Arxiu d'etiquetes: Xoroi edicions

‘Barcelona: passatges de traducció’, de Núria d’Asprer. Algunos pasajes y otras meditaciones urbanas

‘Barcelona: passatges de traducció’, de Núria d´Asprer.
Algunos pasajes y otras meditaciones urbanas

La metáfora del viaje probablemente es la más antigua de la humanidad. Los humanos nunca hemos vivido amarrados a un espacio, como lo hacen los pólipos, las esponjas o las ostras. Somos una especie que desde el origen se ha desplazado para encontrar lugares donde el equilibrio con la vida fuera posible. En este transitar tendemos a repetir los itinerarios que consideramos más idóneos. Por eso hacemos caminos entre los lugares por donde pasamos. De aquí que la misma vida pueda ser entendida como un viaje, como un tránsito hacia un final nebuloso. Vivir es pasar y morir es traspasar: “todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar”, sentenció el maestro Machado.

En nuestro devenir, los pueblos viajamos en compañía de nuestras lenguas y damos nombres a los sitios por donde pasamos, nombres que se diversifican en las culturas urbanas: caminos, carreteras, vías, calles, plazas, avenidas, bulevares, calllejones, pasajes… El término pasaje es especialmente interesante. Para la autora de Barcelona: passatges de traducció, el pasaje es una vía intermedia que permite articular “un recorrido y una meditación sobre la travesía que es la traducción”. Hete aquí la piedra angular de este libro breve, pero intenso y complejo: una reflexión sobre la traducción de las lenguas (Núria d’Asprer enseña en la Facultat de Traducció i Interpretació de la Universitat Autònoma de Barcelona) pero también de las ciudades y de la misma vida, un pósito de memoria que sedimenta en los lugares por donde pasamos. Para traducir se necesitan pasajes más que puentes, una forma de unión llana y directa.

Por otro lado en la ciudad de Barcelona existe una tipología y una estética de los pasajes, desde el Passatge Arcàdia, un “mordisco en una manzana de casas”, una mezcla de calleja y galería, hasta el Passatge de la Indústria, de clara vocación comercial, o los pasajes a cielo abierto, como el Passatge Permanyer. La configuración y la designación de estos lugares, “fronteras del lugar y el no-lugar”, permiten a la autora abrir canales de comunicación entre la historia, la antropología, la traductología, la literatura, la fotografía (Núria d´Asprer fotografía los lugares “para traducir la ciudad al amigo que no la conoce”) y la biografía personal que se expresa en cursiva o, en la segunda parte del libro, en lengua castellana, porque la intimidad de muchas biografías es lingüísticamente bicéfala, y este hecho básico ha de ser puesto en evidencia en una traducción que persigue la autenticidad y rehuye  la traición, mal endémico de los traductores mediocres.

Cualquiera de los pasajes del libro (en otra acepción de la palabra pasaje, ahora con el sentido de fragmento de una composición literaria o musical al que vale la pena retornar porque ofrece alguna particularidad notable) es un regalo de sensibilidad, que unida a la capacidad de observación, documentación y relación personal de la autora, produce en el lector el deseo de traducir el recorrido de los pasajes de Núria d´Asprer a la propia vida: buscar un correlato de lugares y de vivencias, revisitar la memoria que se ha depositado en los caminos personales. Y así se cierra el círculo: al actualizar cada uno los lugares por donde ha pasado.

Del prólogo de Eduard Sanahuja

‘La otra cara de la adopción’, de Carme Vilaginés. Aspectos emocionales de los que no se habla

‘La otra cara de la adopción’, de Carme Vilaginés.
Aspectos emocionales de los que no se habla

El libro se propone elucidar aquello que es poco conocido o que se transparenta tan sólo en la actitud consciente de la pareja que ha decidido adoptar un niño. ¿Cómo se llega a esta decisión? ¿Cómo se ha digerido el duelo por el niño que no se ha podido tener por tantas razones —infertilidad o esterilidad de uno u otro de los cónyuges, miedo al embarazo, afán caritativo hacia la infancia abandonada?

