molts travellings que contribueixen al fet que fer el film més envoltant, i molts primers plans de la Fumiko reflectint la seva subjectivitat.

En aquesta segona part, ella es torna molt més seductora i sensual. Per començar, decideix complir el seu últim desig: banyar-se on es banyava el Hori. És una escena anàloga a una altra en la que apareix el Hori banyant-se, el mateix dia de la visita de la Fumiko, aquesta es banya en la mateixa banyera, i la viuda del Hori li escalfa l’aigua tal com va fer pel seu marit. En un moment donat, la dona obre el finestró i veu el cos de la Fumiko sense pits, aquesta visió la fa cridar de por. Tot i l’ensurt de l’amiga, la Fumiko gira sobre si mateixa orgullosa del seu cos, dient que el seu últim desig era banyar-se on ho feia el Hori perquè estava enamorada d’ell, en una recerca sexual i immaterial del cos de l’amat. Rosset ens recorda que Lacan afirma que: el yo extrae toda su esencia del tú que se le otorga. Amb aquest gest, podem afirmar que la Fumiko recupera la seva autoestima corporal, perduda per l’extirpació dels pits, gràcies a aquesta unió “sexual” amb el Hori a la banyera. A més, quan la seva amiga obre el finestró la càmera reenquadra a la Fumiko, en un primer pla que no fa més que reafirmar la seva identitat personal.

Quan la Fumiko descobreix el seu tumor al pit fent-se una exploració davant un mirall rodó, també estem assistint a la vinculació entre el cos i la identitat. Després d’aquesta imatge dels pits malalts de la Fumiko al petit mirall circular, entrem en el quiròfan i observem tot un seguit de plans-detall d’objectes rodons (les llums del quiròfan, la seva cara en primer pla), fins a culminar en un primer pla dels pits de la Fumiko. Acabem d’entrar dins el món de la malaltia, associada al cos i a la identitat.

Al casament del germà de la Fumiko, la seva mare li demana que es canviï el kimono, ella diu que no vol, que no li agrada ser observada, no obstant això, quan el periodista Otsuki li fa la primera visita, observem tot un ritual de bellesa abans de rebre’l en una sèrie de picats i contra picats del seu cos on es veu com fa servir uns pits postissos, per finalment rebre l’Otsuki elegantment vestida i en un primer pla amb el cabell curt, fent tota una declaració d’intencions.

Quan es fica al llit per fer l’amor amb ell, arribem per tall a un pla detall dels sostenidors abandonats a un racó sense els pits postissos. Tota una metàfora de la recuperació de la identitat personal a través de la sexualitat i el desig. L’endemà el sol entra per la finestra i veiem com la Fumiko es reflecteix per primer cop en el seu petit mirall circular en el qual hem vist reflectides al llarg de la pel·lícula les cares d’altres persones. Després d’emmirallar-se, la dona mou el mirall cap al seu amant, l’Otsuki també es veu reflectit, amb aquesta doble identificació el cercle queda tancat i la Fumiko abraça la seva identitat personal, no a través de l’home, sinò del propi desig.

 

* Mireia Iniesta és llicenciada en Filologia Romànica i Filologia Italiana per la Universitat de Barcelona. Màster en Cinema i Audiovisual Contemporani per la UPF. Vicedelegada de Camira a Espanya. Representant del cine club Trentanou Escalons. Membre de CIMA. Professora de cinema i gènere en Educa tu Mirada. Actriu en L'Acadèmia de les Muses, de José Luis Guerin i en el curt Aniversari, de Judith Collel.

Évole, la depresión, o un paso en falso

Hace un tiempo ya que este periodista intrépido, Jordi Évole, nos abre las puertas cerradas de un universo que se resistía a la divulgación y al deseo de saber. Por eso lo hemos seguido, casi incondicionalmente. Esta vez no. ¡Toca decir basta! No todo es posible.

El tratamiento superficial  que hizo en su último programa Salvados, de gran audiencia, es como mínimo deprimente y puede tener efectos colaterales muy graves. Me refiero al programa del domingo 28 de Enero, emitido en la Sexta sobre la depresión (y que se puede ver aquí):

Estoy en desacuerdo con su tratamiento y sospecho que muchos colegas psicólogos clínicos y psicoanalistas coinciden conmigo. Las razones de mi indignación son varias:

-La falta de información adecuada y asesoramiento a la hora de tocar un terreno tan complejo y delicado como la intimidad y el sufrimiento personal.

-Nuestra ética no nos permite exhibirlo todo, aunque el exhibicionismo desvergonzado campe a sus anchas.

-Tratar la depresión como una “enfermedad”, y amenazar con una presente y futura epidemia, hablar del suicidio como estadística, todo ello basado en estadísticas pseudocientíficas que lo justifican todo, supone una banalización muy grave de la problemática,  que  puede contribuir al contagio y multiplicar los afectados.

–La cura de la depresión no puede ser fundamentalmente la hipermedicalización y la adicción organizada a varios fármacos, que se multiplican con la dependencia, y que van desde el Prozac hasta las nuevas generaciones de antidepresivos. Si a eso le añadimos el electroshock y la lobotomía, ¡apaga y vámonos! Todo ello obedece a una concepción superficial y banalizadora del sujeto humano, entendido como un todo homogéneo, sin faltas ni diferencias, y todos a tragar la misma pastilla y a engrosar los casilleros diagnósticos.

-La psicoterapia se enuncia muy de pasada y se dice que no puede responder a la problemática debido a la escasez de psicólogos. ¡Consulten por favor las cifras de psicólogos en el paro para corregir su información!

Lo siento, señor Évole, mas de cuarenta años de práctica clínica me han enseñado cosas muy distintas a las que propone usted en su programa. El psicoanalista confrontado con el dolor de existir orienta la cura con su ética, que es la que abre para cada sujeto un acceso particular a su diferencia y a su deseo.

Para algunas terapias el sujeto no existe. Existe el mandato del “traga y calla”. No hay historia, no hay memoria que sitúe al sujeto en sus vínculos y en sus coordenadas simbólicas. ¿Cuál es su inscripción? Ninguna. Se actúa sobre un sujeto anónimo, sobre su cuerpo, que deviene un saco que se llena, o se vacía. Reducir a los pacientes a una ecuación biológica y tratarlos como tales equivale a decapitarlos, literalmente.

Los psicoanalistas no pensamos en términos de “epidemia”, por el contrario, tratamos a cada sujeto uno por uno para darle un lugar propio y devolverle la palabra.

La depresión ha existido siempre. De hecho, en mayor o menor medida la depresión existe en todos los pacientes que vemos; es el síntoma mas frecuente.

¿Cuál es su rasgo diferencial actual y cómo actualizarla?

Podemos decir que las depresiones dan cuenta de esta cara oscura de nuestra intimidad contemporánea, cuya otra cara es el ideal del éxito y de la obligada felicidad-para-todos. Es la enfermedad del discurso capitalista, como la llaman algunos, que denuncia sus efectos sobre el sujeto actual.

Recuerdo que eso empezó hace unos treinta años, aproximadamente. Estaba en un servicio público y empezaba a percatarme de que se multiplicaban los diagnósticos de “depresión”, que de este modo se convertía en un cajón de sastre. Esto implicaba que estábamos obligados a estar muy alertas con respecto al diagnóstico, para poder discriminar. Tres eran las causas fundamentales que se barajaban en este fenómeno:

1- El boom de los antidepresivos. Para muchos, el antidepresivo, o algún ansiolítico, se han convertido hoy en algo parecido a un complemento vitamínico.

2- Se imponían los manuales de diagnostico (DSM-III, etc.). Todo se aplanaba y se banalizaba.

3- “De-presión”, o la presión que se imponía como modo de vida. Así, nos deprimíamos todos un poco, ante la pesadumbre del mundo que nos ha tocado vivir.

Algunos tiraban la toalla. He visto y veo personas que llegan hoy con la etiqueta de “depresión crónica”, cronificada por muchos años de medicalización. Llegan con el pronóstico “abandonad todo esperanza” y sin embargo, vienen. Una paciente joven me contaba que para ella la depresión era como la diabetes: ella y su fármaco, de por vida. Otra persona mayor me decía hace poco que estaba enterrada viva… Muchos años de silencio y de fármacos solo tienen una salida: la cronificación. Cuando eso es concebido así, cuando una madre o un médico contemplan la cuestión como un “traga y calla”, no duden que allí está la clave de su patología, de su gravedad y cronificación, puesto que atenta contra la esencia misma del ser hablante. Atenta contra la subjetividad.

Hemos llegado a cotas de ignorancia deprimentes que nos anuncian una epidemia masificada de estupidez muy preocupante. Esta sí que no tiene cura y es un insulto a la inteligencia.

Daniela Aparicio, psicóloga clínica, psicoanalista.

 

 

Para una clínica con fundamentos, por Carlos Rey

PARA UNA CLINICA CON FUNDAMENTOS

Dos viñetas memorables de El Roto, vienen como anillo al dedo para presentar y dar cuenta del espíritu de la época en el que José María Álvarez ha escrito su nuevo libro: Estudios de psicología patológica. En una de las viñetas se ve a un grupo de personas caminar en un único sentido, y una de ellas pregunta «Si todos vamos en la misma dirección ¿cómo sabemos que no hay otra?». En la otra viñeta aparecen en fila india personajes con igual fisonomía y comportamiento. Caminan muy juntos, con las manos pegadas a las espaldas del que le antecede y con la cabeza gacha. Uno de estos androides dice: «Antes de empujar todos en la misma dirección, convendría averiguar a dónde vamos». Y el que tiene delante le replica: «¡Tú empuja y calla!»

«Este libro de José María Álvarez es un testimonio de signo contrario. Es un ejemplo público de que la mejor forma de oponerse al reduccionismo biológico es profundizar en el estudio de la psicopatología» Dixit Fernando Colina en el prólogo de estos ocho estudios, y a quien su autor le dedica el libro,  reconociéndolo como su maestro. También los profesionales que ya son el recambio generacional de La Otra psiquiatría, han estado presentes en la confección de esta monografía con vocación ecuménica (en el sentido de querer sumar, que no restar); así como los futuros psicoanalistas, psicólogos clínicos y psiquiatras, a cuya formación les dedica buena parte de su quehacer. Esta  pasión por trasmitir el saber que destila la clínica y los textos de los grandes clínicos que nos han precedido, hacen que también en este libro se palpe su querencia por la claridad que se manifiesta en un estilo sobrio, firme y riguroso por fundamentado.

A diferencia de la patología descriptiva, que supone tantas enfermedades mentales como síntomas y síndromes logra medicalizar, la psicología patológica que nos propone el autor es radicalmente analítica e interpretativa. Y en este orden, cito al autor: «a partir de la observación y del análisis de las manifestaciones clínicas colegimos un tipo de funcionamiento psíquico. Por tanto, el plano fenomenológico –en el sentido kantiano– antecede a la elaboración teórica». Y esto es así porque «nuestro ámbito no es el de los hechos de naturaleza sino el de las invenciones discursivas. De ahí que hablemos de la invención de las enfermedades mentales; de ahí también que situemos a las clasificaciones psiquiátricas en el apartado de la ciencia ficción».

Si la psicopatología psiquiátrica es ateórica, la psicología patológica tiene los sólidos fundamentos de «la clínica clásica (elaborada por los pensadores señeros de la psicopatología) y el psicoanálisis, de manera que sobre los fundamentos precisos de la clínica clásica se erige la explicación y la interpretación psicoanalítica». En definitiva, «esta visión de la psicología patológica pretende establecer una continua dialéctica entre un plano objetivo (semiología clínica) y otro subjetivo (las experiencias o modos particulares de vivir el malestar y la función que cada sujeto atribuye a su síntoma)». Es decir, de lo general a lo singular y viceversa.

Sostiene el autor que, en tanto sometidos al imperio del binario significante, el saber sobre la condición humana y su pathos se vale de oposiciones. «Quiere esto decir que no podemos elaborar un conocimiento si no es mediante la oposición de dos significantes (locura versus cordura, psicosis versus neurosis, melancolía versus manía, continuo versus discontinuo, uno versus múltiple, categoría versus dimensión, parcial versus general, agudo versus crónico, etc.)». Esta oposición tiene sus ventajas en la construcción nosográfica pero también sus limitaciones, ya que,  en la realidad de nuestro quehacer clínico es observable que los contrastes de las manifestaciones  clínicas no siempre son tan antagónicos, contrapuestos e incompatibles como los pensamos. De allí que nuestro autor nos proponga trabajar, tanto con el recurso de las categorías o estructuras clínicas como desde la perspectiva  continuista o elástica.

«Los conceptos de la psicología patológica están bien fundamentados cuando gozan a la vez de amplitud y profundidad. En el caso de las categorías clínicas, son preferibles aquellas que dicen cosas esenciales de un mayor número de sujetos, esto es, las que dan cabida a más personas y muestran de ellas sus características intrínsecas. De seguir esta propuesta, elegiremos una categoría clínica que detalle los signos morbosos y su jerarquía (semiología clínica), que sea precisa desde el punto de vista descriptivo (nosografía), que proponga una articulación entre las manifestaciones clínicas y los mecanismos psíquicos que las conforman (patogenia), que diga algo coherente y fundamentado sobre la causa (etiología), que aporte una explicación cabal sobre esa alteración y delimite las diferencias con otras (nosología), y que procure, por último, una orientación terapéutica lo más específica posible».

Hasta aquí el resumen de algunas de las muchas ideas sobre psicopatología que el lector encontrará a lo largo de estos ocho estudios. Estudios que siguen el método de articular tres tipos de análisis: la historia, la epistemología  y la clínica.

I– El primero de los ocho estudios se refiere a la Neurosis: historia, psicopatología y clínica. Gracias al discurso psicoanalítico la neurosis mantiene su vigencia y es un referente fundamental de la psicología patológica. Máxime cuando «los sustitutos con los que se ha intentado desbancarlo –en especial “trastorno” y “trastorno de la personalidad”– carecen de algún principio organizador que les dé coherencia». La neurosis es una sólida categoría clínica en la medida «que dice algo consustancial de la condición humana y se aplica a un amplio grupo de sujetos, los cuales, salvo aspectos particulares, comparten un mismo denominador común tanto en las manifestaciones clínicas como en el tipo de funcionamiento psíquico».

Tal y como dice nuestro autor, «si hasta Freud las neurosis no eran otra cosa que enfermedades nerviosas un tanto dispersas, complejas de describir e imposibles de explicar, con él die Neurose –escrito en singular gracias a la coherencia con la que la caracterizó– traspasó las fronteras de la patología y se convirtió en el modelo desde el que analizó la condición  humana»; siendo su phatos de tipo psicológico y su causa biográfica, de las vivencias infantiles, para más señas. En el análisis de la pluralidad de las manifestaciones clínicas fue donde Freud encontró la unidad, es decir, un mismo mecanismo psíquico defensivo: la represión. Siendo los síntomas la solución de compromiso entre la defensa y la pulsión… que en el mejor de los casos, insiste.

«Al hilo de estos comentarios (nos dice Alvarez) podemos plantear  –como hemos hecho respecto a la psicosis–  una concepción unitaria de la neurosis con dos polos principales (histeria y obsesión), marco dentro del cual el sujeto se desplaza en su continua búsqueda de equilibrio». En el caso de la histeria el conflicto entre afecto y representación se desplazaría al cuerpo –de allí histeria de conversión – y en el caso de la neurosis obsesiva se desplazaría al pensamiento, produciendo las ideas obsesivas. Por nuestro quehacer clínico sabemos que ambas neurosis pueden presentarse en estado puro, ser mixtas y, a lo largo de la dirección de la cura, acercarse o alejarse de uno de dos polos, en función de que el paciente histérico logre, o no, elaborar la insatisfacción de su deseo y el obsesivo la imposibilidad de su deseo.

Después de analizar el antes y después de Freud respecto de la neurosis obsesiva, Álvarez concluye con estas palabras: «La trabazón que aporta el psicoanálisis entre la semiología, la patogenia y la etiología es de una solidez incomparable, y la conjunción que consigue entre la patología y la ética roza la belleza».

II– El segundo estudio de este libro lleva por título Elogio de la histeria y se ocupa de la interacción entre la clínica y la historiografía de la histeria. Sus cuatro mil años de existencia dan para mucho pero tanto en su historia como en su clínica la histeria ha insistido en sus cuatro conceptos fundamentales: «los desplazamientos, el desafío al saber y al poder, la permanente referencia al cuerpo y la insatisfacción». También las teorías de la histeria se desplazaron del útero al encéfalo gracias a la neurología; siendo el profesor J.M. Charcot un referente de ese desplazamiento, así como del intento fallido de localizar la lesión anatómica de la histeria. «Al final, atrapado en su propio discurso, tuvo que recurrir a la noción de “lesión dinámica”, glorioso oxímoron según el cual la lesión cambia de lugar tan pronto el investigador creía localizarla». Por otra parte, lo que empezó suponiendo ser una afectación particular de las mujeres, se ha encontrado en lo general del deseo insatisfecho que anida en la condición humana.

Si la ciencia es sin sujeto, la clínica que le bebe los vientos se ha especularizado de tal manera con la patoplastia de la histeria, que no ha parado hasta borrarla del mapa de su Devocionario de la Salud Mental. De ahí que sean los médicos de primaria, los del dolor, los reumatólogos y especialistas varios, los que tienen que vérselas con algunas de las nuevas manifestaciones clínicas de la histeria, como por ejemplo: los dolores reumáticos inespecíficos y los malestares típicos de quienes padecen el abatimiento de su deseo, y acaban medicalizados por el sambenito de depresión, elevada a la categoría de enfermedad mental por un supuesto déficit de serotonina. En paralelo, el psicoanálisis mantiene vigente la teoría de que en la neurosis de conversión histérica las representaciones reprimidas hablan a través del cuerpo. Amén de una clínica con un sujeto en transferencia al que se hace corresponsable, tanto de la causa de su pesar como de la dirección de su cura. Clínica analítica y teoría interpretativa que conjuga el pathos y el ethos de un sujeto atravesado por el lenguaje. «Tal es la razón –dice Alvarez al final de este elogio– que me ha dado pie para reivindicar la pertinencia actual de la histeria y desearle larga vida en compañía del psicoanálisis».

III– Al hilo del último párrafo, el tercer estudio se ocupa de las confluencias entre histeria y depresión. No debe ser ajeno al éxito de la comercialización de los antidepresivos, la desaparición de la histeria a partir del DSM-III y el aumento de casos diagnosticados de depresión; como si se quisiera hacer de ella la neurosis de nuestros días y un problema de salud pública o epidemia que requiere vacunarse de por vida. Sin embargo, «tan erróneo es considerar que la histeria de ayer es la depresión de hoy, como que no existen relaciones entre una y otra». En todo caso, las confluencias a las que se refiere nuestro autor son entre una sólida categoría clínica y un síndrome clínico, pues así define la depresión, como un «conjunto de manifestaciones transnosográficas que pueden observarse en distintas estructuras clínicas y tipos clínicos. Al conjuntar la patogenia histérica y el de la depresión como síndrome, se pone de relieve que la histeria puede expresarse mediante una sintomatología depresiva y el síndrome depresivo puede manifestarse en el marco de una neurosis histérica. (…) El deprimido y el histérico son hoy día los sujetos que representan el fracaso de los ideales modernos. El histérico-deprimido tiene una contundente manera de decir “no” a las exigencias del capitalismo y al saber de la ciencia», aun a costa de poner en punto muerto el motor de la vida: el deseo… y de instalarse en la tristeza.

IV– Sobre la tristeza y sus matices trata el cuarto estudio. «En lo tocante a la tristeza, ninguna guía mejor que la aportada por poetas, dramaturgos y escritores. A estos profundos conocedores del alma humana –como los califica Freud–, añadimos los filósofos morales, tradicionales estudiosos de las pasiones», pues poco nos ayuda la psicopatología a la carta del capital, cuando establece una tristeza normal y otra patológica. Medicalizar-psicologizar la falta moral –pues así llamaban los autores clásicos a la tristeza–  tiene sus beneficios pero no para quienes, como nuevos enfermos mentales, se les desahucia de la responsabilidad en el regocijo de su propia tristeza y de elaborar tanto su causa como su remedio. Para Álvarez la tristeza tiene muchos matices y en este estudio profundiza sobre los siguientes: duelo, soledad, creación, inutilidad, goce, mal, inacción, cobardía, mentira y egoísmo.

V– Para una clínica diferencial, conocer estas diez aristas de la tristeza que nos propone el autor es de vital importancia, pues la condensación morbosa de la tristeza se da en la melancolía, y sobre ella trata el quinto estudio. Reivindicarla para devolverle la sustancia y sus fronteras, que las clasificaciones internacionales han diluido en las depresiones, es el logro de este estudio. «En el mejor de los casos, la melancolía es hoy día un tipo básico de la enfermedad depresiva, una categoría que hay que preservar debido a la inconsistencia nosológica de la depresión mayor. En el peor de los casos, la melancolía se reconvirtió –tras el DSM-III– en un mero subtipo clínico de la depresión unipolar». En paralelo a este despropósito la melancolía conserva todo su vigor entre psicoanalistas y psicopatólogos de inspiración clásica; Fernando Colina, sin ir más lejos y su potente texto Melancolía y paranoia, Madrid. Síntesis, 2011.

Sigue el estudio y nuestro autor echa mano «de algunos casos ejemplares, extraídos de los grandes tratados y monografías en los que Freud y Lacan se inspiraron, textos aún vibrantes que se escribieron en la época dorada de la psicopatología». Casos que le sirven a nuestro autor para hablarnos de los tipos clínicos más habituales de la melancolía: simple, ansiosa, delirante y estuporosa. Así como para hacer suyo lo que dijera Hubertus Tellenbach hace cuarenta años, «Tiene sentido justificado, sentido que reside en la misma cosa, denominar “melancolías” a las psicosis sobre las cuales aquí tratamos  –siguiendo la diferenciación de Freud–  y no hablar de “depresiones”, término que en su uso casi ubicuario se ha ido haciendo cada vez más indefinido y con ello cada  vez más inespecífico».

