Patricio Vélez, artista visual: “Sin transgresión no habría creatividad en la infancia, ni en las artes ni en las ciencias ni en nada”

Teresa Gómez Martorell dialoga con Patricio Vélez

Foto Miriam Rocha-2012

PATRICIO VÉLEZ EXPONE 16 DIBUJOS DE LA SERIE: EL DIABLO EMPUJA LA MANO, EN LA CASA DE LA PARAULA

Del 29 de Marzo al 23 de Abril 2016

 

T. G.: Bienvenido a La Casa de la Paraula

P. V.:  Muchas gracias.  Estoy muy contento de exponer aquí. Vine por primera vez a la bella exposición de fotografías de Nicole Gagnum presentadas con un impecable texto de la señora Emilia Colomer,  y  luego asistí al coloquio del señor Francesc Puntí. Todo me pareció muy estimulante y se despertó en mí el deseo de exponer aquí los nuevos dibujos, en este espacio rodeado de libros de psicoanálisis, antropología, historia, literatura en general, en lo que yo llamo un camino epistemológico del conocimiento. Un buen lugar para el arte. Les agradezco por la acogida tan cordial que me brindan.

Hace unos años, leí un texto sobre la leyenda de la invención del dibujo de Plinio el Viejo, en el que una joven trazaba una línea alrededor de la sombra de un hombre proyectada en una pared.  Cuando vi estos dibujos que presentas en La Casa de la Paraula: El diablo empuja la mano, inmediatamente la asocié con esta historia. Pero respecto a tu caso, ¿cuál es el origen de esta serie?

Ahora que lo dices, si, recuerdo esta historia que Plinio el Viejo nos ha reenviado como un mito fundacional historiado. Pero como digo en el catálogo, la silueta de las manos ya se encuentra en las artes parietales prehistóricas y es constante  a través de los tiempos.

En el caso de estos dibujos puedo decir que el origen está en la infancia, cuando uno descubre el papel y el lápiz y traza con curiosidad los garabatos y las siluetas de los objetos, siendo las propias manos una representación gozosamente inevitable. Son los juegos del dibujo. Todos los hacemos. Los juegos son altamente simbólicos y sirven de lazo entre nuestra subjetividad y el mundo.

Volviendo a los dibujos que presentas ¿hacia dónde el Diablo empuja esta mano?¿Hacia dónde van?

Creo saber de dónde vienen y de mi necesidad de dibujarlos. Uno de los alimentos de la imaginación es la memoria y aquí he tratado de ser fiel a algunas experiencias vividas. Insisto en los juegos pero también en las experiencias de hacer y construir, tanto como de evocar algunos aspectos que pueden parecer indecibles: la conciencia del rostro y de la máscara, el miedo, el humor, las heridas, los afectos  y, evidentemente, lo absurdo que fluye por sí mismo.

Volviendo a tu pregunta, llanamente diré que van a la mirada y la mente de quien los observe. Cada persona elaborará su propia percepción y completará el proceso creativo. O no; pero no soy tan pesimista.

¿Y el título de la exposición?

Maravilloso. No es mío. Es un refrán de la cultura popular ecuatoriana. Sin él, estos dibujos no existirían. Corresponde a la advertencia que nos hacían los mayores cuando jugábamos arriesgadamente, incluso con las palabras, y nos podíamos hacer daño.  En consecuencia, hacíamos lo que queríamos, conscientes de la advertencia pero sin sacrificar nuestra libertad. Sabemos que la transgresión es un atributo infantil necesario. Sin ella no habría creatividad en la infancia y, amplío el horizonte,  ni en las artes ni en las ciencias ni en nada. Quien no arriesga no cruza el río. Asunto muy interesante es saber qué y cómo se transgrede, empezando por uno mismo.

Estos dibujos están realizados con papel carbón, práctica cuando menos rara en nuestras artes. ¿Por qué? ¿Qué te aporta esta técnica?  

Ya desde pequeño me fascinó el papel carbón; eso de dibujar sin ver los trazos y luego al levantarlo encontrarte con sorpresas… parece el encuentro con la cueva de Alí Babá o la caja de Pandora.  En la adolescencia también lo utilicé, pero fue en Paris,  en la década de los setenta cuando lo usé intensamente para escribir los diarios personales, hacer libros,  dibujar en sí mismo. Todo esto bajo la influencia de la escritura automática y la asociación libre. Sin embargo, por primera vez, hace unos dos años, me propuse trabajar con él de manera sistemática, en la serie que nos ocupa. Así, sostenido por el Diablo, he realizado más de cien dibujos, representando diferentes temas, desarrollos y variaciones.

El papel carbón es muy sutil al tacto. Con él se pueden obtener amplias gamas de grises y los negros son intensos. Todo depende de la presión que ejerza con la punta metálica que utilizo para dibujar, como en el grabado a la punta seca. Y no se puede borrar. Los trazos son definitivos, a la primera. Esto es un gran incentivo. Valga decir que esta serie no la he dibujado totalmente a ciegas sino que he levantado el carbón cuando necesitaba ver cómo se configuraba la imagen. En algunos casos también he utilizado reservas y en otros me he guiado por leves trazos de lápiz sobre papel blanco.

 

patricio

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