Si las motivaciones para la adopción responden a una asimilación madura y coherente de las dificultades para engendrar de manera natural, el proceso de selección de la pareja adoptiva no ofrece demasiadas dificultades, excepto las que pueden derivarse de un niño adoptado más o menos traumatizado por el abandono de que ha sido víctima y por los trastornos genéticos potenciales que pueda vehicular. Pero esta pareja madura será capaz de asumir estas dificultades y dejarse guiar ante las dificultades que el niño adoptado pueda presentar.

El malestar surge, en cambio, en aquellas parejas que han llegado a la decisión y al anhelo ferviente de adopción como una salida precipitada a la gran frustración de no conseguir tener descendencia por las vías naturales o por la reproducción asistida. Cuando no hay capacidad para asumir esta gran contrariedad y decepción, la salida precipitada es confiar que la adopción pueda remediar el problema e, incluso, que pueda anular la misma experiencia del problema. Ahora la adopción como un recurso supremo serviría para eclipsar rápidamente aquel proceso de desilusión o de conflicto que la pareja negaría con tenacidad.

La autora quiere señalarnos que, en un número considerable de casos, esta problemática negada —la otra cara de la adopción— es responsable de las serias dificultades que surgirán cuando la adopción se ha realizado con estas premisas, las cuales agravarán las situaciones delicadas, a menudo ansiógenas, que cualquier adopción conlleva, incluso la que se da en las mejores condiciones por parte de la pareja adoptiva y por parte de la criatura adoptada.

Para informarnos de los acontecimientos que todo proceso de adopción implica, Carme Vilaginés nos hace seguir, con su sensibilidad maternal, con su intuición y técnica psicoanalítica y con una abundante casuística de una dedicación de muchos años, las vicisitudes con que adoptantes y adoptados pueden encontrarse desde el inicio e, incluso, desde antes de su encuentro. Dejando de lado los casos de adopción de aquellas parejas o familias que, aun contando con un cierto número de hijos, sienten la necesidad de aumentarlos o se deciden a hacerlo por razones humanitarias, la mayor parte de las veces se trata, como hemos dicho ya, de personas que han sufrido la contrariedad de no poder tener un hijo deseado, a pesar de las gestiones adecuadas que puede ofrecerles hoy en día la ginecología.

La autora nos hace sentir, o nos dice bien explícitamente, que adoptantes y adoptados se encuentran en una situación, en ciertos aspectos, paralela. El niño ha sido objeto de abandono por parte de los padres naturales y, por otra parte, la pareja adoptante también se ha sentido desvalida por la confirmación de su incapacidad genésica. Adoptantes y adoptados se encuentran en una situación de duelo: si el niño ha sufrido la pérdida siempre traumática de los padres, los adoptantes han sufrido, con más o menos trastorno emocional, la pérdida de su ilusión por engendrar.

Todo el libro se esfuerza en ilustrarnos de los errores que pueden producirse en el camino de superación de las carencias iniciales de adoptantes y adoptado. ¿Cómo puede llegarse a amar la realidad del hijo adoptado, con toda su carga traumática, con el resentimiento residual que conllevan las frustraciones precoces tan dramáticas, las heridas, de tan difícil cicatrización, que le han sido infligidas al niño abandonado? ¿Y cómo puede irse aceptando y amando la realidad de este hijo tan diferente a aquel de la fantasía desiderativa?  Todo depende del grado de madurez de la pareja adoptante, pero la autora nos dice que por muy integrados que estén, hay que instruirles y, si es necesario, hay que acompañarles en la problemática que toda adopción puede suscitar en las relaciones con el niño y el adolescente.

Entender la problemática del adoptado es comprender, entre otras cosas, su necesidad de búsqueda del propio origen, la incógnita de esos padres desaparecidos o que le han rechazado, entender el resentimiento, la indefensión o los paradójicos sentimientos de culpa que puedan generarse. Y entender también la necesidad de descubrir la realidad concreta de estos padres que puede aparecer en la fantasía con tan diversas facciones.

Del epílogo del Dr. Pere Folch Mateu.

Entrevista con Silvia Fendrik acerca de su último libro: El falo enamorado.