VI– El sexto estudio trata sobre la clínica diferencial entre la melancolía y la neurosis obsesiva, donde su autor analiza de forma pormenorizada las propuestas que se defienden y los argumentos en que se apoyan, tanto desde la psicopatología psiquiátrica como desde la psicoanalítica. «De acuerdo con este proceder se indagarán las afinidades y diferencias entre la neurosis obsesiva y la melancolía. (…) Por último, admitiendo la diferencia estructural neurosis versus psicosis propondré que en la melancolía y en cualquier otro cuadro clínico pueden darse elementos sintomáticos de tipo obsesivo, sobre todo los surgidos de mecanismos destinados al control de la angustia, pero eso no justifica mezclar la neurosis obsesiva con la psicosis melancólica».

El discurso cientificista –ya no tan hegemónico en la psiquiatría y psicología clínica, pues es insostenible una clínica donde el paciente ni está ni se le espera– también plantea debates similares pero con términos ad hoc. Neurosis obsesiva, melancolía y paranoia han sido sustituidos por el TOC, T. bipolar y esquizofrenia. Tras el análisis de los estudios que relacionan el TOC con la esquizofrenia, Álvarez concluye diciendo que el discurso cientificista «es más heterogéneo y embrollado de lo que cabría esperar».

Y el estudio continua, «se trata ahora de mostrar las diferencias entre la melancolía y las obsesiones, tanto las llamativas como las sutiles, de manera que al contrastarlas se perfilarán sus esencias y se acotarán sus contornos. Para ello, adoptaré una perspectiva contraria según la cual la condición humana sustituye a la naturaleza y el enfermo prevalece sobre la enfermedad». De nuevo la historia, la epistemología y la clínica, en un continuo movimiento de ida y vuelta. Si con Freud podemos perfilar las diferencias, para hablarnos de las afinidades Álvarez sigue a Karl Abraham, referente del continuum psicopatológico que posteriormente desarrollaría Melanie Klein. A diferencia de otros puntos de vista dimensionales, Abraham respeta las fronteras nosológicas al tiempo que señala que «las afinidades estructurales se observan en la clínica por el hecho de que una puede dar paso a la otra y la otra a la una. Que exista esta movilidad no niega algunas diferencias, sobre todo la más evidente: la melancolía sobreviene siempre a consecuencia de una pérdida imposible de perder, cosa que no sucede en la neurosis obsesiva». En su empeño por sumar, Álvarez termina este estudio  animándonos a que iluminemos la oscuridad de la melancolía, tanto con el foco o perspectiva estructural como con el modelo continuista, pues las manifestación clínicas obsesivas tanto se dan en la unidad de la neurosis y la psicosis como en la pluralidad de las formas de ambas.

VII– El séptimo estudio trata sobre la locura normalizada. «La hipótesis que aquí se propone tiene en cuenta estas coordenadas: la psicosis ordinaria es un efecto inevitable del modelo de las estructuras clínicas, cuyo binomio neurosis versus psicosis obliga a introducir una categoría intermedia o a correr la frontera que las separa y redescribir su perímetro. Eso mismo sucedió hace casi doscientos años, cuando la locura se opuso frontalmente a la cordura y surgió al instante la figura de la semilocura, la locura lúcida, la locura razonante y una prolija serie de nombres a los que se suma nuestra psicosis ordinaria». En tanto que «los modelos del pathos son constelaciones de palabras con las que nos acercamos a lo real del drama humano», nuestro autor fundamenta la elección de locura antes que psicosis porque «la inercia de la retórica de las enfermedades mentales es tan potente que conviene combatirla rebajando la densidad y el poder de los términos que emplea». Por otra parte, el término popular de locura resta estigmatización y cronicidad. «Tampoco es caprichoso el calificativo normalizada», ya que resalta el oxímoron y describe el semblante de hipernormalidad con el que se viven las  «experiencias con el vacío, la vacuidad y el escaso arraigo del deseo y las pasiones genuinas de la condición humana. Este vacío se opone al relleno delirante y alucinatorio del que echa mano el psicótico enloquecido para acometer el agujero originario». La aportación de Álvarez al debate sobre la locura normalizada se basa en el análisis de cuatro de sus signos clínicos: el psitacismo, la discordancia, la mímesis y la desvitalización.

VIII– El último estudio lleva por título Diagnóstico para principiantes, aunque también será de mucha utilidad a los profesionales psi que se atrevan a diagnosticar a mano alzada en vez a plantilla. Es decir, al margen de los protocolos, pruebas que se dicen objetivas o al dictado de las clasificaciones internacionales, que a lo sumo proporcionan un diagnóstico estadístico que nada dice la particularidad de cada cual. El DSM, por ejemplo, se descalifica solo. Álvarez cita a Peter C. Gøtzsche, quien sostiene que es un documento de consenso, «y por lo tanto los documentos que incluye tienen poco rigor científico y son arbitrarios. Una ciencia verdadera no decide la existencia o la naturaleza de un fenómeno por medio de votaciones, con intereses particulares y con la ayuda económica de la industria farmacéutica». También cita a Allen Frances, quien a toro pasado del DSM-IV –del que fue su coordinador–, confesó: «nuestro grupo se esforzó por ser conservador y cuidadoso, pero contribuyó inadvertidamente a tres falsas epidemias: el trastorno por déficit de atención, el autismo y el trastorno bipolar en la infancia. Nuestra red fue claramente demasiado lejos y capturó a muchos “pacientes” que podrían haber estado mucho mejor sin que hubieran entrado en el sistema de salud mental». Con la inflación diagnóstica del DSM-V es pertinente la pregunta que se/nos hace Álvarez «si todo el mundo está trastornado, ¿dónde queda la normalidad? Esta pregunta, que muestra el esperpéntico mundo de la psicología y la psiquiatría científicas, es decir, de ciencia ficción, comienza a hacer aguas y son más numerosos cada día los que nos oponemos a la falacia de la seudociencia psiquiátrica, que tanto daño hace a los pacientes, a los psiquiatras, psicólogos clínicos y psicoanalistas que mantienen los pies en el suelo y no se dejan sobornar por esta medicina basada en la evidencia a la que Berrios, sin pelos en la lengua, calificó de “chantaje moral”».

«Gran parte de los desacuerdos habituales –sigue diciendo Álvarez– con respecto a los diagnósticos radica en la confusión entre síntoma, síndrome y estructura. Hoy día el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el trastorno del espectro autista, la anorexia, el trastorno límite de la personalidad, la depresión y el trastorno bipolar –por citar sólo algunos– se toman por categorías nosológicas o enfermedades médicas, cuando en realidad son meros síndromes, es decir, conjuntos sintomáticos carentes de soporte patogénico que se puede observar en sujetos de los más variado. (…)

Un diagnóstico bien hecho es el que contiene lo general y lo particular, es decir, el que combina en un mismo sujeto numerosas características propias de la condición humana con algo suyo que le es exclusivo». El método clínico que nos propone el autor es simple y se limita a las preguntas hipocráticas de siempre: «de qué sufre/goza (síntoma); cómo y dónde se manifestó (coyuntura, contexto y trama); por qué sufre/goza de eso y no de otra cosa (elección del síntoma conforme a la historia subjetiva), para qué le sirve ese síntoma del que se queja y goza (función)».

Si el diagnóstico clínico ya es de por sí arte y oficio, llevar a cabo dobles diagnósticos –como nos propone Álvarez– roza la excelencia. Sin embargo Freud así lo hizo: «Un caso de neurosis. Caso del Hombre de las Ratas», «De la historia de una neurosis infantil. Caso del Hombre de los Lobos». «Como se ve, –dice Álvarez– el genio de Freud asigna un diagnóstico estructural y un diagnóstico particular que lo hace diferente a cualquier otro». A lo dicho, arte y oficio donde  «el diagnóstico pone en juego el saber psicopatológico, la pericia clínica y el compromiso ético» de evitar que sea para el paciente ni su refugio ni su estigma.

Por último, recordar que este libro es el cuarto de los publicados bajo el sello de Xoroi Edicions en su colección La Otra psiquiatría. Siendo los tres anteriores: Estudios sobre la psicosis, de J. Mª Álvarez,  Las voces de la locura, de J. Mª Álvarez y F. Colina, y Otra historia para otra psiquiatría de R. Huertas.

Carlos Rey

Carlos Rey: La Otra versus la Una

                                LA OTRA VERSUS LA UNA

No es la primera vez que el eminente investigador e historiador Rafael Huertas dice compartir con los Alienistas del Pisuerga la interacción existente entre historia y clínica. De hecho, la monografía publicada en 2012 por la editorial Los libros de la catarata que lleva por título Historia cultural de la psiquiatría, fue su anterior contribución a la apuesta de La Otra psiquiatría. La relación de Rafael Huertas con esa otra clínica que estudia y trata la condición humana data de 1997, que es cuando empezó a participar en los encuentros de La Otra psiquiatría. Los trabajos presentados y discutidos en dichas jornadas –y algunos más–  los ha reunidos bajo el título Otra historia para otra psiquiatría. Editado bajo el sello de Xoroi Edicions, este libro es el tercero de los publicados en su colección La Otra psiquiatría. Recordemos que los dos anteriores títulos fueron Estudios sobre la psicosis, de José María Álvarez y  Las voces de la locura, de José María Álvarez y Fernando Colina.

Esa otra historia que nos presenta R. Huertas  –cito al autor– no es «una historia positivista, descriptiva, acumulativa, complaciente con el pasado y acrítica con el presente, sino otra historia analítica, hermenéutica y crítica, que interpele al pasado para pensar el presente y para actuar o propiciar actuaciones suficientemente fundadas. (…) En definitiva, otra historia comprometida con otra psiquiatría, la que considera necesario cambios epistemológicos profundos sobre la naturaleza del trastorno mental y sobre el papel del experto (psiquiatra, psicólogo, psicoanalista, etc.) y del propio paciente –cuyo empoderamiento debe ser una prioridad absoluta–» en la clínica de las sintomatologías psíquicas.

La psique y su pathos no puede considerarse patrimonio de un único saber, pues desde la filosofía a la literatura muchas son las ramas del inacabable árbol de la sabiduría sobre la condición humana. «Es esta condición híbrida la que puede explicar las importantes diferencias epistemológicas que se producen en el ámbito de las disciplinas psi: cuerpo y alma; cerebro y mente; materia y pensamiento; neurotransmisor y significante; representan modelos antitéticos desde los que tradicionalmente se han elaborado los acercamientos a “lo mental”». A su vez, estos dos enfoques han producido una historiografía tradicional y otra crítica. La primera se caracteriza por «historias que pretenden mostrar esa evolución “lineal” de la psiquiatría, desde unos incipientes inicios hasta un presente de “máximo progreso”, que se tiende a asimilar con los avances de la biomedicina». En este polo historiográfico se han hecho fuertes las espaldas plateadas de la psiquiatría y la psicología que practican el pensamiento único.

En el otro polo historiográfico R. Huertas nos habla de esa otra historia de la locura, la que va más allá de la historia de la psiquiatría. Otra historia, crítica con el saber que devine en poder sobre el paciente y con las instituciones que se ponen al servicio del control social. Otra historiografía que tiene en cuenta los textos surgidos en el contexto de los años sesenta y setenta del siglo XX: Michel Foucault, Erving Goffman, Franco Bassaglia, Thomas Szasz; así como  las actualizaciones de esos discursos en los años ochenta, noventa del pasado siglo y primera década del actual, con los trabajos de Robert Castel, la historiadora estadounidense Jan Goldstein, el filósofo de la ciencia canadiense Ian Hacking y el historiador británico Roy Porter, quien nos propone una historia desde el punto de vista del paciente: de sus dichos y sus escritos. «Una historia desde abajo». Sobre este aspecto R. Huertas nos dice: «El punto de vista del paciente nos da claves para valorar que lo bio en salud mental no es solo lo biológico, sino también lo biográfico», así como para «comprender la violencia del diagnóstico y del estigma. (…)  La actualización de los discursos de la historia crítica de la psiquiatría, está proporcionando una solidez teórica y empírica a este ámbito de conocimiento, que camina hacia una historia cultural de la subjetividad como opción historiográfica (…) en la que el sujeto (mediatizado por el lenguaje) prima sobre la enfermedad, en la se presta la máxima atención a la subjetividad de la persona y en la que el pathos y el ethos se conjugan en el núcleo mismo del pensamiento psicopatológico».

A destacar, de los estudios que componen este libro, la aportación historiográfica de su autor al actual debate sobre la psicosis única y lo múltiple de sus formas, y sobre la continuidad y discontinuidad; sobre la semiología de la subjetividad, inherente al nacimiento del alienismo; sobre el concepto de perversión sexual en la medicina positivista y la construcción de un modelo médico sobre la delincuencia; así como el antes y después que supuso la publicación de El poder psiquiátrico de Foucault, en la historia de la psiquiatría y, sobre todo, en la historia de la locura.

Y porque la historia no es Una, R. Huertas nos trae a colación La filosofía de la locura, del precursor del tratamiento moral y del movimiento alienista Joseph Daquin, quien fue ninguneado por Philippe Pinel en su famoso Tratado médico-filosófico sobre la alienación mental. Y eso que el texto de Daquin fue publicado una década antes que el tratado de Pinel.

Juzgue el lector la actualidad de Daquin con esta cita que se reproduce en el libro de R. Huertas: «Quiero que el médico se acerque con parsimonia instruida y reflexionada, que no recete en la primera visita medicamentos enérgicos y demoledores incluso antes de que la enfermedad se haya desarrollado y, sobre todo, que no ofrezca, con la cabeza baja, remedios nuevos, cuyo mérito consiste en anunciarse en los papeles públicos y cuya eficacia estriba en dar dinero a esos voceros y falsos que se llaman inventores».

R. Huertas considera que «la historia de los trastornos mentales no puede ser una mera enumeración positivista de términos y conceptos, sino que es preciso contextualizarlos con esmero desde el punto de vista científico, social y cultural, con el fin de ayudarnos a pensar la locura   –y la clínica–  más allá del dato esquemático recogido y catalogado en la guía diagnóstica de turno».

En los manuales oficiales y académicos es observable la utilización  torticera de la historia. Como por ejemplo, en el intento de sustituir la neurosis obsesiva de la psicopatología clásica por el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) de la invidencia científica, como si fuera una evolución histórica natural, lineal y progresiva hacia el saber definitivo. «Un intento  –dice R. Huertas–  que es, cuando menos engañoso porque, en realidad, lo que hay entre una concepción y otra es una ruptura (de paradigma), pues las obsesiones y las compulsiones han transitado en las últimas décadas desde interpretaciones más dinámicas hacia orientaciones que son claramente biológicas. (…) Todo lo cual ha ido desplazando, cuando no anulando, el interés y las investigaciones sobre aspectos biográficos y culturales, en la génesis de los síntomas obsesivos y compulsivos». Sobre esta cuestión R. Huertas nos ofrece un riguroso análisis de los textos clínicos sobre las obsesiones en el seno del movimiento alienista francés; esto es, desde el nacimiento de la clínica hasta las últimas décadas del siglo XIX;  así como del ruido de fondo o el espíritu de la época –como se le quiera decir al contexto social, político y económico– que interactúa en la construcción de los textos clínicos. «Para el caso francés, parece evidente que la medicalización de las obsesiones, mediante su asimilación al modelo de la monomanía, surge en el momento en el que en la Francia posrevolucionaria tiene lugar el afianzamiento definitivo del poder burgués y el modo de producción capitalista».

Con Freud hay cambios y hay continuidad. «La obra de Freud supone un cuestionamiento del positivismo y el organicismo psiquiátrico», y la neurosis obsesiva es interpretada desde una concepción dinámica. «A partir de la obra de Freud se abre, pues, un camino diferente y fuertemente innovador desde el punto de vista nosográfico, pero también psicopatológico e historiográfico. (…)

El concepto dinámico de neurosis obsesiva se afianzó a lo largo del siglo XX para ser sustituido en el último tercio del mismo por categorías más acordes con las realidades socioeconómicas y con el pensamiento hoy día hegemónico en el ámbito psi; esto es, una psiquiatría biológica, una psicología conductista y una psicopatología estadística».

Resumiendo la importancia de esta novedad editorial que se presenta,  y en el decir del autor: «Sirvan estas páginas como propuesta epistemológica en torno a la necesidad de pensar históricamente determinadas cuestiones psicopatológicas que nos permitan valorar el peso innegable tanto de la clínica clásica, como de los elementos sociales y culturales que, en muy buena medida, contribuyen a elaborar (o construir) las categorías diagnósticas. (…) La existencia de un clínica de la subjetividad ya desde los mismos orígenes de la semiología psiquiátrica me parece incuestionable».

 

            Carlos Rey

Sapere aude, Carlos Rey (comentari a Las voces de la locura)

SAPERE AUDE

Carlos Rey

Psicólogo clínico-psicoanalista

Barcelona

carlosry@copc.cat

Alienistas del Pisuerga, psicopatólogos como la copa de un pino y referentes de la Otra Psiquiatría, Fernando Colina y José María Alvarez han escrito al alimón Las voces de la locura, editado por Xoroi Edicions. Treinta años después de mutua colaboración, estos estudiosos de la condición humana y su psicopatología nos refieren sus reflexiones acerca de las relaciones del lenguaje y la locura desde la perspectiva histórica. Analizando la historia de la subjetividad los autores llegan a la conclusión provisional de que las voces, las alucinaciones verbales o el polo esquizofrénico de las psicosis es un síntoma de la Edad Moderna. Como dicen los propios autores «la hipótesis es bastante osada, e indemostrable», «una hermosa especulación», «con cierta osadía» y «con propuestas quizás atrevidas». Vaya por delante pues, que los autores se sitúan en las antípodas de considerar la esquizofrenia como una enfermedad de la naturaleza, así como de la clínica jerárquicamente prescriptiva, de la ingeniería conductista y de la dichosa psicoeducación. Y, por lo tanto, más allá de la invidencia científica que el hegemónico modelo biomédico ha elevado a la categoría de pensamiento único y único saber posible y/o permitido. Pero vayamos por partes.

Uno

Como si de un programa de mano se tratara, los autores nos empiezan hablando de El automatismo mental. Del lenguaje como sustancia del alma. Y lo hacen marcando los referentes clínicos intemporales de la psicopatología: la histeria, la melancolía y la paranoia, o lo que es lo mismo,  los ingredientes básicos de nuestra condición humana: el deseo, la tristeza y la interpretación. A esta terna le añaden un cuarto elemento: el automatismo mental, a fin y efecto de dar cuenta de la relación del sujeto con el lenguaje. «Pero a diferencia de la histeria, la melancolía y la paranoia, el automatismo mental casi no tiene historia, por lo que suponemos que informa de algún tipo de cambio en la subjetividad».

Los autores rescatan las aportaciones de Séglas, Baillarger y, sobre todo de Clérambault, para preguntarse «si los trastornos del lenguaje son una manifestación de la psicosis o la psicosis es un efecto del desorden de la relación del sujeto con el lenguaje». Ante esta cuestión, los autores consideran que el concepto xenopatía –cualidad de experimentar el propio  pensamiento o los propios sentimientos como ajenos o impuestos–  tiene más recorrido que disgregación, escisión, disociación, discordancia o esquizofrenia, ya que les permite llegar a la xenopatía del lenguaje, para entender mejor la experiencia del sujeto «hablado, fragmentado, interino de sí mismo». Siendo las voces –o el polo xenopático de las psicosis–  coetáneas de la aparición de la omnis scientia y el acabose de un Dios omnisciente, omnipresente y omnipotente, en tanto que la subjetividad humana «se abrió a nuevos tipos de experiencias respecto a las relaciones con el mundo, los otros y consigo mismo». Por todo ello «podríamos concebir la esquizofrenia como un síntoma de la ciencia, en la medida en que señala los límites infranqueables relativos a lo que la propia ciencia ignora de sí misma».

Finalmente, los autores consideran que el automatismo mental articula la clínica clásica con el psicoanálisis. Si con Freud «la división subjetiva se da como hecho constitutivo y el lenguaje la quintaesencia del ser», a partir de la clínica borromea de Lacan podría pensarse la xenopatía como «una experiencia común a todos los hombres, a partir de la cual surgiría la nueva pregunta de por qué no estamos todos locos o por qué no todos experimentamos el lenguaje como un ente autónomo que nos usa para hablar en nosotros y a través de nosotros». Esto sí que supone una vuelta de tuerca, aunque según la dirección de la vuelta, aprieta o afloja la clínica estructural neurosis versus psicosis. Si la afloja daría cabida a una «clínica continuista, en la cual la psicosis sería una experiencia originaria común de la que los neuróticos lograrían zafarse con éxito mediante el empleo eficaz de ciertos mecanismos defensivos».

Dos

En Las voces y su historia: sobre el nacimiento de la esquizofrenia, los autores desarrollan la idea de que la aparición de las voces debe atribuirse a un nuevo desgarrón atribuible a la Edad Moderna. En paralelo a que la ciencia generara un cambio de mentalidad, los espíritus –ángeles y demonios–  dejaron de intermediar entre Dios y los humanos. En esta nueva realidad «se ha ido entreabriendo un hueco que las palabras ya no aciertan a delimitar. La cosa en sí kantiana, la voluntad de Schopenhauer, la oscuridad de Schelling, la pulsión de Freud o lo real de Lacan dan testimonio de esa experiencia radicalmente moderna que conduce al hombre hasta los límites del lenguaje, allí donde la representación no alcanza a revestir el territorio existente». Dicho de otra manera: «La desaparición de los espíritus en nuestro imaginario nos confronta más directamente con los abismos que bordean la pulsión, es decir, con la omnipotencia de lo divino y el núcleo mudo de la realidad. Huérfanos de ángeles y diablos, las palabra del hombre moderno tienen que dar cuenta por sí solas de una divinidad sin Dios y de una realidad sin representación cada vez más descarnada». Por lo dicho, se puede deducir que «la esquizofrenia no puede ser anterior a este tiempo histórico, cuando la subjetividad descubre una incapacidad nueva y radical en el dominio del lenguaje». Siendo las voces respuestas «ante la presencia de ese real que ha surgido ininteligible, peligroso y amenazador».

Desde la perspectiva que aporta la historia, los autores nos llevan de la figura del visionario de Esquirol a la figura del ventrílocuo de su alumno Baillarger, para proponernos la nueva figura del xenópata que rescatan, principalmente, de Séglas y Clérambault. «La voz esquizofrénica representa la presencia ausente del otro que ocupa la escisión como un cuerpo extraño y a la vez impuesto».

Un paso más. En Origen histórico de la esquizofrenia e historia de la subjetividad, los autores escriben: «Las condiciones para afirmar que la esquizofrenia no es una enfermedad natural sino cultural e histórica, propia de la época moderna, no son comprensibles sin plantearnos una historia de la subjetividad». Esa historia nos dice que el representante psíquico de la identidad antes fue conceptualizado como el alma, espíritu, conciencia, yo, y actualmente como sujeto. Sujeto definido por los autores como el que «escucha, obedece y corrige tanto al otro exterior con el que hablamos, como al otro interior que habla y desea en y por nosotros. De manera que el sujeto camina siempre desdoblado en estas dos direcciones». Sujeto también en tanto sujetado a su inconsciente y a los discursos que genera cada época de la historia. «Por eso la locura no puede ser reducida a un hecho natural sino que constituye un acontecimiento histórico, si no el más grave quizá el más genuino de todos los que nos afectan».

Sobre lo dicho por Foucault, como primer historiador de la subjetividad, los autores quieren distinguir «entre lo estrictamente histórico y lo simplemente cultural». Las modificaciones culturales serían «los cambios en la presentación de los síntomas, la evolución de su tratamiento o la influencia que la recepción social ejerce sobre su apariencia». Sin embargo lo histórico es aquello que genera una radical transformación en la subjetividad humana, cuyo ejemplo que nos ocupa es la esquizofrenia como perturbación moderna. Por eso es pertinente, también, hablar de un sujeto histórico, porque no es la naturaleza sino la historia y sus discursos los que establecen «los perímetros de la identidad y la dimensión de los desgarramientos del sujeto que van sucediendo en cada época».

Tres

En Sustancia y fronteras de la enfermedad mental, los autores empiezan recordándonos los paradigmas o grandes modelos que han intentado dar cuenta de la sustancia y las fronteras de la locura, que serían cinco: la alienación, la enfermedad mental, la estructura clínica, el síndrome y la dimensión o el espectro.

Si la psicopatología trata de la sustancia y las fronteras del pathos, los autores nos dicen que actualmente hay dos corrientes, una la lidera el psicoanálisis y su psicología patológica, y la otra la lidera la psiquiatría biológica y su patología de lo psíquico. Ésta última –hegemónica en la academia y clínica oficiales porque es una disciplina de poder y no una ciencia médica– cada vez habla más de trastornos mentales, aunque siga pensándolos y tratándolos como enfermedades mentales o hechos de la naturaleza, y cada vez menos de su sustancia o esencia. Así, por ejemplo, el DSM cada vez es más ateórico

y su taxonomía se ha llevado a cabo sin considerar necesario definir qué es enfermedad o qué diantres es eso de la salud mental. En paralelo, la corriente de la psicología patología «destaca el análisis de las experiencias singulares del trastornado y privilegia el determinismo del inconsciente de los síntomas, su sentido y su causalidad psíquica, los mecanismos patogénicos específicos y la particular conformación clínica que el sujeto imprime en su malestar». Es decir: su responsabilidad y decisión subjetivas, «tanto en la causa, el desarrollo y la curación de su trastorno».

Respecto a la sustancia o esencia de la locura las opciones se reducen a quienes la consideran como un hecho de la naturaleza o una construcción discursiva.

Los límites y fronteras tienen que ver con cómo pensamos lo uno y lo múltiple o lo continuo y lo discontinuo. En definitiva, entre los que establecen o no fronteras entre la cordura y la locura. Si partimos de la base que el sujeto y su locura escapan a la reducción científica, se entiende que los autores afirmen que la «esquizofrenia es tan inexplicable como el genocidio nazi», ya que «ambos representan los límites perplejos de la causalidad y nos obligan a pensar concienzudamente las fronteras».

Los autores nos refieren que resulta llamativo comprobar que quienes tienen diferencias sobre la sustancia o esencia de la locura no las tienen tanto respecto de sus fronteras o discontinuidad. Kraepelin y Freud serían un ejemplo. El psiquiatra Ernst Kretschmen y la psicoanalista Melanie Klein serían otro ejemplo, pues aunque partiendo de tradiciones y argumentaciones diferentes, el primero apuesta por un continuum psicopatológico y para la segunda, «pionera en concebir una forma de psicosis generalizada y originaria, (…) no habría estructuras psicopatológica estables, sino posiciones por las que las personas transitan con relativa facilidad».

Para nuestros autores, tanto la visión discontinua como la continuista del pathos tiene sus ventajas y sus limitaciones. A la primera le sobran los casos inclasificables y «a la psicopatología continuista le faltan distinciones cualitativas y adolece de casos típicos». Dentro de la psicopatología psicoanalítica o estructural, por ejemplo, algunos autores han intentado resolver el problema creando categorías intermedias como los casos límites y las patologías narcisistas. En la primera clínica lacaniana se optó por ampliar el perímetro de las neurosis –locura histérica– y a partir del nudo borromeo el perímetro de las psicosis se ensanchó a fin de incluir en ella formas discretas y normalizadas de locura. «Con esta nueva opción, la rígida perspectiva estructural, partidaria de la discontinuidad, se vuelve más elástica y propende a lo dimensional».

Pareciera ser que, sobre los límites o fronteras entre la normalidad y la locura, actualmente asistimos a un cierto galimatías, ya que tanto el modelo biomédico como el de las estructuras clínicas están configurando el nuevo

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Massimo Recalcati, psicoanalista: “Frente a la evaporación de la figura del Padre-Amo no hay necesidad de sentir ninguna nostalgia”

La colección Mirar con las palabras, de Xoroi edicions, ha publicado recientemente un trabajo esencial de Massimo Recalcati  bajo el título de  ¿Qué queda del padre? La paternidad en la época hipermoderna, en una excelente traducción de Silvia Grases. Recalcati es, además de uno de los más prestigiosos psicoanalistas italianos, un reconocido articulista y personaje mediático en su país. Por una parte, el psicoanalista italiano ha tratado de lo que llama la Clínica del vacío, que sería una reformulación clínica muy renovadora del malestar contemporáneo. Por otra parte, aunque relacionado con lo anterior, ha profundizado en otro tema que es el del declive del Padre como fenómeno social que se da en el marco del tardocapitalismo y que coincide con el dominio del consumo de mercancías, químicas y tecnológicas, que se convierten en los objetos inmediatos de goce. Esta reflexión conduce a Recalcati a un análisis sobre la crisis de la figura paterna en la sociedad en la que vive (que es la italiana,  pero que tiene claros elementos comunes con la nuestra y con toda la sociedad occidental). Esto le llevará a la sugerente propuesta de lo que llama el  complejo de Telémaco como sustitución del complejo de Edipo. Antes de la publicación de El complejo de Telémaco. Padres e hijos tras el ocaso del progenitor, Massimo Recalcati escribe en el año 2011 el libro que nos ocupa. Es un libro imprescindible que  marca las líneas maestras que le llevan a su propuesta posterior. Un libro, en definitiva, más que recomendable para todos aquellos que quieran entender qué es lo que pasa hoy en esta sociedad que  etiquetamos bajo el tópico de “una sociedad sin valores”.

A partir de la publicación de este libro,  Luis Roca Jusmet entrevista a Massimo Recalcati. Estas son las preguntas y estas son sus respuestas.

¿Qué relación hay entre el declive del padre y lo que llamas la clínica del vacío? Planteas  que la clínica del vacío cuestiona la estructura clínica neurótica del sujeto dividido, la represión y el inconsciente, pero que al mismo tiempo no cuestiona las estructuras clínicas.

La clínica del vacío es una clínica que está caracterizada por el eclipse del deseo. Esta clínica no coincide con la psicosis, pero no se refiere tampoco a la denominada organización borderline de la personalidad. La clínica del vacío es una clínica que funciona en ausencia del inconsciente, en ausencia de lo que podemos llamar el síntoma metafórico, basado en la represión y el retorno de lo reprimido. El ejemplo más evidente de esta clínica del vacío es el de la anorexia: aquí el sujeto custodia un vacío disociado de la falta. Se aniquila el deseo y en esta medida no puede transformar el vacío en falta. Hay un proceso en el que se borra toda huella del sujeto del inconsciente. De esta forma hay únicamente un goce narcisista, un goce uno sin partenaire sexual. Es todo Yo y el sujeto queda totalmente disociado del Otro. Es el paradigma “frío” más puro de la clínica del vacío.

¿Quiere esto decir que la clínica del vacío haría referencia a una estructura clínica perversa o psicótica?

La clínica del vacío tiene en común con la psicosis y la perversión la primacía de lo real y de lo imaginario sobre lo simbólico. Primacía de lo real quiere decir aquí desregulación pulsional. Primacía de lo imaginario  basada en la fetichización del Yo y de sus objetos. Ni lo real ni el yo quedan vinculados al inconsciente. Falla lo simbólico, el Ideal que se transmite por la metáfora paterna,

La figura del padre que defiendes cuando hablas del complejo de Telémaco y que sustituiría a la del que surge del complejo edípico, ¿no es demasiado amable como para ser un agente de la prohibición? ¿Consideras necesario, como hacen algunos, reivindicar la autoridad de este padre en declive para restablecer este orden simbólico en crisis?

Cuando hablamos del padre que está en declive estamos hablando del padre de la ideología patriarcal, que no es otra cosa que el Padre-Amo. ¿Qué queda del padre?No lo podemos idealizar. Su voz es la de una ley que excluye la excepción y la de una autoridad que excluye el deseo. Su pedagogía es de naturaleza fascista. Este padre es el que habita las pesadillas de la neurosis, es el de la ley, que goza al infligir su castigo. La neurosis no deja de ser una interpretación exclusivamente sacrificial de la ley. No capta, por citar una máxima evangélica, que no es el hombre el que está hecho para la ley, sino que es la ley la que está hecha para el hombre. Frente a la evaporación de esta figura de la paternidad no hay necesidad de sentir ninguna nostalgia.

¿Cuáles son las implicaciones políticas de este declive del padre? ¿Es Berlusconi un síntoma político de este declive del padre?

El berlusconismo ha mostrado los efectos de la caída del padre. Ha reducido al padre a la triste  figura del “papi” en la que este aparece con la forma de la farsa. Ha invertido la idea del padre como símbolo de la Ley de la castración, que limita el goce, en la del “papi”. Es la  expresión del goce que deviene la única forma de Ley.

 También el movimiento 5 estrellas, ¿cuál es su papel respecto a este declive del padre?

En el movimiento 5 estrellas la figura de Grillo introduce, por el contrario, la figura de un padre cuya apariencia es la del hermano, pero cuya prepotencia restaura la del padre freudiano de la horda. Él ha generado el movimiento 5 estrellas, él lo puede deshacer cuando quiera. En el movimiento 5 estrellas se predica la igualdad pero, al igual que en la granja de animales de Orwell, hay alguien que es más igual que los otros…

 

Agradecemos a Massimo Recalcati sus breves pero condensadas palabras. Y a Silvia Grases por habernos puesto en contacto con él y haber traducido sus respuestas.

Psicoanálisis y actualidad, de Ricard Millieri

Este artículo de Ricard Millieri surge de la labor de un grupo de trabajo llamado “Subjetividad, PsicoanálisIs y Postmodernidad”. Muy posiblemente publiquemos algún otro artículo de este mismo grupo.

PSICOANÁLISIS Y ACTUALIDAD

Ricard Millieri

 El significante crisis parece presidir la actualidad. Crisis económica,  social,  de valores,  política y de la justicia. La ética, la solidaridad, el humanismo, el compañerismo y la honradez están también en crisis.

Naturalmente el psicoanálisis no está por fuera de esta crisis global. Ni por encima, ni más allá. Está concernido e interrogado.

Concernido porque también padece su propia crisis. Interrogado porque desde el psicoanálisis  se puede y se debe arrojar algo de luz sobre las causas y consecuencias de todo este desastre.

Entonces estamos en una situación bifurcada en dos grandes campos: el de la crisis interna propia del psicoanálisis y el de la necesidad de dar respuesta al significante crisis y ponerlo a trabajar.

Diríamos que el psicoanálisis parte de premisas y axiomas que hoy resultan prácticamente inaceptables en el contexto de las circunstancias actuales. No se pueden plantear cuatro o cinco sesiones semanales, no se pueden asumir económicamente por el gran público, las tarifas que habían regido hasta ahora y, por último,  es impropio del tiempo en que vivimos que se planteen tratamientos de años.

Es preciso que reconozcamos que estamos en otra época y no podemos pretender seguir abordando los análisis de la misma forma que hace cien años. La realidad de la demanda actual y las condiciones sociales y culturales son radicalmente distintas de las de hace tan solo treinta años. Las condiciones en las que hay que ejercer la práctica clínica se han transformado y complicado mucho respecto a las inercias que venimos arrastrando desde la creación del psicoanálisis.

Las circunstancias actuales actúan como algo  que se impone y que nos obliga a posicionarnos, actualizando con creatividad, con rigor teórico y sin miedo, tanto los dispositivos del psicoanálisis como las teorías.

El psicoanálisis desde sus inicios siempre ha estado presente en la primera fila de la cultura. Y sigue estando presente pero ha perdido la primera fila, situándose muy por detrás. Sigue ocupando un lugar en la filosofía, en la sociología, en la antropología, en el teatro, en la literatura y en el arte en general, pero no un lugar con la importancia que le correspondería.

Muchos y complejos son los factores que han influido en esta debilitación de su influencia social y cultural. Los grandes intereses económicos, la torpeza de muchas burocracias estatales que no aciertan a adaptar sus rígidas estructuras permitiendo que el psicoanálisis pueda integrarse con carta de ciudadanía normal. Y por nuestra parte, el anclaje de la teoría psicoanalítica y de sus dispositivos prácticos a esquemas tradicionales y anticuados.

También la enorme carga de verdad, de querer saber, que comporta el psicoanálisis, en un mundo que está preconizando todo lo contrario: el no querer saber, el aturdimiento, la creencia de que todo es posible en manos de la ciencia, la técnica y el estado, y que el consumo conduce a la ansiada felicidad.

Ya hemos dicho que la crisis bien puede ser el significante principal de nuestro tiempo.  Por lo menos uno de ellos. Crisis económica, social, cultural, decíamos, crisis de valores éticos… En definitiva, percibimos la impresión de que todo está en crisis. ¿Cómo no va a alzarse la depresión como un monstruo que hace signo de nuestra desorientación, de nuestra impotencia y de nuestro sentimiento de fracaso?

El consumismo exagerado como promesa de felicidad, la confusión de los verbos ser y tener al conjugarse como sinónimos: se es lo que se tiene y no se es, si no se tiene. La desculturización progresiva de la juventud con niveles de desconocimiento francamente alarmantes, la generalización de las dificultades para poder simbolizar –todo son pearcings y “tatus”-el culto a la imagen y a todo lo imaginario, la progresiva substitución de la realidad real por las realidades virtuales y, si seguimos a Charles Melman o a Milmaniene, [1] la alarmante psicotización  y la perversión creciente de los individuos.

Creo que todos podemos acordar que estamos asistiendo a un cambio cultural casi sin precedentes y resulta pertinente preguntarse si tal cambio no está poniendo en duda la eficacia y utilidad del psicoanálisis; si no lo está poniendo en una situación crítica, en una crisis.

¿Es el psicoanálisis adecuado a las nuevas circunstancias sociales y a las nuevas características clínicas? ¿Todavía se muestra útil y eficaz? ¿Posee un corpus teórico capaz de convivir con los actuales avances científicos?

Estas son algunas de las grandes interrogaciones que se abren en el campo del psicoanálisis y las respuestas no son precisamente fáciles.

Lacan en el Seminario 17 “El reverso del psicoanálisis” empieza a definir un nuevo discurso que no opera como los anteriores, que son: el discurso del amo, el universitario, el histérico y el psicoanalítico. Es distinto, lo definirá definitivamente en la Conferencia de Milán, como una deformación del discurso del amo. Se trata del discurso que él llama Discurso Capitalista. No voy a entrar aquí a escribir los matemas de cada discurso, me limitaré únicamente a señalar que de él se desprende como consecuencia de discurso, el imperativo ¡goza!  Se produce, se pretende producir, mejor dicho, un goce. Al menos esto es lo que se ofrece. Se promete el Nirvana a golpe de consumo. Consume y sé feliz sería el eslogan. Y por encima de todo, no sufras, no padezcas, que no sientas ninguna incomodidad.

El capitalismo se apoya en la ciencia y en la técnica para producir objetos de goce.

En el discurso del amo se trata de formar esclavos obedientes que sepan lo que el amo espera de ellos. Ya Hegel explicaba que el esclavo debía saberse esclavo para que el amo pudiera serlo y, en definitiva, ninguno de los dos era nadie sin el otro.

El discurso capitalista es la perversión del discurso del amo. El capital se reproduce a sí mismo; capital produce más capital, y esta es la perversión.

En el discurso del amo hay que ser alguien para poder tener algo, mientras que en el discurso capitalista hay que tener algo para poder ser alguien.

Se es alguien para un otro. El significante sujeto sólo tiene significación para otro significante. Sin el Otro no somos. Si todo lo que eres es por lo que tienes, se produce una inconsistencia de ese otro. Hay autores que justifican esta inconsistencia creciente del Otro en la actualidad[2], por el retroceso y la dilución de la figura del padre y de su

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[1] Charles Melman fue responsable de enseñanzas en la Escuela Freudiana de París y fundador de la Asociación Freudiana Internacional. Tiene numerosas publicaciones.

José E. Milmaniene, “El lugar del sujeto”, Buenos Aires 2007, Editorial Biblos

[2] Charles Melman y MIlmaniene, entre otros.

Patricio Vélez, artista visual: “Sin transgresión no habría creatividad en la infancia, ni en las artes ni en las ciencias ni en nada”

Teresa Gómez Martorell dialoga con Patricio Vélez

Foto Miriam Rocha-2012

PATRICIO VÉLEZ EXPONE 16 DIBUJOS DE LA SERIE: EL DIABLO EMPUJA LA MANO, EN LA CASA DE LA PARAULA

Del 29 de Marzo al 23 de Abril 2016

 

T. G.: Bienvenido a La Casa de la Paraula

P. V.:  Muchas gracias.  Estoy muy contento de exponer aquí. Vine por primera vez a la bella exposición de fotografías de Nicole Gagnum presentadas con un impecable texto de la señora Emilia Colomer,  y  luego asistí al coloquio del señor Francesc Puntí. Todo me pareció muy estimulante y se despertó en mí el deseo de exponer aquí los nuevos dibujos, en este espacio rodeado de libros de psicoanálisis, antropología, historia, literatura en general, en lo que yo llamo un camino epistemológico del conocimiento. Un buen lugar para el arte. Les agradezco por la acogida tan cordial que me brindan.

Hace unos años, leí un texto sobre la leyenda de la invención del dibujo de Plinio el Viejo, en el que una joven trazaba una línea alrededor de la sombra de un hombre proyectada en una pared.  Cuando vi estos dibujos que presentas en La Casa de la Paraula: El diablo empuja la mano, inmediatamente la asocié con esta historia. Pero respecto a tu caso, ¿cuál es el origen de esta serie?

Ahora que lo dices, si, recuerdo esta historia que Plinio el Viejo nos ha reenviado como un mito fundacional historiado. Pero como digo en el catálogo, la silueta de las manos ya se encuentra en las artes parietales prehistóricas y es constante  a través de los tiempos.

En el caso de estos dibujos puedo decir que el origen está en la infancia, cuando uno descubre el papel y el lápiz y traza con curiosidad los garabatos y las siluetas de los objetos, siendo las propias manos una representación gozosamente inevitable. Son los juegos del dibujo. Todos los hacemos. Los juegos son altamente simbólicos y sirven de lazo entre nuestra subjetividad y el mundo.

Volviendo a los dibujos que presentas ¿hacia dónde el Diablo empuja esta mano?¿Hacia dónde van?

Creo saber de dónde vienen y de mi necesidad de dibujarlos. Uno de los alimentos de la imaginación es la memoria y aquí he tratado de ser fiel a algunas experiencias vividas. Insisto en los juegos pero también en las experiencias de hacer y construir, tanto como de evocar algunos aspectos que pueden parecer indecibles: la conciencia del rostro y de la máscara, el miedo, el humor, las heridas, los afectos  y, evidentemente, lo absurdo que fluye por sí mismo.

Volviendo a tu pregunta, llanamente diré que van a la mirada y la mente de quien los observe. Cada persona elaborará su propia percepción y completará el proceso creativo. O no; pero no soy tan pesimista.

¿Y el título de la exposición?

Maravilloso. No es mío. Es un refrán de la cultura popular ecuatoriana. Sin él, estos dibujos no existirían. Corresponde a la advertencia que nos hacían los mayores cuando jugábamos arriesgadamente, incluso con las palabras, y nos podíamos hacer daño.  En consecuencia, hacíamos lo que queríamos, conscientes de la advertencia pero sin sacrificar nuestra libertad. Sabemos que la transgresión es un atributo infantil necesario. Sin ella no habría creatividad en la infancia y, amplío el horizonte,  ni en las artes ni en las ciencias ni en nada. Quien no arriesga no cruza el río. Asunto muy interesante es saber qué y cómo se transgrede, empezando por uno mismo.

Estos dibujos están realizados con papel carbón, práctica cuando menos rara en nuestras artes. ¿Por qué? ¿Qué te aporta esta técnica?  