El falo enamorado. Mitos y leyendas de la sexualidad masculina. Silvia Fendrik

falo-enamorado_3

Después de haber escrito valiosos libros sobre el psicoanálisis
de niños y sus protagonistas, desde Anna Freud y Melanie Klein
hasta las argentinas Arminda Aberastury y Telma Reca, y luego de
haber escudriñado profundamente en la anorexia y la bulimia, todos
libros hermosos, ampliamente leídos y agotados, ahora la talentosa
Silvia Fendrik se anima a internarse en un tema tan apasionante
como poco frecuentado, la sexualidad del varón, del hombre, no
menos enigmática que la de la mujer, mucho más estudiada.
De sus vastas lecturas de la bibliografía psicoanalítica, Fendrik
se va a apoyar en esta aventura intelectual en dos autores que
conoce a fondo, Freud y Lacan, para ver si con ellos puede acercarse
a la sexualidad del varón. Para esto fija su mirada en personajes
arquetípicos, Hamlet, Don Juan, Casanova y Fausto, que encarnan
un fértil campo de estudio y de reflexión.
Todos ellos, sin duda, son el hombre frente (o junto) a la
mujer; pero muy distintos entre sí, tal como los entiende esta mujer,
cuestionadora e inquieta que es Silvia Fendrik.

Estos personajes, bien conocidos por la cultura y por el
psicoanálisis, le sirven a Fendrik para exponer las ideas de Freud y
de Lacan desde su propia y singular perspectiva.
Hamlet es la tragedia del deseo. Quiere y no quiere matar a
Claudio, pero no puede hacerlo hasta que muere Ofelia (oh falo) y
entonces se le abre al príncipe la oportunidad de acceder al trono de
Dinamarca, que está ocupado por el ambicioso Claudio, y salvarse
del incesto con la madre, la reina Gertrudis, la mujer sexual que
Hamlet no puede soportar. Es cierto, como dice la autora, que
Shakespeare pinta una y otra vez a la madre como una mujer voraz
que Hamlet teme, aunque ese deseo sin límites de la mujer sexuada
sea también el propio deseo de Hamlet proyectado.
De todos modos, Fendrik dice que el deseo sexual masculino
no puede escapar a su destino trágico, a la muerte en la tragedia de
la madre sexual.
Freud trató de resolver este dilema del hombre entre la madre
y la puta a costa de la disociación. Fendrik pone el acento en la
madre sexuada que no reconoce límites a su deseo genital. Este
deseo sexual de su madre horroriza a Hamlet, que teme caer en sus
lujuriosas garras, ser la próxima víctima de su pasión incestuosa:
más el deseo de la madre que el deseo por la madre.
La división con la que Freud intenta dirimir el dilema del
hombre entre la madre y la puta lo lleva a reconocer una degradación
de la vida erótica.
La confrontación con la madre sexuada es siempre aterradora
y sólo se atenúa con la función paterna de dar la castración. Por
alguna razón esto le habrá fallado al rey Hamlet —se pregunta la
autora— el padre espectral que reclama justicia y venganza.