Ya desde pequeño me fascinó el papel carbón; eso de dibujar sin ver los trazos y luego al levantarlo encontrarte con sorpresas… parece el encuentro con la cueva de Alí Babá o la caja de Pandora.  En la adolescencia también lo utilicé, pero fue en Paris,  en la década de los setenta cuando lo usé intensamente para escribir los diarios personales, hacer libros,  dibujar en sí mismo. Todo esto bajo la influencia de la escritura automática y la asociación libre. Sin embargo, por primera vez, hace unos dos años, me propuse trabajar con él de manera sistemática, en la serie que nos ocupa. Así, sostenido por el Diablo, he realizado más de cien dibujos, representando diferentes temas, desarrollos y variaciones.

El papel carbón es muy sutil al tacto. Con él se pueden obtener amplias gamas de grises y los negros son intensos. Todo depende de la presión que ejerza con la punta metálica que utilizo para dibujar, como en el grabado a la punta seca. Y no se puede borrar. Los trazos son definitivos, a la primera. Esto es un gran incentivo. Valga decir que esta serie no la he dibujado totalmente a ciegas sino que he levantado el carbón cuando necesitaba ver cómo se configuraba la imagen. En algunos casos también he utilizado reservas y en otros me he guiado por leves trazos de lápiz sobre papel blanco.

 

patricio

Mariana Freijomil: Sobre un choque entre Nuit et Brouillard (1955) y La sang des bêtes (1949)

Apuntes sobre la proyección de ambas películas en el ciclo “Fantasmagories del Desig”, Filmoteca de Catalunya,  28 de enero de 2016

Desde los muros de Auschwitz, Alain Resnais filmaba el primer documental que miraba de frente el holocausto. Las imágenes en color de los edificios abandonados entre la hierba desafían al espectador alentándole a evocar todo lo que ocurrió allí, de lo que, aparentemente, no ha quedado rastro. La respuesta a este vacío es un trabajo de archivo en el que las imágenes tomadas por los SS y, posteriormente, por los aliados reconstruyen la vida diaria del campo, con la complicidad del guionista Jean Cayrol, que sufrió la deportación en primera persona. Nuit et Brouillard (1955) se erige así como un documento no sólo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, sino de cómo opera nuestra memoria al tratar de retener la historia ante la amenaza constante del olvido.

Entre los planos de las fotos fijas de los campos a pleno rendimiento y las filmaciones de los cuerpos huesudos cayendo a las fosas comunes nuestra mirada es interpelada: hemos llenado el recinto vacío de Auschwitz con la información que nos proporcionan los testimonios, exponiéndose así los mecanismos científicos y fríos que regían la ejecución del exterminio y de trabajo.

Y sin embargo los vacíos siguen ahí, entre las rendijas de los fotogramas que no dejamos de revisar cuando, cada año las efemérides de los periódicos, los telediarios y los post de las redes sociales nos recuerdan con exactitud estudiada que tal día como hoy aquello terminó. Nuestros constantes intentos de preservar el pasado, contándolo una y otra vez nos recuerdan que en Auschwitz la hierba sigue creciendo y que nunca la veremos como aquellos que dejaron su vida allí.

La imagen histórica nace desde un abismo imposible de cruzar pero irresistible a la vez. Si no hay imágenes donde ver el pasado, no importará: las haremos o las encontraremos en otras. Las montaremos dialécticamente como Godard en Histoire(s) du cinéma, las recrearemos como Peter Watkins o Rithy Panh, hurgaremos en los archivos como el propio Resnais o Chris Marker. O quizás  un día veremos una película que hará ese vacío más pequeño. No tenemos la imagen del interior de una cámara de gas ni la de los comandantes leyendo la orden de acelerar las ejecuciones al final de la guerra, pero sí tenemos el golpe preciso del matarife en la cabeza de un caballo blanco en La sang des bêtes (1949) de Georges Franju.  En ese instante nuestra imaginación actúa como la bisagra de una puerta y lo que vemos nos responde furibundo: ¿acaso no es este orden y precisión de matarife el que no veíamos en las imágenes de los campos de concentración? ¿no es la cadencia ordenada al cortar las patas de los corderos degollados el gesto que no se pudo retener sobre los cuerpos de Auschwitz? ¿no es un gesto horriblemente familiar en el que resuena la responsabilidad colectiva que clama el final de Nuit et Brouillard?

Image 17No podemos evitar vernos como las monjas que acuden en busca de grasa al matadero de París que retrata Franju, como parte de un engranaje que trasciende a los campos de exterminio y salpica nuestro tiempo. Al igual que el protagonista de La cuestión humana (2007),  responsable de recursos humanos, nos encaramos a que las reglas y métodos que implementamos y aceptamos en nuestro ámbito laboral siguen la misma sistematización de la explotación del matadero y del campo.  Así, la relectura del pasado operada desde las imágenes de Nuit et Brouillard y Le Sang des Bêtes se hace escritura, en un movimiento y proceso que nos asimila a la máquina de Hayao en Sans Soleil (1983) de Chris Marker. No podemos evitar mezclarlas y crear patrones entre ellas, regidos por lo que ya sabemos, por nuestro presente y por la experiencia del choque entre los fotogramas. Las montañas de pelo, la piel humana que se usaba como papel en los campos de exterminio son los huesos de las vacas atesorados para hacer maquillaje en el matadero de París, pero también son ser la cifra de desempleo anunciada en las noticias o la última balsa de inmigrantes naufragada, porque todo obedece al mismo sistema: el capitalismo. En la reescritura de la memoria desde la imagen al final estamos nosotros, entre lo que queda hoy de Auschwitz en nosotros.

 Mariana Freijomil

 www.cinergiarevista.com

www.takecutandpaste.com

 

Montserrat Rodríguez Garzo, psicoanalista: ‘Intervalos’ trata de pensar las maneras con las que el ser hablante se representa.

A propósito de la creación de INTERVALOS, entrevistamos a una de sus fundadoras.

INTERVALOS es una zona clínica para trabajar en el margen de la salud mental. Su objeto es el estudio de los lenguajes artísticos, el psicoanálisis y las ciencias sociales, y sus actualizaciones. Está inscrita en Brumaria, y se irá desarrollando principalmente en Barcelona, en La Casa de la Paraula. Sus fundadores son: Javier Codesal, artista visual; Blanca del Río, historiadora del arte,  Lorena Fernández, psicoanalista, y Montserrat Rodríguez, psicoanalista. Conversamos con Montserrat Rodríguez Garzo en compañía de Blanca del Rio.

Entrevista realizada por Teresa Gómez-Martorell                              Fotografías: Lucía Piedra

 

1-La primera cuestión es la elección del nombre para vuestro proyecto formativo. Como definición, un intervalo es un espacio o una distancia entre dos valores. ¿Por qué habéis escogido este nombre?

No es cualquier cosa lo de elegir un nombre, pero en esta ocasión no ha sido complicado porque venía dado. Nos lo dio un proyecto artístico, expositivo, que Javier Codesal comisarió con Paco del Río; la idea era de Paco, un proyecto sobre las representaciones de la relación entre las culturas del flamenco y el arte contemporáneo. Y es curioso, acabo de caer en que en esta zona clínica hay alguien especialmente vinculado a sus orígenes, Jorge Ribalta, que también tuvo que ver con el proyecto que nos da el nombre. Bueno, retomo la pregunta sobre la elección del nombre. Intervalo, como bien dices, es un concepto que indica la relación de dos valores; una especie de secuencia mínima que representa el sujeto. El sujeto no es la persona; es un concepto de definición compleja, pero todos vamos a entender que el ser humano es un ser que habla, que está en el lenguaje, enganchado ahí, y sea autista o neurótico, quiere ser, y es el lenguaje, el Otro, el que dice de su forma de ser. Intervalos trata de pensar las formas del ser, las maneras con las que el ser hablante se representa.

2- ¿Qué valores planteáis?

Vamos a trabajar con los valores del lenguaje en tres ámbitos discursivos: el pensamiento psicoanalítico, el artístico y el de las ciencias sociales, sin excluir otros ámbitos de conocimiento, si lo consideramos oportuno para desarrollar nuestras preguntas.

3- ¿Qué queréis conectar?

Conectamos los hechos de lenguaje que afectan a nuestras preguntas. Vamos a trabajar con aquello que revierta en el saber de la clínica psicoanalítica, quizá sin viceversa, pero esperamos que el discurso psicoanalítico sea una herramienta para ampliar los campos del conocimiento en los que estamos implicados.

entrevista2Teresa Gómez-Martorell y Blanca del Rio                              Foto: Lucía Piedra

4-Me comentásteis que hace unos años se creó un proyecto en el MACBA en el que personas diagnosticadas de patologías mentales graves estuvieron trabajando con psicoanalistas. ¿Cómo fue esta experiencia y que os aportó como profesionales?

A esta pregunta he de responder a título personal. El proyecto se inició en 2002, respondiendo a una demanda de los Centres de Dia de la Xarxa de Salut Mental de Barcelona. Estos Centres de Dia hicieron una demanda psicoterapéutica al museo, y respondimos con una propuesta analítica dirigida a saber de los procesos de creación del lenguaje; ese era un interés de Programas Públicos del Macba en aquel momento. Con los años, con el trabajo, fuimos sabiendo algo más de la mecánica de las producciones del sujeto y del lenguaje en las psicosis y en las producciones artísticas. Mi ensayo, Esquizofrenias y otros hechos de lenguaje. De la clínica analítica del Macba (2002-2013), recoge esta experiencia clínica en el margen de la salud mental.
Añado que el área de psicoanálisis de este proyecto la compartimos con Lorena Fernández Vega, también psicoanalista.

5-En este proyecto, Intervalos, ¿cómo relacionáis la práctica artística y la ciencia social con la práctica psicoanalítica?

No hay relación, al menos a priori, más allá de lo que vamos diciendo, que toda producción humana es un hecho de lenguaje, y que su especificidad viene determinada por lo que causa ese hecho de lenguaje. De lenguaje están hechas Monos como Becky y Los pies que faltan; de lenguaje están hechas la tesis doctoral de Lacan, El nacimiento de la clínica y el D.S.M.V; todo son hechos de lenguaje, pero proceden de ámbitos discursivos distintos, de ahí nuestro interés en saber de sus causas y de las políticas en las que se sostienen sus producciones.

6-¿Cómo vais a enfocar vuestros seminarios? ¿Qué temas se van a tratar?

Hemos previsto cinco campos de trabajo: Niños, Daños y causa médica, Polimorfismos, Colonialismos y Operaciones del lenguaje. En cada campo se abordarán cuestiones que preocupan a la clínica, y serán estudiadas desde tres ámbitos del conocimiento: el pensamiento artístico, el psicoanálisis y las ciencias sociales. No excluimos la ciencia médica: su presencia será permanente, pero puntual. Por ejemplo, para un seminario de Daños y Causa médica, podríamos decidir investigar las patologías autoinmunes o las disgrafías, ¿qué dice de eso la antropología, el psicoanálisis y la psiquiatría?, ¿cómo lo dice un artista? Trabajamos de manera transversal, abordando las cuestiones desde distintos ámbitos discursivos, convocando la ética, la política y el cuerpo… y sus síntomas. Sobre cuestiones metodológicas, queremos señalar algo importante: las sesiones serán de debate, de puesta en común, con los participantes y los docentes que representen las tres áreas, y habrá un cierre clínico por seminario.

entrevista3Montserrat Rodríguez y Teresa Gómez-Martorell               Foto: Lucía Piedra

7-Hay una referencia a Francesc Tosquelles como ideólogo / inspirador de este proyecto. ¿Podrías darnos una introducción a su persona y pensamiento?

Francesc Tosquelles aparece con insistencia; es un clínico extraordinario. Hablábamos de esos años de clínica analítica en el Macba; cuando el trabajo ya tenía el recorrido suficiente hubo que plantearse la formalización teórica y la inscripción política de este dispositivo; y no era fácil, por no haber antecedente de una práctica similar en el margen de la salud mental. Pero algo había. Eso nos llevó por la vía rápida a la posición clínica y política de Tosquelles. Es mucha la cercanía. No vamos a olvidar que la primera lectura de Lacan, cuando no existe lo lacaniano, se hace en Reus y en Barcelona en los grupos de lectura de Emili Mira, antes del golpe de estado que dio lugar a la Guerra Civil; ese trabajo de Mira puso en la maleta de Tosquelles una tesis en la que se tambaleaban los principios de la psiquiatría de la época. Me gusta pensar que la tesis de Lacan era el fundamento de su equipaje, que Tosquelles, exiliado, con ese objeto en la maleta entró en Francia con un buen fondo de armario. En Intervalos, vamos a trabajar las cuestiones clínicas con no profesionales de la clínica, para saber de la clínica. Creo que con Tosquelles hemos entendido bien que los no profesionales de la salud mental también saben usar de manera productiva sus modos de goce; que la salud mental pasa por sanear las instituciones que administran lo que pertenece a la ciudadanía; y que lo que llamamos salud mental no es exclusiva del campo de la psicopatología, es una cuestión social y política. Y esto, Tosquelles lo compartía con Freud y con la lectura que Lacan hizo del texto freudiano. Tosquelles no rechazaba la psiquiatría, sabía trabajar en ese territorio complejo en el que se articulan pensamiento médico y psicoanálisis para tratar el ser, “el ser monja, el ser comunista, el ser psiquiatra…” .

8- Louise Bourgeois tiene una obra a mi parecer muy emblemática: Art is a guaranty of sanity. El arte es una garantía de salud mental. ¿Qué acuerdos y desacuerdos os sugiere esta declaración?

Nos sugiere acuerdo, sin duda, porque no hay relación alguna entre arte y psicopatología, a pesar de la abundancia de materiales, digamos oscuros, alrededor de esa relación. Y vamos a trabajar con esa oscuridad. El uso de técnicas y procedimientos artísticos, sea precario o magistral, no es garantía de que lo que resulte constituya una producción artística. Para que haya producción artística, ha de haber artista; esa es la garantía, el trabajo con el lenguaje de ese ser hablante que se sujeta al Otro de manera extraordinaria. La enfermedad mental es una construcción sociopolítica ajena a la clínica de la evidencia y bien sostenida por las ciencias duras en el ámbito de la industria farmacológica, y eso no es precisamente una garantía de progreso. Ya que citas esta obra, podemos decir con Bourgeois que, de haber garantía de algo, y no solo en términos de salud, está en la producción artística.

9- ¿Cómo han evolucionado las políticas de tratamiento del enfermo mental durante estos últimos decenios?

Es un tema complejo. Alguien, no recuerdo ahora quien, a propósito de la reforma psiquiátrica de los años ochenta, decía “de un pensamiento único a otro”; ese otro, el del fundamentalismo científico, no es precisamente una garantía de progreso. Para entender la actualidad habría que situar lo que genera la psiquiatría social en los primeros decenios del siglo xx, lo que recoge la psiquiatría manicomial durante el franquismo, la reforma psiquiátrica que se va generando a finales de los setenta, la presencia del psicoanálisis de orientación lacaniana en España que viene con el exilio de los clínicos argentinos… Parece que el exilio está siempre al lado del psicoanálisis… Esto, a modo de nota histórica. Por otra parte, en términos de pensamiento, Agamben hace una lectura del paso de las sociedades disciplinarias a las de control observando que el campo de concentración ahora está afuera, un afuera que se hace en la expansión de la fractura sociopolítica. La enfermedad mental es una construcción sociopolítica al cuidado de la industria farmacológica; y ahí estamos hoy. No negamos la psicopatología; tiene su lugar; pero hoy, la vida cotidiana está psicopatologizada: el psicólogo aparece antes que el daño, por si lo hubiera, en la idea de minimizar o suprimir el sufrimiento porque cualquier malestar se considera patológico; psicoterapias preventivas o psiquiatría orientada por un criterio consensuado, el DSM, para prescribir lo que haga falta. Existe el trastorno, como si la fenomenología fuera aislable del sujeto, y a tal trastorno, tal remedio, y eso sí que es garantía de un sustancioso caldo de cultivo de patologías. Con lo que ello implica. ¿Nadie se pregunta por qué el TDAH no existía como entidad nosológica hace pocos años? Hoy parece una jugosa pandemia…

10- ¿A nivel socioeconómico, son accesibles los tratamientos psicológicos para todo el mundo?

El abordaje psicológico del malestar debería estar al alcance de todo aquél que quiera saber de sus males. Eso, si la causa es psíquica. Un deshaucio no es un hecho patológico, el paro laboral, tampoco, ni la muerte de un ser querido, y el profesional “psi” en muchas ocasiones se encuentra en la situación de resolver cosas que no son de su ámbito, aquello que la sociopolítica no contempla… Por otra parte, no hay remedio que sea válido para todos, excepto idealmente, pero desde cualquier supuesto ligeramente democrático habría que trabajar para construir la posibilidad de la elección, de que el sujeto que sufre pueda elegir tratar de estar en el mundo de la mejor manera posible. Vuelvo a citar la experiencia clínica del Macba: estuvimos trabajando con grupos entre las tres y las veintitantas personas, y el trabajo, sin comprometer la intimidad de nadie, era netamente individual. Esta experiencia indica que hay maneras posibles y accesibles de tratar de saber de lo propio, en el margen de la salud mental. Y saber de lo propio siempre tiene efectos terapéuticos, entre otras cosas.

11- ¿Por qué habéis escogido estas dos películas, Mones com la Becky y Alicia a través del espejo, para las lecturas que realizará Javier Condesal?

Son dos producciones extraordinarias para trabajar alrededor de la diferencia entre lo que es del ámbito de lo mental y lo que tiene que ver con las patologías cerebrales. Jordá se plantea Mones com la Becky poco después de tener un infarto cerebral; en Alicia a través del espejo retoma la cuestión y muere antes de acabar el montaje. El interés no es solo por los aspectos temáticos que serán el guión para estudiar la clínica de lo que ahí se plantea. Pero el cine de Jordá nos interesa más allá de los temas; nos interesa pensar su cinematografía, su modo de escritura cinematográfica.

12-Esta entrevista ha sido para mí una buena razón para informarme sobre este tema y conocerlo con más profundidad. Para los neófitos… ¿nos podrías sugerir algunas lecturas?

Para los neófitos, y para los especialistas, recomendamos las dos películas de Jordá que citamos, y las podemos acompañar con Para una tumba de Anatole, de Mallarmé, Psicopatología de la vida cotidiana, de Freud, “Breve discurso a los psiquiatras”, de Lacan y, sin duda, Una politique de la folie, el documental que recoge la palabra de Tosquelles.

13-Teniendo en cuenta la definición de intervalo que he mencionado al principio, ¿hacia dónde se dirigen estos espacios que se conectan?

Se dirigen fundamentalmente a la formación vinculada a saber sobre los propios procesos de trabajo, dirigida a todo aquél que se plantee saber de su quehacer en el ámbito del psicoanálisis, de la salud mental, de la educación y de la producción artística y su entorno.

 

Daniela Ortiz, artista i activista: “Para los medios de comunicación los inmigrantes siempre son cifras, se convierten en una masa”

Publicado por Marta Berenguer.

Daniela Ortiz (Cuzco, 1985) es una artista peruana afincada en Barcelona. En su obra artística reflexiona a menudo sobre temas relacionados con la inmigración, la nacionalidad o el género. Su última exposición ha tomado como escenario el Arts Santa Mònica. La muestra Públic Objetiu, realizada para el ciclo Trets enmig del concert, que comisaría Cèlia del Diego muestra las vergüenzas del periodismo cuando de inmigración se trata. En esta entrevista conversamos con ella de su encuentro con el arte y de la faceta activista que toma en su obra.

En tu obra artística te interesas sobre todo por temas relacionados con la inmigración, la nacionalidad, el género. Si algo tienen en común estos temas es la diferencia. ¿Qué nos ocurre a los humanos con la diferencia?

No sé si es tanto la diferencia como el poder. Creo que tiene más que ver con una lucha de poder constante de temas sistémicos que con cosas individuales. Existe un término que actualmente se está usando bastante: interseccionalidad. Se basa en entender la discriminación no solo como un factor aislado -por racismo, por clasismo, por género- sino por distintos factores que se van entrelazando y variando según en qué contexto estén. Se trata de un término mucho más complejo que la noción de discriminación a secas. En 2009 trabajé para un proyecto: Es de puta madre ser mujer, española, blanca y de clase media. Era un proyecto para un festival feminista en el que, precisamente, se pensaba la discriminación de la mujer de una manera bastante esencialista. Mi primera propuesta era pintar en un muro Es de puta madre ser mujer, y trabajar desde las dos identidades esenciales de la mujer: la puta y la madre. Trabajando en el festival me di cuenta de que la mayoría de mujeres que estaban ahí eran mujeres españolas, blancas y de clase media. Y a partir de ahí cambié y amplié el título que al final dio nombre al proyecto.

Supongo que el hecho de ser peruana y mujer tiene algo que ver con la elección de estos temas. ¿Qué marca subjetiva tiene esta elección?

En general, en casi todos mis proyectos hay una vinculación personal con el tema. Sea porque lo he vivido en una situación de opresión o en una situación de privilegio. En cuanto a inmigración, el primer proyecto que hice fue la primera vez que me quedé sin papeles y obviamente hay una vinculación. Por otro lado, por mi color de piel, por poder ir a la universidad, hablar inglés, estoy en cierta posición de privilegio si se compara con otras situaciones. A pesar de eso, el hecho de quedarme sin papeles fue bastante fuerte y ha sido muy duro, lo sigue siendo ahora. Estudié en Barcelona en la universidad y a pesar de ello no se me reconocía el derecho a poder seguir viviendo aquí. Cuando empiezas a vivir situaciones como esta o a conocer las interioridades del sistema de control migratorio, te das cuenta de que es un hoyo oscuro y macabro y que hay muy poca gente trabajando temas de investigación en este tema. En los medios de comunicación se habla todo el tiempo, pero entender cómo funciona el control migratorio es brutal, es inmenso y está muy escondido.

Hasta finales de febrero en el Arts Santa Mònica, dentro del marco del ciclo Trets davant del concert, se ha podido ver la exposición Públic Objectiu. No es cualquier título este. ¿De qué habla o qué nos ha querido explicar Daniela Ortiz con esta exposición?

El título viene del vídeo que se proyectaba en la exposición. Es una charla en la que invito a tres periodistas a conversar con un público en el que somos todo personas migrantes. Los migrantes son casi siempre objetivos públicos, siempre se está hablando de ellos. Pretendía darle la vuelta a eso para que ellos fueran el público y estuvieran en una posición de objetividad con el tema migratorio frente a los periodistas invitados. En los medios de comunicación casi todas las personas que están escribiendo son españolas, no hay migrantes.

Tras la muerte de 14 inmigrantes en la playa de El Tarajal en febrero de 2014, lo que más me chocó es que en los medios de comunicación había un montón de debate sobre inmigración y no había ni un solo migrante hablando de estos temas cuando, en realidad, hay un montón de gente preparada que podría hablar de este tema porque tiene mucha experiencia. Cuando los medios se acercan al inmigrante, a menudo les hacen preguntas del tipo: ¿cuáles son tus sueños? Son preguntas muy subjetivas que no tienen que ver con un posicionamiento. Tampoco se interesan en dar voz a los inmigrantes para explicar el sistema de control migratorio, cuando son los que más conocen este tema y mejor lo pueden explicar.

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La artista y activista Daniela Ortiz.

¿Cómo reaccionaron los periodistas y el público?

Fue bastante curioso porque el día de la charla varios periodistas venían con una actitud un tanto paternalista. Pensaban cosas como: “vamos a darle una lección a esta gente” o “que bonitos los inmigrantes”. Cuando se dieron cuenta del nivel de agudeza que había en las preguntas, algún periodista se puso un poco a la defensiva, pero fue bien interesante ver eso. Son bien pocos los espacios que tienen las personas que vinieron como público para cuestionar algo de los medios, así que fue bien interesante la experiencia.

A menudo en los medios de comunicación el inmigrante deja de ser un sujeto con nombre y apellidos para convertirse en una masa que amenaza el sistema o es incómoda para algunos. ¿Qué ideología respiran los medios de comunicación y las portadas que has elegido?

El proyecto parte del análisis de dos titulares de El País en los que se hace saber que 30.000 inmigrantes esperan en el norte de África para cruzar la frontera. Esta es una cifra que ya habían utilizado anteriormente, después de unos asesinatos que hubo en la frontera de Melilla. Los medios de comunicación, o las portadas analizadas, hacen esa estrategia de hablar directamente de una invasión. Lo más sorprendente para mí es que en algunos medios hablan de 300 inmigrantes que intentan saltar la valla y después ves que en chiquito destacan: “cinco, lo logran”. Quizás si los titulares fueran: “Cinco inmigrantes saltaron la valla”, la cosa sería bien diferente. Lo que ocurre es que siempre ponen las cifras de los que intentan cruzar. En la exposición, esas portadas están contrapuestas con las fotografías de las personas que murieron en El Tarajal y los informes médicos de los supervivientes. El Estado español no se hizo cargo de los muertos, esos informes se realizaron desde una organización que se llama Caminando Fronteras. Son informes públicos que están disponibles, pero los medios nunca los han utilizado. Tampoco se utilizaron las imágenes de las personas muertas. Es cierto que hay como una constante de negarle la identidad a la persona migrante. En los medios de comunicación los inmigrantes siempre son cifras, siempre son convertidos en una masa.

Me parece que tras analizar la versión que se reproduce en los medios, puedo decir que hay como una de falta de ganas de investigar por parte de los periodistas. Pareciera que están haciendo su trabajo de ocho horas al día, usan la versión del Ministerio del Interior como la única versión, y ya. Con suerte, en algún lugar muy pequeñito reproducen la versión de alguna ONG que denuncia la situación. En cualquier caso, la exposición pone en evidencia que los testimonios de las personas que han sufrido los efectos del control migratorio no aparecen como fuentes de la información.

Como bien dices, una parte de la muestra expone los informes médicos de personas inmigrantes. Una información pública al acceso de cualquier periodista. Tú cuentas el reverso de estas noticias, o de la versión oficial. ¿Cómo crees que el periodismo tendría que tratar un tema como este?

En primer lugar, creo que hay cierta terminología que no se tendría que usar como por ejemplo: inmigrante ilegal. En segundo lugar, si realmente van a contar una historia basándose en cifras que, al menos, estas sean precisas. Sería interesante también que se investigara mucho más el otro lado de la noticia, la versión de otras personas que han estado presentes en el lugar de los hechos y que no son solamente la policía o las fuentes oficiales. Creo que también existe una falta absoluta de interés para entender cómo son los flujos migratorios y qué contexto tiene este tema. Parece que las muertes en el Estrecho se han normalizado por completo. Los periodistas reproducen noticias terribles como que se mueran 20 personas, ponen la cifra, la reproducen como si fuera una nota de prensa y ¡listo! Pero eso tiene una raíz en el año 1985. Antes de ese año la gente no moría en esa zona. Curioso, ¿verdad? Estas son cosas que tienen que ver con el contexto que nunca se mencionan. Las primeras muertes empezaron en 1988. Lo que causa estas muertes es la implantación de la ley de extranjería, cosa que nadie comenta.

Esas muertes tienen responsables.

¡Claro! Normalmente, se atribuye la responsabilidad de esas muertes al propio inmigrante y es una situación bastante injusta porque en realidad lo que ahí ocurre es otro tema. No hay que olvidar que la libre circulación a nivel global es un derecho que tienen los europeos y los países ricos: Estados Unidos, Europa o Japón, etc. Creo que es importante ver el porqué se da todo este problema. ¿Por qué hay personas que no tienen derecho de circulación? Hay personas que terminan cruzando de esa manera la frontera porque se les ha negado el visado dos o tres veces. No es que no lo intenten. El derecho de la movilidad genera economía. Pero es una economía para la que la mayor cantidad del mundo no tiene acceso. Ahí, hay todo un debate de derecho internacional en el que se deberían revisar las libertades que tienen unos y otros, y quienes han puesto esos regímenes de movimiento. El propio sistema acaba convirtiendo eso en un problema cuando no debería serlo. La única manera de regular el tema es la libre circulación.

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Imagen de la exposición Públic Objectiu que se pudo ver en Arts Santa Mònica.

La organización United Against Racism publicó una lista de 16.264 personas fallecidas en la estructura de control migratorio de la Unión Europea. De ellas, 15.518 constan en la lista como NN (no name).

Las muertes que se registran en los territorios de frontera de la Unión Europea son tratadas, en realidad, como desapariciones porque por más que la policía coja el cuerpo y lo entierre no se va a investigar la identidad de esa persona. Lo curioso del tema es que si a ti te cogen vivo es ingente la cantidad de recursos, de herramientas y de personal que se destina a identificarte para deportarte. La Unión Europea se gasta millones de euros para controlar el tema de los refugiados, por ejemplo. Se destinan todos esos recursos a investigar quien eres con la intención clara de deportarte, pero si encuentran un cuerpo muerto toda esa maquinaria se apaga por completo. En Túnez, por ejemplo, hay un grupo de madres que están reclamando hace años al Estado italiano que les den las huellas dactilares que hayan ido recogiendo después de la primavera árabe. El Estado italiano se niega a darles a esas madres la información para que se pueda saber qué ha pasado con sus familiares.

Únicamente en fronteras españolas se han registrado más de 20.000 muertes. Esa es la cifra de los cadáveres que se han encontrado, pero imagínate la cantidad de personas desaparecidas. Eso es, única y exclusivamente, responsabilidad de la Unión Europea. Ya no hablemos de las muertes en fronteras naturales. Cuando cierran una ruta que es segura, ellos saben perfectamente que el trabajo sucio lo va a hacer el mar, el río o el desierto. Pero son perfectamente conscientes que están cerrando la zona segura y que la gente va a hacer rutas más largas y, por ende, mucho más peligrosas.

En otros de tus trabajos, has intentado mostrar también la invisibilidad de las diferencias según el origen étnico, la clase social, el género. Pero a veces lo invisible es imposible y algo se escapa para poder ser visto. Tu proyecto 97 empleadas domésticas es un buen ejemplo de ello . ¿Qué nos cuenta este proyecto?

Este proyecto consistió en sacar de Facebook 97 fotos de personas de la clase alta peruana, en las que aparece o bien cortada en la imagen, o bien en la parte de atrás, una trabajadora doméstica. En Perú funciona el sistema que se llama cama adentro. Quiere decir que las señoras que trabajan en las casas, viven allí. Es un sistema súper perverso porque eso genera una vinculación emocional muy fuerte con la familia. En algunos hogares de la clase alta, las que hacen la crianza completa de los niños son las trabajadoras. El hecho de que haya estos vínculos emocionales facilita, en cierto modo, que la persona que contrata explote a la trabajadora. Normalmente, con la excusa de “no trabaja en la casa, nos ayuda” se le paga menos dinero. El hecho de que las trabajadoras domésticas vivan dentro de las casas, normalmente, se convierte también en una excusa para pagarles menos porque, supuestamente, ya se les está pagando la vivienda y la comida. Siempre se habla del cariño, de que las empleadas domésticas son como de la familia, pero luego en las fotografías se ve claramente que no se las reconoce como parte de la familia. Cuando hay alguna celebración, un almuerzo, o lo que sea, en muy pocas ocasiones las empleadas domésticas forman parte de la fotografía. ¿Realmente son de la familia como dicen que son?. Creo que con mi proyecto lo que quise es dar una respuesta a eso.

Mirar el reverso, o dar la vuelta a los temas, es algo que también tiene importancia en tu relato artístico. Se ve en proyectos como Inversión, por ejemplo, u otros. ¿Qué te interesa de este tema?

En la mayoría de proyectos, más que ver al oprimido, lo que me interesa es ver al opresor o a la estructura opresora. En el caso de Público objetivo, por ejemplo, había una mesa con los nombres de los periodistas. También se visibilizaba el papel de los medios en el tema de la inmigración. En otro proyecto que realicé que lleva por título Habitaciones de servicio, en el que quería visibilizar el espacio de la casa dedicado a las empleadas domésticas, están los nombres de los arquitectos. En 97 empleadas domésticas lo que aparece en primer plano son los contratadores. De ahí, se puede deducir que me interesa más señalar a esa figura como posible responsable de la situación que a la persona oprimida. Me parece que una parte de la solución al problema sería empezar a ver quiénes son las personas que generan todo este mecanismo.

Los territorios fronterizos también son un tema que se refleja en tus proyectos. Esos casi “no lugares” ¿qué papel juegan en tu obra?

Creo que fue Andrés García Berrio quien reflexionó alguna vez sobre los lugares legales. Sobre cómo la situación legal determina tu lugar y la ley determina este “no lugar”. Tú puedes estar en Barcelona, pero existen lugares donde no parecería que estuvieras en territorio europeo, ¿verdad? Las condiciones que se generan en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), por ejemplo, no parecen o no son la imagen de Europa. Creo que hay como espacios de excepción. La ley de extranjería en sí misma es, la mayoría de las veces, excepcional. Por ejemplo, en la detención en un CIE, se aplica la ley si es que hay supuestamente la sospecha de fuga. Ahí le das el espacio y el poder al juez. Es él quien considera, o no si se tiene que detener a esa persona. No es que exista una ley y ya está. Más bien la ley deja muchos espacios abiertos.

En el hecho artístico a veces hay que tomar cierta distancia crítica para tomar después partido. ¿Cómo te implicas en tu obra?

En mi caso no es arte lo único que hago. También trabajo en otros contextos que tienen que ver más con el activismo, con espacios auto gestionados, así que muchos proyectos no parten de una invitación de una institución. Hay muchos proyectos que no los hago porque tengo una exposición. A veces desde las instituciones pareciera que hay como un esfuerzo en que se quedara todo encapsulado, esos espacios codifican mucho la mirada y no permiten que se lean de otra manera. Personalmente, me interesa que mis proyectos no se lean únicamente como una exposición de arte, sino como una información concreta sobre un tema. Por esa razón, me esfuerzo mucho para que los proyectos tengan otra circulación. Hago arte porque estudié arte, manejo herramientas de comunicación y las uso para esto. Pero creo que en cualquier trabajo tienes la posibilidad de hacer una cosa así. Existen políticos, médicos o transportistas que hacen las cosas de otra forma ¿verdad? De algún modo están implicados de otra forma en su trabajo.

Mariana Otero, cineasta: “La experiencia de ‘A cielo abierto’ me ha permitido ver el mundo con otros ojos”.

La cineasta Mariana Otero durante el rodaje de 'A cielo abierto' con Amina, una de las niñas residentes en Courtil. © Romain Baudean

La cineasta Mariana Otero durante el rodaje de ‘A cielo abierto’ con Amina, una de las niñas residentes en Courtil. © Romain Baudean

La cineasta francesa Mariana Otero hacía mucho tiempo que tenía una pregunta: quería entender algo sobre la locura. Y encontró una respuesta en la frontera entre Francia y Bélgica. Casi por azar conoció un día a Bernard Seynhaeve, director de Courtil: una institución orientada por el psicoanálisis lacaniano que recibe a niños y niñas con dificultades sociales y psíquicas, en internado o semi-internado.

A Mariana Otero le llamó algo la atención. En este lugar no utilizaban palabras como “disminuidos mentales”, “autismo” o “discapacitados” como en otros espacios que había visitado. Le explicaron que para ellos cada niño es un enigma. Cada uno de ellos, a diferencia de nosotros que tenemos una lengua común, tiene una lengua privada. En Courtil se dedican a descifrar y entender esta lengua caso por caso. ‘A cielo abierto’ es un documental –que se complementa con un libro de entrevistas– que nos permite entender algo sobre como ven el mundo los niños de Courtil y de los efectos terapéuticos que la orientación lacaniana tiene en sus subjetividades. ¡Y vaya si los tiene! Desde La Casa de la Paraula hemos querido conversar con ella durante su visita a Barcelona para el preestreno del documental. Mariana Otero nos muestra en su film un claro ejemplo de cómo partir des del no saber más absoluto, dejarse interrogar y abrirse a una pregunta, entrar en Courtil con el respeto que se merecen los niños y los profesionales y rodar una película arriesgada pero que da cuenta de muchas cosas. Se estrena en breve. ¡Vayan a verla! Eso sí, si van les recomiendo un ejercicio bien saludable: aparquen sus prejuicios en casa y, por largo que pueda parecerles el documental, déjense sorprender hasta el final. 

Su documental parte de una pregunta muy personal sobre lo humano, sobre la alteridad, sobre la locura. ¿Por qué se preguntaba usted sobre ello?

Pienso que a mucha gente la locura le fascina y da miedo a la vez. El porqué de la locura es una pregunta que me he hecho siempre. Hace 25 años que hago cine y durante mucho tiempo no sabía como tratar este tema ya que pensaba que necesitaba una cierta experiencia tanto humana como cinematográfica. Después de 25 años pensé que quizá ya era el momento de hacer una película. Pero había una condición para ello: yo quería conseguir hacer una película que permitiera entender y no únicamente mostrar algo de la locura. Visité muchos lugares que trabajaban básicamente con adultos pero siempre tenía la sensación que la gente que trabajaba allí proyectaba su propia manera de ver el mundo en los llamados “discapacitados mentales” que atendían en sus centros y, por lo tanto, no podía entender nada.

Un día me hablaron de Courtil, una institución belga muy grande que acoge 250 niños y trabaja bajo la perspectiva del psicoanálisis lacaniano. En principio yo sabía muy poco de psicoanálisis y partía de un cliché que me decía que los niños estarían sentados en una silla y les harían preguntas sobre el padre, la madre, etc. La verdad es que partiendo de este prejuicio no tenía muchas ganas de ir a Courtil pero decidí ir a conocer la institución. Asistí a la primera reunión de los responsables terapéuticos y lo que encontré más sorprendente es que nunca hablaron de locura, ni de discapacidades, ni de autismo. No usaban ninguna de esas palabras sino que se hacían preguntas sobre cada niño para intentar entender a cada uno. Les pregunté entonces por qué no utilizaban esas palabras y me respondieron que para ellos cada niño es un enigma y su trabajo es entender y encontrar una solución apropiada para cada uno de ellos. Pensé que si este era su trabajo me podía quedar allí para también entender y finalmente hacer una película sobre este tema.

Fotograma del documental 'A cielo abierto' de Mariana Otero.

Fotograma del documental ‘A cielo abierto’ de Mariana Otero.

¿En Courtil encontró la respuesta que buscaba?

Debo decir que los primeros días en Courtil no entendía nada, estaba totalmente perdida.  Pasado un mes, después de ver el día a día de los niños, de escuchar a los profesionales y la manera que tenían de hablar de ellos, después de intentar varias cosas, empecé a ver más allá de las apariencias. Empecé a ver aquello que en un principio me parecía invisible. Fue eso lo que me motivó para hacer esta película. Compartir esta experiencia con el espectador. La experiencia de un descubrimiento me impulsó a querer que también el espectador pudiera vivir algo similar. La experiencia de ‘A cielo abierto’ me ha permitido ver el mundo con otros ojos.

¿Cómo consiguió usted introducir su cámara en Courtil y que tanto sus profesionales, los niños y los padres accedieran a grabar la película?

En primer lugar pasé por un proceso de localizaciones muy largo, sin ninguna cámara. En un principio el director de Courtil decía que no quería que grabara a los niños. De hecho, yo estaba muy de acuerdo con eso, pensaba que no sería posible. ¡Me parecía complicadísimo! Si más tarde se abrió la posibilidad de hacer la película es porque después de un par de meses empecé a entender a esos niños y allí comencé a pensar que podría filmarlos. Cuando en Courtil vieron que mi intención no era mostrar a los niños sino intentar comprender, estuvieron de acuerdo en poder grabarlos. Así, poco a poco me fui integrando en el equipo, encontré mi lugar y me aceptaron. Fue un proceso bastante largo. Saqué mi cámara al cabo de nueve meses cuando vi que todo el mundo estaba listo, también yo misma. A partir de allí estuve rodando durante tres meses siempre con la cámara atada a mí.

Se convirtió usted en una especie de “cámara-cuerpo”.

Partía de la idea que si yo y la cámara estábamos separadas quizá los niños se apropiarían y harían alguna cosa con ella; quizás otros no aceptarían ser filmados pero también pensaba que a lo mejor para muchos la experiencia les serviría de alguna cosa. No sabía exactamente para qué sería útil pero pensaba que su relación con la cámara serviría también para explicar alguna cosa respecto a su relación con los otros y con la mirada. Es por ello que decidí colgarme la cámara para que fuera como un apéndice de mi cuerpo y para que la relación de los niños conmigo pudiera transformarse durante el rodaje. Si hubiera tenido un técnico de sonido, por ejemplo, los protagonistas hubieran estado mirando una vez para un lado, otra vez para otro. De la manera que lo hice, en cambio, se puede construir algo.

En la película aparece una niña, Allyson. Durante las localizaciones noté que era muy apática. Es una niña diríamos “esquizofrénica” y que tiene la sensación de tener un cuerpo que se va por todos lados. En una escena de la película se mira el brazo como si no fuera suyo. Antes del rodaje Allyson no corría, casi no se movía, estaba incluso un poco “depresiva”. Creo que la relación con la cámara, con el marco, le permitió de alguna manera juntar su cuerpo y ponerlo en movimiento. Al final de la película hay una escena muy alegre y divertida en la que esta niña y yo nos ponemos a correr juntas en un campo. Fue algo realmente sorprendente porque antes del rodaje quizás esta niña nunca hubiera hecho esto. Su relación con la cámara, pues, tuvo ciertos efectos y fue como una solución para ella.

Mariana Otero con Iván Ruiz, psicoanalista de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis durante el preestreno del documental en los cines Boliche. Fuente de la imagen: @cameo

Mariana Otero con Iván Ruiz, psicoanalista de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, durante el preestreno del documental en los cines Boliche de Barcelona. Fuente de la imagen: @cameo

¿En ‘A cielo abierto’ qué pretende usted contar al espectador?

Intento hacer vivir al espectador la misma experiencia que yo viví. Es decir, conseguir paso a paso entender la película. Al principio el espectador puede que se sienta un poco perdido pero poco a poco empieza a entender a estos niños. Empieza a vislumbrar que estos niños tienen su propia lógica, que existe una estructura, que lo que hacen no se trata de pataletas, ni de violencia, no son niños violentos, no son hiperactivos, nada de eso. Hay una estructura que marca su relación con los otros, con el mundo, con la mirada, con sus peticiones. La película da cuenta de que todo esto se puede entender y por lo tanto existen también soluciones. Espero que el espectador viva este tema de la misma manera que yo lo he podido vivir.

El psicoanalista Jacques Lacan señala que en la psicosis el inconsciente está en la superficie, está “a cielo abierto”. ¿De ahí viene el título de su documental o es pura casualidad?

¡No, no es ninguna casualidad! (risas). Efectivamente, había escuchado a uno de los profesionales decir que los psicóticos tenían el inconsciente “a cielo abierto”. En Courtil realmente tuve la sensación que se comprendía a estos niños, que se les escuchaba. No se intentaba poner ningún tapón a su locura para no verla. No se intentaba conformarlos sino que se trataba de escuchar lo que tenían para decir, de sentir su carácter, su ser, su singularidad. Efectivamente su inconsciente está a cielo abierto y eso en Courtil era permitido. Es por eso que le puse este título.

Antes de realizar su película usted no tenía casi ningún conocimiento de psicoanálisis. ¿Qué aprendió usted en la experiencia en Courtil sobre el psicoanálisis y el inconsciente?

He aprendido muchísimas cosas. Aprendí, por ejemplo, una cosa importante: que tenemos un cuerpo. Pero este cuerpo, por muy evidente que parezca, no es algo que nos venga dado, es algo que construimos nosotros mismos. Para mí eso era algo evidente pero me abrió puertas para entender miles de cosas como, por ejemplo, renovar mi relación con el mundo, con los otros. A partir de esa experiencia mi mirada ha cambiado, se ha desplazado, ya no miro de la misma manera. Espero que al espectador le produzca efectos similares. Quise hacer una película para compartir esta experiencia, para ayudarle a que comprenda un poco la locura de estos niños, para que pueda mirarlos, escucharlos. ‘A cielo abierto’ es un film que cuenta el camino de la mirada para deshacernos de nuestros a priori.