La muerte de su enamorada le permite a Hamlet hacer el
duelo de Ofelia como falo, el objeto perdido, y llevar adelante la
venganza encargada por su padre, matando a Claudio y asumir así su
masculinidad y hacerse, simultáneamente, príncipe de Dinamarca.
Sin embargo, concluye Fendrik, no es el trono ni el
cumplimiento de la venganza del espectro lo que mueve a Hamlet
sino, más bien, su intento de escapar del deseo de su genital y
aterradora madre.
Si ésta es la tragedia de Hamlet, distinto es el camino que
recorre Don Juan, que es la representación del falo como un
hombre sin nombre, que está más inclinado a deshonrar a la mujer,
violando el tabú de la virginidad, y que le hace perder a la mujer su
filiación como hija del padre.
Casanova es muy distinto a Don Juan, porque ama a las
mujeres que conquista y ellas lo aman a él y se entregan con un
amor infinito. La figura del padre no cuenta para Casanova y, como
Don Juan, no tiene descendencia, mientras que Edipo, tiene padre
y tiene hijos. A diferencia de Don Juan y de Casanova, Fausto
encuentra su camino hacia la mujer en un pacto con el diablo y
así logra, a la vez, el acceso al placer sexual, sin renunciar al saber.
El saber no puede alcanzarse sin el goce. La premisa universal es la
existencia del falo como referente en los dos sexos.
La sexualidad del varón, afirma Fendrik, es tan enigmática
como la sexualidad de la mujer, y ambos intentan responder a la
eterna disyunción madre-puta.
La de Casanova es una entrega sin cálculo y algo del amor
está conjugado, no disociado, con la sexualidad, aunque este logro
sea fugaz y nunca permanente, porque cuando da todo sobreviene
la pérdida y tiene que volver a empezar. Casanova sabe que la
condición de su libertad es perder a la mujer amada, para así recomenzar, donde el amor como dice Lacan es dar lo que no se
tiene a alguien que no lo es.
Casanova ama a las mujeres porque responden al placer con el
placer. Las mujeres de Casanova sienten la sinceridad de su pasión
y de la misma forma se la entregan.
La reflexión de Silvia Fendrik culmina con un bello ensayo
sobre Antígona, y es así una mujer la que cierra este estudio sobre
la sexualidad del hombre.
Fendrik comienza con un dato inesperado, poco conocido:
Sófocles escribió Antígona veinte años antes que Edipo Rey y treinta
antes que Edipo en Colono, que es la tragedia póstuma de Sófocles.
Se trata aquí del tiempo lógico de Lacan más que del tiempo
cronológico. En Edipo en Colono, Antígona es el bastón de un
Edipo ciego y desterrado. Pero el Edipo en Colono maldice a sus
hijos, y en especial a Polinices, por su destierro. Antígona se opone
con indomable decisión a que el cadáver de Polinices quede a la
intemperie, sin sepultura, y entonces vuelve a Tebas con los ojos de
Edipo clavados en ella, cargada de soberbia.
Lacan describe a Antígona como fascinante y, sin dejarse fascinar,
Silvia Fendrik concluye que, en la tragedia de Antígona, lo que marca
el punto culminante es la mirada de Edipo sobre la belleza de su hija
adolescente. Edipo escópico lo llama. Más que el padre es su mirada
lo que sanciona el incesto. Hay que hablar —concluye Fendrik —
de la mirada del padre, del deseo del padre, en las vicisitudes de la
sexualidad masculina.

Del prólogo de Horacio Etchegoyen.

Barcelona: passatges de traducció. Núria D’Asprer

Barcelona: passatges de traducció

La metàfora del viatge és probablement la més antiga de la humanitat. Els humans mai no hem viscut amarrats a un espai, com ho fan els pòlips, les esponges o les ostres. Som una espècie que des de l’origen s’ha desplaçat per trobar indrets on l’equilibri amb la vida fos possible. En aquest transitar, tenim tendència a repetir els itineraris  més idonis. Per això fem camins, els llocs per on passem. D’aquí que la mateixa vida pugui ser entesa com un viatge, com un trànsit cap a un final nebulós. Viure és passar i morir és traspassar: “todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar”, va sentenciar el mestre Machado.

En el nostre esdevenir, els pobles viatgem acompanyats de les nostres llengües i donem nom als llocs per on passem, noms que es diversifiquen en les cultures urbanes: camins, carreteres, vies, carrers, places, avingudes, bulevards, carrerons, passatges… El terme “passatge” és especialment interessant. Per a l’autora de Barcelona: Passatges de traducció, el passatge és una via intermèdia que permet d’articular “un recorregut i una meditació sobre la travessia que és la traducció”. Vet aquí la pedra angular d’aquest llibre breu, però complex i intens: una reflexió sobre la traducció de les llengües (Núria d’Asprer és professora a la Facultat de Traducció i Interpretació de la Universitat Autònoma de Barcelona), però també de les ciutats i de la vida mateixa, un pòsit de la memòria que sedimenta en els llocs per on passem. Per aquest motiu la seva meditació s’articula al voltant dels passatges, perquè permeten d’unir constructes diferents però no inaccessibles: per traduir no calen ponts, sinó passatges, una forma d’unió planera i directa.

D’altra banda, a Barcelona existeix una tipologia i una estètica dels passatges, des del Passatge Arcàdia, una “mossegada enmig d’una illa de cases”, una barreja de carreró i galeria, fins al Passatge de la Indústria, de clara vocació comercial, o els passatges a cel obert, com el Passatge Permanyer. La configuració i la designació d’aquests llocs, “fronteres del lloc i del no-lloc”, permeten a l’autora obrir canals de comunicació entre la història, l’antropologia, la traductologia, la literatura, la psicoanàlisi, la fotografia (Núria d’Asprer fotografia els llocs “per traduir la ciutat a l’amic que no la coneix”) i la biografia personal, que s’expressa en cursiva o, en la segona part de llibre, en una altra llengua, el castellà, perquè la intimitat de moltes biografies és lingüísticament bicèfala, i aquest fet cabdal ha de ser evidenciat en una traducció que persegueix l’autenticitat i defuig la traïció, el mal endèmic dels traductors mediocres.