Allyson, una de las protagonistas de 'A cielo abierto'. © Romain Baudean

Allyson, una de las protagonistas de ‘A cielo abierto’. © Romain Baudean

A veces el proceso de producción del cine nos tiene acostumbrados a cierta planificación y control. Sin embargo su trabajo en ‘A cielo abierto’ no tiene nada que ver con eso. No parte de un escenario previo o un guión. En su documental usted da cuenta de los vacíos, las sorpresas, los sin sentidos con los que se encontró. ¿Le fue difícil no retroceder ante eso?

Precisamente este era el reto de la película. Realizar este film fue un proceso de plantearse desde el inicio un interrogante. Desde buen principio yo me decía: “todo esto me sorprenderá”; “no sé a donde voy”; “parece todo imprevisible”. Sin embargo también creía que al final saldría una película porque durante las localizaciones había visto como los niños iban evolucionando, como la comprensión se iba construyendo poco a poco y por lo tanto pensé que si yo aguantaba, si estaba cerca de ellos, si me mantenía cerca de los profesionales, al final del rodaje aparecería alguna cosa aunque en ese momento no lo supiera. Esa cosa que al principio era invisible se haría presente. Cuando comencé a rodar creía que algo de eso sucedería y lo creía sencillamente porque lo vi durante la preproducción. Todo ese proceso fue muy angustiante.

¿Y aparecieron más preguntas?

Durante el primer mes me preguntaba: “¿pero qué estás filmando?”; “¿cuál es el interés?”; “¿qué explica todo esto?”. Fue durante la última parte del tercer mes que entendí el interés de lo que había estado filmando antes y por suerte creí en eso e insistí porque al final, efectivamente, las cosas se fueron poniendo en su sitio. Podríamos decir que la historia se explica del final al principio, al revés de lo que estamos acostumbrados. Volviendo al ejemplo de Allyson, la niña que se mira el brazo, al principio del film la rodé haciendo puzles. Sinceramente, una escena de un niño haciendo un puzle quizás no tiene mucho interés cinematográfico. Pero después de los tres meses de rodaje comprendí que para ella el hecho de hacer un puzle no es cualquier cosa, es algo que de algún modo la calma. Es más, es algo que se puede poner en relación con otras cosas que filmé después y que todo adquiere un sentido. Pero primero tuve que tomar el riesgo de no saber a donde iba para poder llegar a alguna parte. Este fue el reto de esta película y de su estructura. Al principio uno se encuentra un poco perdido y no es hasta el final que se entiende lo que se leyó al principio. En la fase de montaje quise respetar eso. Ver esta película es una experiencia singular, es una película diferente porque no seguimos una historia que venga dada o sea lineal.

Mariana Otero durante el rodaje de 'A cielo abierto' con Jean-Hugues, uno de los residentes de Courtil. © Romain Baudean

Mariana Otero durante el rodaje de ‘A cielo abierto’ con Jean-Hugues, uno de los residentes de Courtil. © Romain Baudean

Usted filmó durante tres meses 180 horas de grabación. ¿Cómo fue el proceso de montaje, de perder gran parte de lo que había filmado para hacer un ejercicio de reducción y de síntesis?

El montaje se alargó durante ocho meses, ¡fue larguísimo!. Y fue así para intentar, justamente, conservar esta estructura en la que al principio nos encontramos un poco perdidos para ir viendo como después las cosas se van construyendo de manera progresiva. Se trataba de conseguir mantener el equilibrio entre escenas de vida y escenas donde los adultos hablan de lo que han visto para intentar entender a los niños.

¿Cómo reaccionaron los niños, los profesionales y los padres al ver por primera vez la película?

Sistemáticamente cuando hago una película muestro el resultado a las personas para estar segura que les gusta y que no quieren que cambie alguna cosa. Quiero estar segura que todo el mundo está a gusto con la película. Así que esta vez también mostré la película a los niños, a los adultos y a los padres. Los profesionales estaban muy contentos con el resultado. La reacción de los niños fue muy interesante porque cada uno vio la película de una manera muy diferente y que curiosamente correspondía con su mundo y su relación con este, una experiencia singular para cada uno de los protagonistas. Los padres también estuvieron encantados de ver la cinta. En primer lugar porque vieron que sus hijos eran felices en esta institución y eso es muy importante. Poder ver sus escenas cotidianas: como se levantan por la mañana hasta que se van a dormir. Para muchos padres fue agradable ver que para cada niño el momento de ir a dormir, por ejemplo, era diferente según sus necesidades. Algunos niños insistían en que les explicaran un cuento, otros en ir a dormir debajo de una cabaña, se trataba de una relación muy atenta con ellos. Los padres estuvieron contentos de poder ver esas atenciones. Para algunos ver la película les permitió entender cosas sobre sus hijos que hasta ese momento no habían captado. Fue muy fuerte y emotivo para ellos.

Usted viene de una familia de artistas: sus padres pintores, su hermana actriz. ¿Cómo influye su historia familiar en su mirada?

Influye por muchísimas razones. Es complicado de explicar. Mi madre era pintora. Murió cuando yo era muy pequeña. Hice una película que se llama ‘Historia de un secreto’. Murió después de un aborto clandestino y me lo ocultaron durante mucho tiempo es por ello que hice esta película del secreto. Supongo que las ganas de explicar historias y las ganas de entender motivan el hecho de que yo me dedique a los documentales. Con mi trabajo busco entender algo de lo real y darle un sentido. Esta respuesta parecería un poco de psicología barata (risas) pero pienso que realmente en mi trabajo hay un deseo de hacer entender y ver aquello que es invisible. Pienso que el arte, el cine, la pintura están aquí para hacernos ver aquello que de entrada no vemos, para hacer aparecer el sentido y la belleza. En todas mis películas intento explicar historias dramáticas o difíciles pero enseñar a través de ellas la belleza, la belleza humana y de cómo aquello que pueda parecer trivial, en el fondo, tiene algo de extraordinario.

Cartel del documental 'A cielo abierto'. Se estrena en cines el 24 de octubre y se podrá ver online a través de Filmin a partir del 3 de noviembre.

Cartel del documental ‘A cielo abierto’. Se estrena en cines el 24 de octubre y se podrá ver online a través de Filmin a partir del 3 de noviembre.

María José Muñoz i Juan Bauzá, psicoanalistes: “Nuestra experiencia, la del psicoanálisis, pasa por una lectura y una escritura”

María José Muñoz y Juan Bauzá, ambos psicoanalistas en Barcelona, acaban de publicar su Introducción a conceptos lacanianos. Estructura y estructuras en psicoanálisis II. Símbolo, significante y letra, continuación del primer volumen publicado en 2010. Para celebrarlo, los hemos entrevistado para La Casa de la Paraula.

Por Miquel À. Riera

Buenos días, lleváis más de diez años realizando un seminario de trabajo sobre Freud y Lacan y fruto de eso es el presente libro y su antecedente, ¿qué motivó y qué motiva tal empresa?

María José Muñoz (MJM): Motivó quizás, aunque suene un poco pedante dentro del mundo del psicoanálisis, una especie de retorno a Lacan. Hacer un tipo de lectura que no se había hecho en la medida en que Lacan estaba vivo o bien, en los años ochenta, en que todos los que transmitían Lacan habían estado con Lacan. Entonces se estableció un tipo de lectura donde se comenzaba por cualquier seminario y eso, por una parte estuvo bien porque se tiene que comenzar por algún sitio en una obra que era desconocida sobre todo en España, pero dejaba fuera lo que sería una lectura cronológica que permitiera ver desde dónde partía Lacan, no solamente con Freud, sino incluso con su pasado psiquiátrico. Como base fundamental había una pregunta que venía de que a Lacan se le había colocado y se lo sigue colocando dentro de la línea del estructuralismo. Entonces, teníamos una orientación que era la de tratar de establecer bien lo que en psicoanálisis llamamos una estructura. Y además darle su vertiente clínica, que sería las estructuras clínicas. Poder diferenciar entre lo que sería el estructuralismo y, por otra parte, la estructura del sujeto y las estructuras defensivas freudianas. Este fue el inicio.

Juan Bauzá (JB): Hay una cosa que dice precisamente Lacan en la última conferencia que da en Venezuela que es que “Yo soy un freudiano y si quieren les toca a ustedes ser lacanianos”. Lacan propuso un retorno a Freud porque consideraba que había habido toda una desviación de lo que Freud proponía y del carácter subversivo del sujeto en relación al psicoanálisis y yo creo que, precisamente, después de la muerte de Lacan se plantea la cuestión de lo que podríamos llamar un retorno a Lacan. ¿En qué sentido? Yo pienso que porque se ha hecho una lectura, podríamos decir, muy imaginaria de Lacan. ¿Qué quiero decir con esto? Que no se ha tenido en cuenta lo que a mi entender es el eje fundamental de lo que conduce su enseñanza y su obra que justamente es la estructura y las estructuras en psicoanálisis; constituye la noción de estructura. Pero claro, esa estructura, y por eso se ha dicho que Lacan era estructuralista, y yo también lo creo así, no es una estructura simplemente en el sentido podríamos decir “filosófico” de estructura, sino que también una estructura que da mucha importancia a la lógica y a la matemática. ¿Por qué? Porque parte, dentro de la estructura lingüística, de la noción de la lógica del significante que comporta necesariamente una ampliación, una modificación de la lógica para que incluya al sujeto, el sujeto que de alguna manera es el sujeto excluido de la ciencia. Se parte de una re-inclusión. Esta re-inclusión comporta tener muy en cuenta lo que es, no sólo la estructura lingüística, sino también la estructura matemática, en el sentido de la matemática moderna. Y la idea de hacer este seminario era precisamente, la idea de ese retorno a Lacan con ese hilo conductor, que sería la importancia que tiene, por una parte, la estructura lógico-matemática y, por otra parte, la re-inclusión en ella de eso excluido: la noción de sujeto.

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Costó siglos ver operaciones matemáticas que hoy en día son evidentes para un niño de nueve años. ¿Podría ser esto algo parecido a lo que decís?

MJM: Justamente el otro día, hablábamos de la fobia que tienen muchísimas personas a las matemáticas. A la lógica también, pero sobre todo a las matemáticas. Yo creo que no se ha entendido, en general en la sociedad, y no se ha transmitido que las matemáticas son un lenguaje más. Y dentro de ese lenguaje intenta atraparse algo que, Lacan mismo lo va a decir, que es capaz de conectar con lo real y que permite un cierto entrenamiento de lo que tendría que ver con la cuestión de la verdad del sujeto, es decir, una verdad que no es LA verdad sino que se tiene que trabajar. En este sentido el ser humano necesita trabajar esta cuestión de la verdad y el sistema lógico-matemático permite ese acercamiento a la verdad que lo acerca a lo real y que lo acerca a la conexión entre un sistema simbólico y un real. Entre una discontinuidad y una continuidad, que es lo real. Entonces yo creo que sí hay una resistencia porque el plano imaginario siempre está pensando que hay algo que se puede atrapar de forma directa y no con una labor.

JB: La fobia, en este sentido, es una estructura defensiva y daría cuenta de una resistencia. Y hay que tener en cuenta que lo que fundamenta buena parte de la ciencia es precisamente la lógica matemática. Ésta es lo que introduce la racionalidad científica, y ¿qué quiero decir con esto? Que es aquello que pretende atrapar lo real. ¿Cuál es el problema? Que precisamente eso real, podríamos decir, que es lo que al contrastarse con lo imaginario del sujeto, que estaría bastante condicionado y determinado por el deseo y el narcisismo, ese sujeto al confrontarse con ese real se va a topar con algo que es el suporte material de algo que podría ser una satisfacción y es necesario pero a la vez, se puede topar precisamente con aquello que impide o imposibilita esa satisfacción inmediata que estaría vinculada con el principio del placer. En ese sentido, habría una resistencia por parte del sujeto e incluso por parte de quienes pueden estar trabajando en psicoterapia o en psicoanálisis porque justamente ese real confronta al sujeto con una imposibilidad de satisfacción del deseo en su totalidad, de una forma absoluta.

Por otro lado, distinguís en el libro, siguiendo a Lacan, el campo de la exactitud del registro de la verdad.

MJM: Ahí hay uno de los ejes fundamentales de este libro: el hilo que Lacan establece en ese momento entre lo que sería un sistema simbólico que por una parte está muy pegado, y por eso toma la etología, diría yo, como base a lo que sería el signo y, por tanto, a lo imaginario. Entonces, en ese sentido va a aparecer en Lacan un sistema simbólico que es como un automático, como una especie de código que se parece a lo que sería el código de los animales. ¿Qué quiere decir? Que ese campo de la exactitud, Lacan en esos momentos lo está hablando como el campo donde se encuentra el sujeto en un código: de la sociedad, familiar, etc., y ahí lo que se juega es la exactitud del propio sistema. Es una especie de automático; lo automático del sistema. Entonces, en ese momento, para él de lo que se trataría es que eso que, en La carta robada por ejemplo, los protagonistas creyendo ser los actores de la acción, en realidad están sujetos a los lugares que la estructura determina. Entonces son como una especie de signos donde en cada casilla va a venir ocupada por uno de los personajes. Y esas casillas son fijas y los personajes van a ir pasando por esas casillas porque es como una especie de automatismo. Ahí estamos hablando del lado de la exactitud en ese sentido de que es automático, que es una estructura quien determina eso. Sin embargo, en la segunda vuelta, cuando intenta dar cuenta de esa segunda vuelta, de ese saber dentro de lo simbólico humano, allí lo que va a estar en juego va a ser la búsqueda de la verdad, y la búsqueda de la verdad la instituye en esos momentos, en un sistema, la parole en contraposición a mot -que estaría del lado de la exactitud. La palabra como la liberadora ¿por qué? Porque en esos momentos justamente, lo que conlleva la pregunta sobre la verdad, es decir, hacer de la verdad una causa, es el sistema de equívoco del significante. Si podemos decir que hay una cara de signo del significante, que está del lado de ese imaginario pegado más al código animal, será la pregunta por la verdad, el hecho de que el sujeto de alguna manera tenga que preguntarse sobre si lo que se dice es verdadero o no es verdadero, lo que está colocado en la segunda vuelta. Esa segunda vuelta la diferencia como la que buscaría el reconocimiento, la verdad en el otro. No sé si te contesto, más o menos. Por ejemplo en las formaciones del inconsciente: él va a poner que de entrada con lo que se encuentra el sujeto es con un código y una serie de mensajes. Y es la cadena de los significantes lo que le permite poder preguntarse por la verdad, en la medida en que el significante implica el equívoco, la mentira… eso conlleva preguntarse por la verdad. No va a ser así más adelante, donde justamente va a poner de entrada, el significante como la posibilidad de un efecto de sentido que lleva en sí mismo el efecto del equívoco.

JB: Esto es, se podría decir, como la contraposición entre lo que es un sistema formal, por ejemplo, cuando coges un libro y tienes un texto con letras y cómo la verdad se plantea a partir de que se introduce en ese sistema formal el sujeto de la enunciación. Y el problema es transformar lo que son simplemente letras, una sintaxis, o la idea de mot en francés, que sería una palabra vacía. Introducir allí la significación vinculada al sujeto y en esa significación la cuestión de la verdad del sujeto que antes del momento en que planteamos la existencia de lo inconsciente habría un doble registro: estaría por una parte aquello en lo que el sujeto habla y con lo que se identifica a través del yo, de la consciencia; y aquello que dice en ese decir sin que sea consciente de eso que dice y que, incluso en un momento dado, en un lapsus por ejemplo, puede llegar a decir algo que no tenía la intención de decir. Esto introduce precisamente lo que estaría vinculado con la verdad de ese sujeto.

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Tratáis de demostrar, también, cómo Lacan diluye dicotomías como forma-contenido, relato-estructura, etc. ¿Qué me decís de otras dicotomías como ciencias-humanidades o matemática-poesía?

MJM: ¿Ciencias y humanidades? Me parece totalmente absurdo. Es decir, siempre me ha parecido absurdo. Porque las ciencias o las humanidades, o lo que se consideran las disciplinas humanitarias no dejan de ser un producto de los seres humanos. Eso no quiere decir que en cada una de ellas no pueda haber una peculiaridad. Pero lo que está claro es que son todas ciencias humanas, ahí no hay diferencia entre ciencias humanas y “ciencias”. Por otro lado es verdad que el objeto del que trata la ciencia se le supone un objeto inanimado, que no es un sujeto y entonces, que en todo caso, tendría que considerarse esa diferencia como objeto. Pero está claro que el que lee ya es un sujeto, tanto los científicos como otros. Es un sujeto y por lo tanto está sujeto a eso mismo, a ese sistema simbólico del que se parte. Sistema simbólico que además tiene una historia, es decir, tiene todo un saber acumulado y que eso determina también lo que se puede abordar y no abordar. Pero en la medida en que es leído por un sujeto, el investigador o el que sea, entra en lo que sería lo humano. No sé si me acabo de aclarar. Esto por una parte, respecto a la poesía: yo creo que hay algo fundamental en la poesía. Creo que es una función, sobre todo hablando de las figuras retóricas, metafóricas y metonímicas y todo lo que tiene que ver con los tropos. Lacan cuando habla de la metáfora o la metonimia, las resuelve en una fórmula matemática. No es en acto, aunque se pueda poner en acto en un análisis, sino que obedece a una estructura la que, justamente, da cuenta por ejemplo de lo que sería la función de sustitución de lo metonímico del deseo. El pasaje de esto metonímico del deseo a lo que sería la vertiente de la represión bajo la barra, es decir, la utiliza como una función matemática de sustitución. Yo creo que dentro de la poesía no es así. Una metáfora no es una función de sustitución. Sino que te efectúa un tipo de sustitución. Y está en acto. Lacan siempre ha dicho que la función de la metáfora no es una metáfora; es una función matemática donde pueden venir a ocupar esos lugares cosas que están ya fijadas dentro de la propia teoría. Y una metáfora poética creo que no pasa por allí. Se efectúa pero no pasa por allí.

JB: Yo hay una cosa que cuando comencé a leer a Lacan me apasionó y es precisamente esa incorporación que hace de la literatura, la filosofía por una parte y, por otra parte, de la matemática, de la lógica, de la lingüística y para mí esto comporta una superación precisamente de esa división entre ciencia y humanidades. Esta división a mi entender tiene que ver justamente con la contraposición clásica entre objeto y sujeto. Que podría simbolizarse como una esfera, es decir: por una parte, tendrías lo que está en el interior de la esfera, que sería el sujeto y lo que está en el exterior que sería el objeto. Lacan hace una ruptura con esa topología y pasaría a un tipo de estructura como puede ser el plano proyectivo o la botella de Klein, donde no hay exterior y el interior se confunde y, a partir de allí, si las ciencias pretenderían ser las ciencias de los objetos exteriores; y por otra parte, las humanidades son lo que llamaríamos ciencias del sujeto, es decir, que incluirían al sujeto. ¿Cuál es el problema? Que, a partir de esa ruptura de Lacan, lo que aparece como ciencias supuestamente del objeto están marcadas por el sujeto, que Lacan lo va a definir como el sujeto de la ciencia, no son exteriores a ese sujeto, están vinculadas y eso requiere incorporar la importancia que puede tener el lenguaje, la letra, en las ciencias normales. Y, por otra parte, en cuanto a lo que serían las humanidades, que serían la ciencia del sujeto, a la vez, vamos a decir que la precisión y la cientificidad de esas humanidades es justamente lo que debe introducir toda una serie de recursos formales que producen las ciencias lógico-matemáticas. Eso justamente permite esa marca que puede tener, por una parte, el objeto del sujeto; y, por otra parte, el sujeto del objeto.

¿Cuáles creéis que son los vínculos actuales entre psicoanálisis y ciencia?

MJM: A ver, es que yo creo que ahí habría que diferenciar en cuanto a lo que sería lo que se considera la ciencia en términos de positivo de Popper y demás, y lo que sería la base lógica que sostiene a esos sistemas. Entonces, lo que sería la base lógica que sostiene esos sistemas ha sido trabajada y reformulada pero no incluidas dentro de lo que se sigue considerando la ciencia que tiene su máximo modelo en las ciencias experimentales. Hay en común la base lógica, que es el rigor que se pretende para cualquier tipo de abordaje de la realidad, de los sujetos, etc. Entonces tienen en común eso, pero generalmente lo que se suele mantener como lo que diferencia, por ejemplo, al psicoanálisis es el hecho de lo experimental y no el hecho de la lógica que subyace. Entonces, desde ese punto de vista se sigue pensando, desde esa división que se sigue haciendo, las ciencias serían el modelo experimental y ahí el psicoanálisis quedaría totalmente fuera. Pero si se considera desde las bases de la lógica que sustentan un sistema teórico, el psicoanálisis es, en ese trabajo que ha hecho Lacan y que está haciendo Vappereau -o el que intentamos nosotros y el que yo creo que hay que hacer-, es el del rigor lógico-matemático que permite poder dar cuenta de la validez del sistema y de la consistencia del sistema. Ahí también me parece que es por lo que insistimos de lo lógico-matemático. Por otra parte, yo creo que una de las cosas que se tienden a olvidar es que, a ver, o que hay un prejuicio, pues es cierto que Lacan hace muchas críticas tanto a la ciencia como a las matemáticas o la lógica, pero a la vez, lo va cogiendo. ¿Qué quiere decir? Que él está cogiendo ese modelo de rigurosidad y por otra parte está intentado que en ese modelo, que Juan decía que se deja fuera al sujeto, esa lógica, introduzca al sujeto. Entonces Lacan está todo el tiempo intentando, con la lógica, el rigor de lo lógico, que sustente ese rigor e incluya al sujeto. Para eso para lo que siguiendo muy estrictamente porque la gente dice que no, que es una lógica más o menos vaga para que pueda incluir al sujeto. Yo creo que no, que es la lógica clásica sólo que teniendo en cuenta las dimensiones de los efectos del inconsciente. Es decir, como aparece, etc. Eso tiene su lógica, y ya Freud en La interpretación de los sueños intenta dar cuenta de la lógica que subyace, que no es una lógica clásica en el sentido de la consciente. NO y sí. NO porque está en contraposición a lo que él conocía de la lógica clásica pero ojo porque la lógica clásica ha cambiado muchísimo. Sobre todo con la vertiente en la que se ha introducido la matemática. Hoy tenemos la lógica matemática. Entonces, esa lógica matemática permite introducir lo que los lógicos dejan fuera a la vez en que, en la medida en que siguen investigando están dando herramientas para poderla hacer. Ese es el reto que nos parece que los psicoanalistas tenemos: la de poder dar cuenta de la rigurosidad lógica, en una lógica clásica, pero sabiendo que esta lógica clásica ha ido modernizándose y que en estos momentos hay muchísimas herramientas para poder dar cuenta de lo que podríamos llamar fenómenos de la clínica psicoanalítica, es decir, que introduzca al sujeto barrado.