Qualsevol dels passatges del llibre (en una altra accepció del mot “passatge”, en el sentit de fragment d’una composició literària o musical al qual paga la pena retornar perquè ofereix alguna particularitat notable) és un regal de sensibilitat, que unit a la capacitat d’observació, documentació i implicació personal de l’autora, produeix en el lector el desig de traduir el recorregut dels passatges de Núria d’Asprer a la pròpia vida: buscar un correlat de llocs i de vivències, revisitar la memòria que s’ha dipositat en els camins personals. És així com es tanca el cercle: actualitzar els llocs per on cadascú ha passat. No deixa de ser una bella coincidència que en les llengües que més coneixem “allò que ha tingut lloc en altre temps” s’anomeni precisament “passat”.

Eduard Sanahuja

Barcelona, desembre de 2012

 

El primer títol de Xoroi edicions

El libro —como su título ya sugiere— se propone elucidar aquello que es poco conocido o que se transparenta tan sólo en la actitud consciente de la pareja que ha decidido adoptar un niño. ¿Cómo se llega a esta decisión? ¿Cómo se ha digerido el duelo por el niño que no se ha podido tener por tantas razones —infertilidad o esterilidad de uno u otro de los cónyuges, miedo al embarazo, afán caritativo hacia la infancia abandonada? Si las motivaciones para la adopción responden a una asimilación madura y coherente de las dificultades para engendrar de manera natural, el proceso de selección de la pareja adoptiva no ofrece demasiadas dificultades, excepto las que pueden derivarse de un niño adoptado más o menos traumatizado por el abandono de que ha sido víctima y por los trastornos genéticos potenciales que pueda vehicular. Pero esta pareja madura será capaz de asumir estas dificultades y dejarse guiar ante las dificultades que el niño adoptado pueda presentar.
El malestar surge, en cambio, en aquellas parejas que han llegado a la decisión y al anhelo ferviente de adopción como una salida precipitada a la gran frustración de no conseguir tener descendencia por las vías naturales o por la reproducción asistida. Cuando no hay capacidad para asumir esta gran contrariedad y decepción, la salida precipitada es confiar que la adopción pueda remediar el problema e, incluso, que pueda anular la misma experiencia del problema. Entonces, se confía de una manera muy idealizada, en que el niño adoptado vendrá a resolver la crítica situación de una pareja que no encuentra ninguna otra manera de reorganizar su esperanza y el sentido de su convivencia como no sea la rápida negación de unas desilusiones que sólo un embarazo habría podido paliar. Ahora la adopción como un recurso supremo serviría para eclipsar rápidamente aquel proceso de desilusión o de conflicto que la pareja negaría con tenacidad.
La autora quiere señalarnos que, en un número considerable de casos, esta problemática negada —la otra cara de la adopción— es responsable de las serias dificultades que surgirán cuando la adopción se ha realizado con estas premisas, las cuales agravarán
las situaciones delicadas, a menudo ansiógenas, que cualquier adopción conlleva, incluso la que se da en las mejores condiciones por parte de la pareja adoptiva y por parte de la criatura adoptada.
Para informarnos de los acontecimientos que todo proceso de adopción implica, Carme Vilaginés nos hace seguir, con su sensibilidad maternal, con su intuición y técnica psicoanalítica y con una abundante casuística de una dedicación de muchos años, las vicisitudes con que adoptantes y adoptados pueden encontrarse desde el inicio e, incluso, desde antes de su encuentro. Dejando de lado los casos de adopción de aquellas parejas o familias que, aun contando con un cierto número de hijos, sienten la necesidad de aumentarlos o se deciden a hacerlo por razones humanitarias, la mayor parte de las veces se trata, como hemos dicho ya, de personas que han sufrido la contrariedad de no poder tener un hijo deseado, a pesar de las gestiones adecuadas que puede ofrecerles hoy en día la ginecología.
La autora nos hace sentir, o nos dice bien explícitamente, que adoptantes y adoptados se encuentran en una situación, en ciertos aspectos, paralela. El niño ha sido objeto de abandono por parte de los padres naturales y, por otra parte, la pareja adoptante también se ha sentido desvalida por la confirmación de su incapacidad genésica. Adoptantes y adoptados se encuentran en una situación de duelo: si el niño ha sufrido la pérdida siempre traumática de los padres, los adoptantes han sufrido, con más o menos trastorno emocional, la pérdida de su ilusión por engendrar. Unos y otros, provenientes de un duelo, se hallan en una correspondencia bien particular. Este niño desvalido y abandonado se convierte para los padres adoptivos en lo más envidiable para recuperarse del duelo insuperable por el hijo imposible. Y, a la recíproca, esta pareja dolida y decepcionada se convierte en salvadora del huérfano que naufraga.
Carme Vilaginés nos hace seguir a doble flanco la evolución de esta relación de correspondencias tan particulares y los escollos que a menudo genera en cada uno de los protagonistas. Y para ello parte de sus conocimientos de la dinámica de las parejas y de la evolutiva del niño desde los niveles protomentales hasta la continuada organización de su realidad psíquica. Y nos muestra —digámoslo como paradoja— que el niño comienza a no existir, es decir, a existir sólo en la fantasía del adulto. Y es esta fantasía, tan inherente al deseo de engendrar, que hace sentir dolorosamente el vacío de la no existencia del niño, tan rotundamente ausente en la realidad externa.
Todo el libro se esfuerza en ilustrarnos de los errores que pueden producirse en el camino de superación de las carencias iniciales de adoptantes y adoptado. ¿Cómo puede llegarse a amar la realidad del hijo adoptado, con toda su carga traumática, con el resentimiento residual que conllevan las frustraciones precoces tan dramáticas, las heridas, de tan difícil cicatrización, que le han sido infligidas al niño abandonado? ¿Y cómo puede irse aceptando y amando la realidad de este hijo tan diferente a aquel de la fantasía desiderativa? ¿Qué proceso habrá que llevar a cabo para amar al huérfano tal y como es sin el barniz de las proyecciones que los padres adoptivos puedan hacer del niño ideal que habían soñado? Todo depende del grado de madurez de la pareja adoptante, pero la autora nos dice que por muy integrados que estén, hay que instruirles y, si es necesario, hay que acompañarles en la problemática que toda adopción puede suscitar en las relaciones con el niño y el adolescente.
Entender la problemática del adoptado es comprender, entre otras cosas, su necesidad de búsqueda del propio origen, la incógnita de esos padres desaparecidos o que le han rechazado, entender el resentimiento, la indefensión o los paradójicos sentimientos de culpa que puedan generarse. Y entender también la necesidad de descubrir la realidad concreta de estos padres que puede aparecer en la fantasía con tan diversas facciones.

Del epílogo del Dr. Pere Folch Mateu.

Xoroi edicions

col·leccions que es disparen en múltiples direccions

PROGRAMA EDITORIAL

2012-2013

novembre 2012

col·lecció Calidoscopi

Carme Vilaginès

La otra cara de la adopción

novembre 2012

col·lecció Passatges

Núria D’Asprer

Barcelona: passatges de traducció.

Algunos pasajes y otras meditaciones urbanas

 

col·lecció Mirar amb les paraules

 

Silvia Fendrik

El falo enamorado.

Silvia Fendrik

El arte de Freud

Jacques Nassif

El libro de las muñecas que hablan

col·lecció Schreber

Daniel P. Schreber

Memorias de un neurópata

José María Álvarez

Estudios sobre la psicosis

(nueva edición revisada y ampliada)

Fernando Colina

Acerca de la locura (títol provisional)

Col·lecció Memòria de l’oblit

Anna Miñarro, Teresa Morandi (comps.)

Trauma y transmisión. Efectos de la guerra del 36, la posguerra, la dictadura y la transición en la subjetividad de los ciudadanos

en coedició amb FCCSM

Col·lecció Psicoteràpia

Antonio Pérez Sánchez

Psicoterapia psicoanalítica breve


Altres col·leccions previstes

Parc Taulí

Espai Freud


Revistes:

SPECULUM, Revista del Aula de Psicodrama.

La casa de la paraula