JB: El tema de ciencia y psicoanálisis es un tema fundamental pienso. Y hay un escrito que es el que cierra precisamente los escritos que es La ciencia y la verdad y que justamente ese escrito es el único que Lacan va a leer en su seminario en lo que sería el principio del seminario del objeto del psicoanálisis, es decir, dónde se pregunta por cuál sería el objeto del psicoanálisis. Entonces en este sentido este escrito es un texto a mi entender fundamental en relación al tema ciencia y psicoanálisis y hay varias cosas que dice, pero dos de ellas quiero destacarlas: primero, cuando se critica y se suele destacar del psicoanálisis que no es una ciencia. Justamente Lacan va a introducir que el psicoanálisis no sólo no es una ciencia sino que es un paso-de-ciencia, es decir, que en ese sentido, por un parte no se podría identificar con lo que sería la ciencia o, vamos a decir, la ciencia clásica que estaría fundamentada en una teoría de la ciencia que puede ser la teoría de la ciencia del positivismo lógico o simplemente el positivismo a secas. Y, por otra parte, es un paso-de-ciencia en el sentido de que introduce dentro del mero formalismo científico eso que va a llamar el objeto a, causa del deseo, y va a decir finalmente el objeto del psicoanálisis no es el objeto a, curiosamente, sino que va a decir el objeto del psicoanálisis es la función del objeto a. Y en ese sentido es fundamental para que la ciencia precisamente no tenga los efectos destructivos que ha tenido y sigue teniendo justamente esa introducción del sujeto y de la función del objeto a causa del deseo.

Sin embargo, antes que nada el psicoanálisis es una experiencia y una praxis. ¿Cómo se combinaría esta estructura teórica con este hecho?

JB: El problema es que, con lo que decía María José en relación a las ciencias experimentales, es que se sigue pensando en términos de que primero es la experiencia y después sobre la abstracción de esa experiencia que se construye la ciencia. Es decir, que no se tiene en cuenta lo que Lacan va a introducir que es la idea de primacía del significante. Si antes, se puede ver con los niños, uno no introduce toda la cuestión del lenguaje es imposible un ordenamiento, de lo real y del mundo, que permita justamente hacer ciencia. Y en este sentido es tan fundamental la introducción del lenguaje que es lo que va, en toda la cuestión de las personas que nacen sordomudas por ejemplo, todo lo que va de lo que podría ser una minusvalía o un retraso mental, donde no va a ser sino a partir del momento en que precisamente se introduce el lenguaje que empieza la mejora. En este sentido es lo que se descuida: que una praxis de algún modo no es posible si antes no ha habido un lenguaje que de alguna manera la permita. Algo que es del orden de una serie de recursos simbólicos que se introducen en un momento determinado. Esto supone un corte en todo saber científico y permite ver las cosas de otra manera, por ejemplo, todo el corte que supone el paso del sistema de Ptolomeo al sistema de Copérnico. Es decir, más bien la experiencia vendría a confirmar o a la falsear lo que ha sido un proceso puramente teórico.

MJM: De todas formas, una de las cosas que me parece que Lacan intenta subrayar y que cuando habla de causa material está apuntado, es que nuestra experiencia, la del psicoanálisis, pasa por una lectura y una escritura. Nos movemos dentro del discurso del analizante y de lo que en ese discurso se puede leer desde lo imaginario o desde ciertas herramientas que uno ha tomado desde lo que es el psicoanálisis y trabaja desde ahí. Si tienes unas herramientas que te permiten saber que no sólo hay determinadas conexiones de pensamientos, como dentro de la psicología, sino que además hay unas estructuras, unas operaciones que se han dado en el sujeto, y que, por ejemplo, en la estructura del fantasma van a ser fijas y que esa fijeza es lo que está dando toda una serie de declinaciones en síntomas. Eso permite poder operar desde esas operaciones y con ellas en la singularidad de ese sujeto. El pensamiento y las operaciones están dentro de un discurso que puede pasar por actos, experiencias pero que en todo caso están relatadas como discurso que es un poco lo que Lacan con el relato de Allan Poe intenta dar cuenta. En un relato se pueden encontrar las estructuras de las que está hablando el psicoanálisis.

JB: Precisamente esto se puede ver en las exposiciones clínicas que siempre están muy infiltradas de lo que sería la teoría y que en ese sentido es fundamental lo que sería la lectura y la escritura y el relato. Y que precisamente, en el caso de la psicosis, por ejemplo, al tener un fallo en lo que Lacan llama la metáfora paterna, el psicótico no se da cuenta de que está leyendo. Hay un rechazo de la lectura que está haciendo de la realidad. Al negar esa lectura, ésta aparece como la realidad.

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Una cuestión de lectura y escritura. ¿Creéis que sabemos leer?

JB: Yo creo que hay un analfabetismo del sujeto. Y que precisamente cuando Lacan dice que de lo que se trata en un análisis es del bien-decir o sea, de alguna manera lo que el sujeto debería aprender en un análisis, es curioso decirlo, es a leer y a escribir y a hablar. Algo tan elemental y básico como eso. ¿Qué supone eso? Supone que él pueda introducir en eso al sujeto de la enunciación -y darse cuenta también de ello.

MJM: Yo creo que el problema fundamental es ese y una de las cosas que siempre digo y comento con profesores es que se da una educación donde lo que se busca es la fijeza de signos. Muy poco lo que sería el sistema simbólico que el ser humano tiene. Nuestro segundo libro apunta fundamentalmente a esto. Nos seguimos comportando como si fuésemos “animalots”. Creyendo que lo que vemos enfrente es lo que es, que no estamos regidos por un sistema simbólico que tamiza y que realmente determina la percepción. En ese sentido, las palabras se convierten en objetos. La posibilidad precisamente de ver que son significantes, de ver que están abiertos a muchas significaciones -a pesar de estar acotadas puesto que no todas son válidas en un momento histórico determinado- lo cierto es que los seguimos viendo como signos y no como significantes. En ese sentido leemos fatal. Como si fuéramos animales que lo que perciben es lo que es.

JB: En este lo que es del orden de la lettre, que es del orden de la lectura, se confunde con l’être, con el ser. Por eso va a ser tan importante la obra de Heidegger que precisamente va a distinguir lo que es el ente como un efecto del lenguaje de lo que es el ser. Y en ese sentido se produce una división del sujeto y aparece toda la problemática de lo que él va a llamar del Dasein, es decir, de un ente que, justamente no tiene una comunicación directa con el ser porque está mediatizado por el lenguaje, es un ser abierto y sufriente al ser, en relación con el ser.

Finalmente, ¿qué balance hacéis del psicoanálisis en el siglo XXI, más 100 años después de su nacimiento?

MJM: A ver, como propuesta sigue siendo válido y absolutamente necesario. Como momento en el que se encuentra, creo que hay mucho trabajo por hacer para precisamente darle el rigor que necesita en estos momentos. No se puede ir con teorías antropológicas o míticas para responder a qué es el psicoanálisis. De eso los psicoanalistas deben ser conscientes que, en un momento en que los jóvenes han tenido una formación y exigen cierto rigor en aquello que afrontan, hay que estar a la altura. Sí es verdad que hay ataques desde muchos tópicos acerca del psicoanálisis, pero se sigue respondiendo desde los tópicos. Es hora de ir respondiendo desde el rigor que tiene la teoría psicoanalítica. Ese fue el esfuerzo máximo de Lacan al darnos herramientas fundamentales que están todavía sin desplegar o trabajar a fondo. En ese sentido, veo un momento actual con mucha potencialidad pero en general no es un momento muy brillante del psicoanálisis. Creo que, en parte, cuando el estado hace ofensivas para meter al psicoanálisis en las psicoterapias, hay una parte de la responsabilidad del psicoanálisis al no saber responder desde el rigor sino desde el retraimiento a posiciones de “que siempre ha habido una resistencia al psicoanálisis”. Es verdad pero como toda resistencia tiene su aspecto regresivo y progresivo. Aquí lo progresivo sería trabajar en cómo argumentar y fundamentar lo que se está trabajando y por qué es diferente a otras disciplinas.

JB: Efectivamente el psicoanálisis lleva más de 100 años. Este año se va a cumplir el centenario de la Introducción al narcisismo de Freud. Yo pienso que estamos en los comienzos y que queda muchísimo trabajo por hacer y que ese trabajo es delicado porque es un trabajo por hacer en un sistema social o mundial que más bien iría en contra de aquello de lo que se trataría. En vez de estar al servició del sujeto, sería un sistema donde los sujetos siguen estando como objetos de una serie de personas, de grupos dominantes y eso es un problema. Si el psicoanálisis me parece actualmente una de las cosas, si se respeta su estatuto, más importantes y subversivas en cuanto a una posibilidad de cambio y, si eso no se produce, yo pienso que va a haber un deterioro cada vez mayor del mundo y del ser humano. Este deterioro es precisamente el efecto destructivo que produce esa desconsideración el sujeto, tanto hacia el sujeto como hacia fuera del sujeto -ahí tienes todos los problemas de tipo ecológico e incluso de aumento de enfermedades a pesar de que a la vez se producen avances médicos. Puede llegar un momento en que todo esto se vaya de las manos y si se consigue la eliminación del sujeto, para mí, es el principio del fin. O todo lo contrario: si justamente el sujeto es lo que es reivindicado, aunque sea en estos momentos por parte de pequeños grupos, por parte del psicoanálisis, esto es lo que tal vez va a permitir, y lo veo complicado y difícil, más bien en ese sentido soy pesimista –como Freud y Lacan- , es lo que permitiría salvar de algún modo el mundo de su autodestrucción. Por otra parte hay otro tema, y con esto voy a terminar. Es la cuestión de la institucionalización. El problema de los psicoanalistas es el seguir atrapados entre el deseo de reconocimiento, siempre precario, y el reconocimiento del deseo. O sea, el deseo de reconocimiento es lo que lleva a esperar y a pedir al Estado y a la Ley, para que el analista pueda estar tranquilo, la institucionalización y la legalización cuando justamente de lo que se trata, si se reconoce el deseo, de resistir y justamente no pasar por ahí. Pues eso supone la destrucción del psicoanálisis y del psicoanalista. El deseo de reconocimiento de ese Otro es lo que puede llevar a una alienación hacia esa demanda del Otro que lleve a una negación del sujeto que interesa y que sólo es posible a partir de un cuestionamiento de esa demanda del Otro, de esa alienación y de ese reconocimiento.

Antonio Pérez-Sánchez, psicoanalista: “No pretendo que el libro sea un manual porque la clínica desborda los manuales.”

El doctor Antonio Pérez-Sánchez, psiquiatra, psicoanalista, miembro y expresidente de la Sociedad Española de Psicoanálisis, y docente del Institut de Psicoanàlisi de Barcelona ha publicado Psicoterapia breve psicoanalítica. Una experiència de psicoanálisis aplicado. Clínica y teoría. (Xoroi edicions, 2014). La actualidad del tema, no sólo para quienes trabajan en Instituciones, y el interés del libro nos ha llevado a entrevistar al doctor Antonio Pérez-Sánchez para La Casa de la Paraula.

Entrevista realizada por Magne Fdez-Marbán

        

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¿Qué le llevó a los estudios de psiquiatría?

Yo diría que mi interés por la psiquiatría tiene que ver básicamente con la tarea profesional que realizó mi padre. Él era practicante en Níjar, provincia de Almería, lo que hoy sería un ATS: ponía inyecciones, asistía partos y era un hombre que sobretodo tenía una muy buena relación con la gente. Él hablaba con la gente y esa capacidad de mi padre para contactar con la gente estaba muy presente en casa, de manera que fue una de las fuentes de mi interés por ayudar a las personas. Otro elemento que interviene de una manera más concreta en mi interés por estudiar psiquiatría y más en concreto por el psicoanálisis tiene que ver con que mi hermano mayor estudió psiquiatría y luego se hizo psicoanalista. Fue una referencia para mí. Todo esto y mi interés por las llamadas humanidades, cuajaron en la idea de estudiar psiquiatría, porque mi interés en curar a la gente a través de la medicina no era suficiente, necesitaba de ese otro complemento de las humanidades; y la psiquiatría conjuntaba las dos, y de manera particular la psiquiatría orientada psicoanalíticamente.

Mi padre fue capaz de escuchar mucho a la gente y de hablar en términos muy sencillos y de compartir situaciones dolorosas con ellos. Creo que fue una de les lecciones no explícitas pero perceptibles en mi infancia que calaron como un punto de referencia muy importante en mi interés para ayudar a otros a través de la psiquiatría y el psicoanálisis.

Un padre que hablaba con la gente y ayudaba a que nacieran niños.

Sí, no se limitaba por ejemplo a poner inyecciones, a asistir partos o a curar determinadas lesiones de pequeña cirugía sino que todo eso él lo acompañaba de una conversación, de una capacidad de establecer una relación que hacía posible que la intervención concreta, de un parto o una cura fuera mucho más viable, mucho más tolerable para sus pacientes.

¿Estaba en contacto con las brujas del pueblo?

La verdad es que no. En este sentido tenía una actitud más bien científica, era racional y era respetuoso con toda la gente del pueblo. Tampoco recuerdo que hubiera curanderas en aquellos años cincuenta en el pueblo.

nijar1 Níjar (Almería)

¿Y ese interés de su padre por lo racional de dónde venía?

Es curioso, en la familia de mi padre eran barberos. Y en las barberías se habla. Es tradición que entre los barberos surja la profesión de practicante. Mi padre empezó como barbero, una profesión que se presta al contacto con la gente, esa fue su primera experiencia profesional y luego se interesó por hacer algo más y estuvo en Granada para conseguir el título de practicante y empezar a ejercer como tal.

¿Y su madre?

Una mujer muy fuerte y con mucho ímpetu. De alguna manera supo salir de su destino en el campo de Níjar de aquellos años. Nació en un cortijo y de pequeña no pudo estudiar. Sin embargo, se trasladó al pueblo, trabajó, conoció a mi padre y nos transmitió el interés por hacer cosas más allá de lo que nos envuelve. Creo que fueron una pareja que se complementaron muy bien.

¿Dónde estudió psiquiatría?

Después de hacer el bachillerato en Almería estudié hasta tercero en la Facultad de Medicina de Granada. En ese momento mi hermano Manolo, que es bastante mayor que yo, ya estaba en Barcelona y había iniciado la especialidad de psiquiatría. Como dije, yo ya estaba interesado en la psiquiatría y hacía tiempo que me atraían las humanidades. En Granada simultaneé la asistencia a la Facultad de Medicina y a la de Filosofía y Letras. Y hubo un momento en el que tuve una cierta crisis vocacional en el sentido de que las letras me tiraban más. Fue en tercero de Medicina, cuando acudí a las clases de filosofía como oyente, pero cuando llegó la época de los exámenes parece que fue más fuerte el sentido de responsabilidad y de obligación, el superyó, diría hoy, y desistí de abandonar en mitad de la carrera de Medicina; asi que me puse a estudiar y curiosamente fue el año que mejor resultado académico tuve, quizá porque fui a los exámenes sin la ansiedad propia del que teme que no aprobará. Allí vi más claro que dar satisfacción a mi inquietud por las humanidades podría canalizarse a través de la psiquiatría, y de manera más concreta por el psicoanálisis, ya que mi hermano estaba empezando en el ámbito psicoanalítico. Y eso me impulsó a venir a Barcelona, a continuar la carrera de Medicina. Una vez aquí, también quise seguir algunas clases de Filosofía, y tuve la oportunidad de asistir a las clases de Emilio Lledó, en esa época ocupala una cátedra en la Universidad de Barcelona. Daba dos materias, Historia (de la filosofía) antigua y Historia de la Filosofía contemporánea. Y acudía a las dos. Terminé la carrera de Medicina claramente orientado hacia el psicoanálisis.

¿Reconoce o tuvo algún maestro en el campo de la psiquiatría?

Acabé la carrera en la Facultad de Medicina de Barcelona, como digo, y empecé la especialidad de psiquiatría en el Departamento de esta especialidad del Hospital Clínico de dicha Facultad. En ese momento ocupaba la cátedra el profesor Ramón Sarró, un hombre que al principio tuvo interés por el psicoanálisis pero que luego, según él decía, quedó decepcionado de su contacto con Freud y de sus inicios de análisis personal en Viena. De todos modos, esa ambivalencia suya le permitió aceptar que los primeros psicoanalistas de Barcelona acudieran a su cátedra y ahí fue donde entré en contacto con el doctor Pere Bofill, fue uno de los fundadores de la Sociedad Española de Psicoanálisis, junto a otros psicoanalistas de generaciones posteriores de los cuales recibí y aprendí mucho. Todos ellos colaboraron en la cátedra de psiquiatría, primero con Sarró y luego con Joan Obiols de otra línea psiquiátrica pero tolerante hacia el psicoanálisis.

¿Empezó a analizarse cuando acabó sus estudios de psiquiatría?

Empecé mi análisis justo al iniciar la especialidad de psiquiatría. Es decir, nada más terminar la carrera de Medicina, al tiempo que hacía el primer curso de la especialidad de psiquiatría. Tenía claro que debía comenzar mi análisis por razones personales; era una experiencia terapéutica que necesitaba, además de por mi interés en la orientación psicoanalítica que quería dar a mi trabajo dentro del ámbito psiquiátrico.

Siempre con el mismo analista

Si, hice mi análisis con el mismo analista y fue una experiencia muy satisfactoria.

¿En qué?

En el sentido de que obviamente el psicoanálisis supuso un antes y un después en mi vida. Son muchos años de estar con una persona compartiendo tus dificultades, tus intimidades y tus problemas y encontrando vías para enfrentar esas dificultades. Pero sobre todo satisfactorio, creo, por la cada vez mayor conciencia, a medida que pasa el tiempo, de que el beneficio del psicoanálisis es algo permanente desde el momento en que terminé el análisis hasta hoy en día. Es decir, me parece una experiencia en la que se fue sembrando mucho durante su realización y que por tanto ha ido dejando una serie de semillas que han ido creciendo, aunque fertilizando en momentos distintos a lo largo de mi vida. Es decir, que el progreso personal no acaba con el análisis sino que sigue ahí, probablemente toda la vida, una vez terminado. Para mí, pues, lo básico de la experiencia analítica es cómo deja ese poso fértil que permite que sigas creciendo con las herramientas y los recursos que te ha dado.

¿Y ha sentido la necesidad de analizarse otra vez?

No, la verdad es que el análisis ha producido las suficientes semillas como para seguir con mi autoanálisis de manera que permita continuar el crecimiento toda la vida, como decía. Y las experiencias de la vida podemos considerarlas como complemento de la experiencia psicoanalítica, el abono para que sigan prendiendo dichas semillas. Una vez finalizada la experiencia analítica con tu analista, uno solo continua mediante el autoanálisis, pero necesita de otras experiencias de la vida, parar retroalimentar ese autoanálisis. Es decir, otras experiencias con las que uno crece. Y esas otras experiencias le hacen pensar a uno porqué son satisfactorias o no, porqué aciertas o te equivocas, contigo y con los demás, de manera que es una actividad inacabable. Por tanto no veo la necesidad de un reanálisis en la medida que puedo continuar adelante con los recursos que me proporcionó para seguir creciendo. Diría que si uno se rodea de personas con las que hay ese estímulo mutuo de seguir aprendiendo no me parece necesario otro análisis. Al menos de momento, no.

¿Acaba sus estudios y empieza su actividad profesional?

Acabo mi formación como psiquiatra en el Hospital Clínico de Barcelona y ese momento, 1975, es una fecha muy particular, tanto desde el punto de vista profesional como sociopolítico del país, porque es la agonía del franquismo, por una parte, y, por otra, es también el período de la revisión crítica de la asistencia psiquiátrica. Es el momento de lo antiinstitucional y de la antipsiquiatría. Los psiquiatras jóvenes que empezamos a trabajar en ese momento en hospitales psiquiátricos de pacientes crónicos, como en mi caso en el manicomio de Sant Boi, iniciamos, junto con otros hospitales psiquiátricos de Cataluña y de España, un movimiento en el ámbito de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN) que tuvo unas consecuencias, entiendo que realmente fructíferas, en el sentido de denunciar la situación de la asistencia psiquiátrica sobre todo de los pacientes psicóticos de larga estancia que vivían en condiciones inapropiadas. Aquella denuncia tuvo como fruto una revisión de la propia asistencia psiquiátrica y unos logros importantes. De manera que los nombres y la obra de Laing, Cooper, Basaglia, en ese momento estaban muy presentes entre los psiquiatras jóvenes. Quienes estábamos orientados en el psicoanálisis tratábamos de no ver contradicción entre esa postura antipsiquiátrica y el psicoanálisis, porque en ese época del franquismo el psicoanálisis constituía también una forma de postura crítica que reivindica el pensamiento libre. En la época de Franco, como es sabido, la psiquiatría oficial tenía una orientación fenomenológica y con elementos muy religiosos, por lo que el psicoanálisis estaba bastante marginado. El psicoanálisis mismo ya era una forma de encarar, de enfocar la salud mental, contraria a la manera oficial de entender las cosas.

entrevistaeindicadores

¿Cuando empezó a interesarse o a practicar las psicoterapias breves?

Bueno, yo estoy un tiempo en los hospitales psiquiátricos y como parte de ese movimiento de cambio en la asistencia psiquiátrica se empiezan a crear los centros de Salud Mental en Cataluña. Tuve oportunidad de trabajar en uno de esos centros como coordinador y vivimos una experiencia muy interesante porque fue un momento de mucho entusiasmo por esas posibilidades de cambio; lo cual hizo que el trabajo en equipo fuera un trabajo muy estimulante y muy apasionado. En ese momento, sabíamos que las psicoterapias de larga duración no eran posibles en la asistencia pública y nos interesamos por encontrar formas de terapia también de orientación analítica, pero breves. Tomamos algunas referencias de autores anglosajones como Malan y Balint, y a partir de lo que leímos de ellos empezamos a ponerlo en práctica con los pacientes que atendíamos, pero con una perspectiva que, quizás por el tipo de psicoanálisis que habíamos aprendido, difería un poco de ellos, lo cual nos llevó a una práctica de la psicoterapia breve un poco distinta del modelo anglosajón o británico que fue el modelo inicial de referencia; así que empezamos por introducir una aplicación del psicoanálisis como herramienta terapéutica que tenía que ser a tiempo limitado.

Uno de los resultados del movimiento de crítica de la asistencia psiquiátrica, fue el interés por la asistencia ambulatoria de la salud mental, hasta entonces reducida a los consultorios de la Seguridad Social, donde los neuropsiquiatras debían atender en dos horas un volumen considerable de pacientes. En Barcelona, en convenio con la Diputación, se crearon los primeros seis Centros de Salud Mental. Uno de ellos, con la Fundació Vidal i Barraquer al que le fue asignado al barrio de Sant Andreu en Barcelona donde estuve como coordinador durante más de diez años y luego como consultor y supervisor.

¿Cómo conoce la obra de Balint?

A través de mi formación en el Instituto de Psicoanálisis de Barcelona, porque a la vez que trabajaba en la asistencia pública estaba realizando mi formación en el Instituto, y en sus seminarios conocí parcialmente la aportación de M. Balint al psicoanálisis. Y luego, por nuestra cuenta, vimos que era importante su contribución al campo de la medicina general y en particular de la psicoterapia focal a través de su trabajo en la conocida Clínica Tavistock de Londres.

¿En el Instituto de Psicoanálisis de Barcelona ese interés por la psicoterapia breve como fue considerada?

Durante un tiempo, la institución psicoanalítica veía con cierto recelo la práctica, no solamente de la psicoterapia breve sino en general de toda la psicoterapia psicoanalítica, por parte de los psicoanalistas o de los analistas en formación, porque había el temor a perder la pureza psicoanalítica, o a confundir una cosa con otra, cosa que a veces ha sucedido, también hay que reconocerlo. Pero mi experiencia concreta pudiendo simultanear mi trabajo en la asistencia pública con mi trabajo en el diván, permitió por ejemplo, -ya era otra época, en los ‘80- que pudiera presentar en el Instituto de Psicoanálisis de Barcelona el trabajo que venía realizando en el Centro de Salud Mental al que me refería antes, ya no sólo en psicoterapia sino en el psicoanálisis aplicado al funcionamiento de un equipo de salud mental. La actitud inicial que consideraba que era mejor para los psicoanalistas no mezclarse con la asistencia psiquiátrica, o mejor dicho no reconocerlo, porque de hecho existió siempre entre los psicoanalistas dicha actividad simultánea, se fue modificando, y hoy en día está perfectamente aceptado hasta el punto de que la primera presentación de mi libro que estamos comentando se acaba de hacer en el Instituto de Psicoanálisis de Barcelona de la Sociedad Española de Psicoanálisis.

psicoterapia breve psicoanalitica

¿Qué supone ese libro para usted?

El libro surge, como decía, de una experiencia concreta, y habría tres elementos a considerar en su génesis: uno es que con el equipo del centro de salud mental de Sant Andreu pensamos que sería útil a la vez que estimulante recoger la experiencia de trabajar con pacientes en psicoterapia psicoanalítica limitada en el tiempo y elaborar mínimamente la teoría que había sustentado esa práctica. Y de allí surgieron tres artículos escritos con compañeros del equipo sobre algunos aspectos fundamentales de la psicoterapia breve. Uno sobre indicaciones, otro sobre focalización y el último sobre el tiempo en dicha psicoterapia. Tras su publicación en la revista Informaciones Psiquiátricas me pareció que ese material teórico y clínico podría ser recogido en una monografía, lo que hice, añadiendo algunos comentarios complementarios, de lo cual surgió Elementos de psicoterapia breve, librito que tuvo buena acogida de manera que se agotó pronto, por lo que al cabo de algún tiempo pensé en editarlo de nuevo y rehacerlo. Pero durante ese ínterin fui adquiriendo más experiencia en la técnica de la PBP porque tuve la oportunidad de participar en un trabajo de investigación que se propuso desde la Fundació Vidal i Barraquer. En esta investigación se trataba de evaluar la disminución del consumo sanitario mediante el uso de la psicoterapia breve al comparar a pacientes con este tratamiento psicoterapia breve con un grupo control y pudo apreciarse cómo disminuía el consumo entre los primeros. Yo no me encargué de esa parte de la tarea. Pero para homogeneizar la investigación primero se realizó un curso introductorio sobre psicoterapia breve psicoanalítica para psicoterapeutas con cierta experiencia en psicoterapia general, siendo la referencia fundamental la monografía antes mencionada Elementos en PBP. Después se continuaba el seminario con el seguimiento de los casos de psicoterapia breve realizados por dichos psicoterapeutas. Hubo dos centros que se ocuparon de esa tarea: El Centro de Salud Mental de Sant Andreu y el Hospital Sant Pere Claver. A mí me pidieron colaborar primero como director del seminario introductorio y luego como supervisor del grupo, de manera que en total mi experiencia con el grupo que yo dirigí duró unos siete años.  La metodología del seminario consistía en que los psicoterapeutas presentaban al grupo cada paciente entrevistado para valorar la indicación y focalización. Los comentarios del grupo y los míos eran recogidos sistemáticamente por el compañero de turno, de manera que en la supervisión siguiente pudiéramos contrastar la indicación y la focalización de ese paciente con las entrevistas posteriores y el curso de la psicoterapia; todo lo cual durante esos siete años dio lugar a un material muy rico que fue lo que me condujo a, en vez de reeditar la monografía, hacer prácticamente un nuevo libro, mucho más rico en material clínico y en desarrollos teóricos. Al mismo tiempo yo personalmente había tenido más experiencia con la psicoterapia breve, incluso en la consulta privada, lo cual me permitía plantear esta psicoterapia como una herramienta más dentro de la gama de psicoterapias y no tan solo como un mal menor debido a la presión asistencial.

¿Con un psicótico también?

No, con los psicóticos descartábamos la psicoterapia breve. La psicoterapia breve requiere unas condiciones como señalo en el libro: sincera capacidad para detectar un problema, cierta capacidad de autoobservación, cierta capacidad para crear un vínculo así como tolerancia para separarse, porque justamente son psicoterapias de tiempo limitado. Y tan importante es la capacidad de vincularse como la de separarse. En un momento del grupo llegamos a esquematizar este planteamiento diciendo que un paciente apto para psicoterapia breve es aquel capaz de decir “hola” y de decir “adiós”.

¿Parece que haya una contradicción entre focalización y asociación libre?

Es uno de los temas que, efectivamente, surge. Desde una orientación psicoanalítica parecería inviable. Si pensamos en la idea de la denominada escucha psicoanalítica, de estar atento a lo que el paciente dice, a la asociación libre, obviamente parecería que eso no es posible en psicoterapia breve. Pero la práctica que hemos desarrollado nos ha mostrado que es factible una escucha del paciente a partir de áreas importantes de sufrimiento. Por otra parte quiero decir que aunque focalizamos algún área conflictiva del paciente la propuesta que le hacemos es que hable de lo que tenga presente, de lo que más le preocupe. En el curso del tratamiento, el paciente, y el terapeuta con él, olvidan el foco, y procuramos no presionar o perseguir al paciente para que hable exclusivamente de aquello que hemos focalizado, sino que esperamos que siga interesado en comunicar aquello que le preocupa en cada momento. Por nuestra parte, como terapeutas, estamos atentos dentro de la actitud de atención libre, flotante, a tener presente que hay una serie de cuestiones que son básicamente las que hemos de tratar. De todas maneras, y particularmente en el libro, trato la focalización de una manera relativa en el sentido que no me preocupa demasiado, porque a diferencia de otros compañeros que hablan de psicoterapia focal y breve yo hablo solamente de psicoterapia breve. Creo que lo importante en este tipo de psicoterapias es la limitación del tiempo; lo cual no quita que sea necesario hacer un esfuerzo por focalizar, pero sin obsesionarse por delimitar rígidamente áreas de conflicto fundamentales; aunque sí tratar de delimitar algún área que luego vamos a ver en qué medida se confirma que es la predominante. Si hemos hecho unas entrevistas diagnósticas suficientemente rigurosas, probablemente nos vamos a aproximar bastante; pero también hemos visto que a veces esta área inicial se desplaza a otras áreas. Entonces, hay que estar atento para saber en qué medida se trata de una nueva área, distinta de la focalizada, o si es algo aparentemente nuevo pero conectado con el foco principal aunque expresado de otra manera. Si surgen una o dos áreas de conflicto, pienso que tienen cabida dentro de la psicoterapia, tal como nosotros lo planteamos que es de un año de tiempo, algo también relativo. Ya digo en el libro que no pretendo que sea un manual porque la clínica desborda los manuales. Por ejemplo, aunque digo que un año es lo aconsejable, también describo pacientes que han estado nueve, quince, seis e incluso tres meses: así que relativizamos el tiempo, así como el foco. Por lo tanto creemos que es compatible esa aparente contradicción de que el terapeuta de orientación analítica tenga una actitud de escucha, de atención flotante, al tiempo que focalice algunas áreas conflictivas de la personalidad del paciente.

 

elementos psicoterapia psicoanaliticapracticaspsi

¿Dentro de esas entrevistas diagnósticas que decía, es posible en una primera obtener algún cambio de algún paciente?

Por supuesto, de hecho en las primeras entrevistas de una persona que consulta por su sufrimiento, si hay alguien que le escucha y que no se precipita en dar una respuesta inmediata y que tolera el compartir mínimamente aunque sea esa manifestación de sufrimiento, de entrada es ya un alivio esa primera actitud de contención. De hecho en otro libro mío: Entrevistas e indicadores en psicoterapia y psicoanálisis yo hablo de la entrevista como acto terapéutico y explico un caso que atendí en entrevistas diagnósticas que acabaron siendo un tratamiento en el sentido de que las cuatro entrevistas que hicimos las consideramos suficientes en ese momento para ayudar al paciente. Otra cosa es que pretendamos ser más ambiciosos terapéuticamente y, sobre todo, hasta qué punto el paciente está dispuesto a cambiar o necesita cambiar para entonces ofrecerle un tratamiento más largo y ahí habría que acudir a la gama de posibilidades terapéuticas para escoger la que pudiera ser más adecuada para el paciente.

¿Qué otro interés tienen las psicoterapias de inspiración psicoanalítica para usted?

El subtítulo del libro es ‘un ejemplo de psicoanálisis aplicado’. En ese sentido me interesa dejar claro que el psicoanálisis, además del desarrollo fundamental a partir de la práctica clínica psicoanalítica del diván, tiene muchas posibilidades de aplicación, y el de las psicoterapias psicoanalíticas, en general, y la breve en particular, son ejemplos de ello. Y esto es importante para no considerar el psicoanálisis como una cuestión exclusiva, limitada, restrictiva, en cuanto a sus posibilidades de una “psicoterapia para el pueblo” que decía Freud; y además de en este sentido me interesan las psicoterapias de inspiración psicoanalítica para diferenciar que una cosa es la psicoterapia como aplicación y otra cosa es el psicoanálisis propiamente dicho como método específico; que cada una de ellas tiene sus métodos específicos y distintos, como diferente es el método que aplicamos en una psicoterapia breve. Y eso está explícito en el libro.

¿Qué otras aplicaciones cabría del psicoanálisis?

Bueno, aplicaciones además de lo que es el desarrollo de las psicoterapias de orientaión psicoanalítica hay una fundamental que es el enfoque psicoanalítico en el trabajo asistencial. Mi libro Prácticas psicoterapéuticas contiene la idea de qué es el psicoanálisis aplicado a la asistencia pública. Es decir, que tanto el asistente social al realizar su trabajo, el psicólogo al pasar un tests, el psicoterapeuta al hacer psicoterapia o el psiquiatra que da medicación,  pueden  realizar sus respectivas tareas desde una perspectiva psicoanalítica. Luego hay otras aplicaciones, en el campo de la cultura general que ya se nos escapan del objetivo de esta entrevista.

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¿Más allá de la Vidal i Barraquer, en el ámbito de las psicoterapias breves qué contactos mantienen con otras instituciones?

En este momento yo no tengo una dedicación en ese sentido, más bien recojo una experiencia de hace unos años. Por último, algo que querría añadir y que lo advierto en el libro es el riesgo, para todo psicoterapeuta de la superespecialización en una determinada psicoterapia, pues puede conducir incluso a una teoría de la mente en función de dicha técnica. En el caso de la PBP, tenemos el ejemplo de lo que ocurrió con las últimas obras de Malan que acaba ofreciendo una teoría más bien simplista de la psique, `para que encaje mejor en las psicoterapias breves, cuando cada vez tenemos más evidencia de la complejidad de la mente humana al incluir los niveles primitivos y psicóticos.

nijar2 Níjar (Almería). Recreación de Adolfo Pérez Sánchez

L’autisme, estació d’enllaç?

 

Imatge del projecte “Echolilia” del fotògraf britànic Thimothy Archibald.

Imatge del projecte “Echolilia” del fotògraf britànic Thimothy Archibald.

El dia 8 de juliol de 2013 el diari La Vanguardia, de la mà de la periodista Ana Macpherson, va publicar un article sota el títol ‘Empujón al autismo’ (veure article sencer). L’autora s’oblida de la pluralitat d’abordatges existent pel tractament de l’autisme i construeix un article exclusivament des de l’òptica cognitivo-conductual. Desde La Casa de la Paraula volem recordar que a Catalunya, a més del citat a l’article, hi ha centres com Carrilet, Balmes, Bellaire, Alba, Orienta, Baula, etc. dedicats al tractament de nens i nenes autistes que atenen la particularitat de cada infant sense idees preconcebudes.  Centres amb una trajectòria d’anys i amb un treball clínic i humà d’alta qualitat.Desde La Casa de la Paraula volem donar espai i veu a totes les reaccions davant l’article sorgides de diversos col·lectius i professionals. Aquí en teniu el recull.

  • Article sencer publicat a La Vanguardia signat per Ana Macpherson: Empenta a l’autisme. Dos hospitals uneixen forces per avançar en el diagnòstic del transtorn de l’espectre autista i en la formació de professionals.
  • Carta al director d’Iván Ruiz Acero (President de l’Associació TEAdir): Reportajes como este, que publica su diario, corren el riesgo de crear una alarma social en este colectivo anunciando nuevos recursos para el diagnóstico, el tratamiento y la formación de profesionales, e infravalorando los recursos ya existentes y las orientaciones clínicas diversas en las que se han formado sus profesionales”.
  • Carta al director signada pel Fòrum de Salut Mental: “Ens resulta incomprensible com es pot afirmar en l’article que s’ha d’homogeneïtzar el tractament de les persones amb autisme, quan en el Pla d’Atenció Integral a les persones TEA consensuat per les tres conselleries (Sanitat, Benestar Social i Ensenyament) i amb el grup d’experts que van participar en l’elaboració d’aquest pla, es diu explícitament que cap orientació o mètode de tractament té major fiabilitat i validesa per sobre dels altres”.
  • Una fotografia de l’autisme: Carta al director de Magne Fdez-Marban, antic director del Centre Ocupacional per a Autistes ARPA de Castelldefels i ex President de l’Associació Rehabilitació de Psicòtics i Autistes: “Com a lector habitual del vostre diari m’agradaria que, en futures ocasions, en aquest i d’altres temes, el treball continuat, científicament valuós, i amb una forta base ètica no quedés amagat per la darrera novetat o suposada novetat a la que,  si l’examinéssim detingudament, li trobaríem arrels més antigues, si em permeteu, que l’anar a peu”.

Tanquem aquest recull recordant aquest post amb una llista de 10 llibres que podeu trobar a la llibreria Xoroi i que parlen sobre l’autisme. Tots ells ofereixen un enfocament des de la psicoanàlisi; compilen casos i experiències o es dirigeixen a educadors, professionals de la salut mental o pares de nens i nenes autistes.

La bombolla de l’autisme?

El Pla d’atenció integral a les persones amb trastorns de l’espectre autista (TEA)

El Pla d’atenció integral a les persones amb trastorns de l’espectre autista (TEA)

El director general de Planificació i Recerca en Salut del Departament de Salut, Carles Constante; la directora general d’Educació Infantil i Primària del Departament d’Ensenyament, Alba Espot, i la directora general de l’Institut Català d’Assistència i Serveis Socials del Departament de Benestar Social i Família, Carmela Fortuny, han presentat conjuntament el 17 de juliol el Pla d’Atenció Integral a les persones amb Transtorn de l’Espectre Autista (TEA) i a les seves famílies a les instal·lacions de la conselleria a la Casa Provincial de Maternitat i Expòsits.

Poc hi podem afegir:  la presència d’uns quaranta professionals i familiars més alguns periodistes. Les presentadores han volgut destacar que el pla s’ha consensuat amb tot el sector, que no suposa un augment de la despesa i que permetrà fer estudis longitudinals i desenvolupar sistemes de bones pràctiques amb la col·laboració de les universitats, concretament la Ramon Llull, tot plegat amb criteris de cientificitat. L’oient ha quedat impressionat pel substancial augment dels casos diagnosticats: del 1.3% al 7.16% en deu anys. Els professionals, en el torn de preguntes, han demanat de no confondre cientificitat amb bones pràctiques i han recordat que aquest pla es possible gràcies al treball i l’esforç de moltes institucions que treballen de fa anys amb l’autisme.

Com que són temps d’estalvi el pressupost ha donat per gravar l’acte però no per convidar els assistents a un refrigeri. En acabar, portes enfora, entre els equilibrats edificis de la Maternitat, alguns assistents no podien deixar de demanar-se en què consistia la nova manera de diagnosticar, d’altres comentaven l’absència, clamorosa, de la industria farmacéutica, tan present en els TDAH.

Mirarem de saber-ne més i de traslladar la informació als nostres lectors tan aviat la tinguem. Podeu llegir la nota de premsa oficial de l’acte en aquest enllaç.

També us adjuntem el document resum de presentació del Pla.

Inici a la Filmoteca de Catalunya del cicle: Fantasmagories del desig. Cinema / psicoanàlisi

fantasmagories del desig-1

Cinema / psicoanàlisi

FANTASMAGORIES DEL DESIG

Filmoteca de Catalunya

 

23 de gener de 2014:  The addiction (1995), Abel Ferrara

Presenta: Juan Bellido, psiquiatre, psicoanalista.

 

27 de febrer de 2014: Felicia’s Journey (1999), Atom Egoyan

Presenta: Mercè Coll, teòrica del cinema.

 

març de 2014: The Woman in the window (1944), Fritz Lang

Presenta: Manuel Baldiz, psiquiatre, psicoanalista.

 

abril de 2014: Sanxia Haoren (Naturaleza muerta, 2006), Jia Zhangke

Presenta: Nora Catelli, assagista, prof. Teoria de la Literatura.

 

maig de 2014: Ensayo de un crimen (1955), Luis Buñuel

Presenta: Josep Maria Català, assagista, catedràtic de Comunicació Audiovisual.

 

juny de 2014: The Misfits (1961), John Huston

Presenta: Eduardo Braier, psicòleg, psicoanalista.

 

Horari de projeccions:  18:30 h.

 

coordinen: Mercè Coll i Salvador Foraster

organitza:

lloc:

http://www.filmoteca.cat/web/programacio/cicles/fantasmagories-del-desig

Plaça de Salvador Seguí, 1, 08001 Barcelona

Nens desatents, nens hiperactius. TDA, TDA-H?

nensdesatentsnenshiperactius

Desatenció i hiperactivitat són fenòmens coneguts de la infantesa, però en aquests inicis del segle XXI sembla que han adquirit dimensions epidèmiques. Des dels discursos imperants en psiquiatria i en salut comunitària es considera que no s’arriba a diagnosticar ni una tercera part dels cassos. I des d’aquests mateixos discursos, la terapèutica inclou la prescripció de psicofàrmacs. És a dir, que cal diagnosticar més i medicar molt més.
Des d’uns altres marcs teòrics i altres conceptualitzacions es plantegen formes d’abordatge que no inclouen necessàriament la medicació, i es fan uns altres diagnòstics i uns altres tractaments psicoterapèutics.
El format en el que es desenvoluparà l’exposició serà el del diàleg, plantejant-lo en termes clars i en un llenguatge accessible al públic en general. La psicòloga i psicoanalista Beatriz Janin dialogarà amb el seu col•lega Joe Knobel, ambdós amb un llarg recorregut i experiència en el tractament i en el desenvolupament conceptual de les problemàtiques unides a la infantesa. Des de la seva experiència en la clínica amb nens, analitzaran aquesta problemàtica tant en els seus aspectes comunitaris com en la dimensió clínica.
Espai Freud us convida a participar en aquestes reflexions i consideracions sobre una problemàtica present en tots els que treballem en el camp de la infantesa. Una invitació que inclou els pares i mares, i tota la ciutadania que senti que li concerneix aquest tema.