Enric Berenguer, psicoanalista: “Sobre el autismo se dicen muchas cosas supuestamente científicas, y todas estrictamente contradictorias”

Marta Berenguer. Barcelona, octubre de 2013

Estadísticas que hablan de que en algunos países el autismo se ha convertido en una auténtica epidemia. Diagnósticos que se amplían cada vez más. Parece que el autismo ha adquirido una presencia social como nunca antes se había conocido. Pero, ¿qué es realmente el autismo? ¿Existe solo un tipo? ¿Qué podemos aprender de los sujetos autistas?. Desde La Casa de la Paraula hemos querido aproximarnos con esta entrevista al enfoque que el psicoanálisis lacaniano da a esta temática. Hablamos con Enric Berenguer, psicoanalista, miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis de Barcelona (ELP).

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Podríamos decir que Cataluña ha sido un territorio pionero o, como mínimo, destacable en el tratamiento del autismo desde el psicoanálisis. Me refiero al trabajo realizado por los centros de atención precoz, las escuelas especiales, la atención privada, el trabajo con los padres… ¿Qué valoración hace del trabajo realizado en los últimos 30 años?

Ha habido instituciones que hacen un trabajo importante desde hace muchos años: Carrilet o la Escuela Alba en Barcelona, el centro Balmes en Sant Boi. Me dejo muchos espacios que han hecho un trabajo muy intenso, ahora no los puedo citar a todos. Hace muchos años que se trabaja en el campo del autismo y no sólo desde el psicoanálisis. Por parte del psicoanálisis nunca ha habido la pretensión de apoderarse de este campo. El enfoque siempre ha sido de colaboración y pluridisciplinario, cosa que a veces parece que se niegue. Des de orientaciones, abordajes y opiniones distintas ha habido un frente común que ha permitido encontrar formas de trabajo y debate con mucho respeto mutuo. Es una manera de hacer que empieza a echarse en falta.

Según datos de los Departamentos de Salut, Ensenyament y Benestar Social, durante el año 2012 se diagnosticaron 780 casos de trastornos del espectro autista (TEA) en los centros de salud infantil y juvenil lo cual supone un aumento del 340% desde el año 2006. ¿Qué le sugieren a un psicoanalista como usted estos datos?

Las estadísticas son muy relativas porque el diagnóstico cambia según los criterios. Hasta hace unos años el diagnóstico de autismo era más restrictivo mientras que últimamente se ha ampliado esa categoría. En parte por un conocimiento más profundo del autismo al que han contribuido los propios autistas. Gran parte del conocimiento que tenemos hoy en día del autismo proviene de autistas que han publicado sus testimonios, ellos son quienes más nos han enseñado. Nos ayudan a ver que el autismo es un tipo de problemática subjetiva más amplia de lo que se suponía en otra época. Pero eso no lo sabemos ni por la psicología ni por la “ciencia”, lo sabemos sobre todo porque los propios autistas han empezado a escribir testimonios

Captura de pantalla 2013-11-01 a las 13.07.49Des del psicoanálisis lacaniano Rosine i Robert Lefort hicieron mucho por ampliar el campo del autismo, convirtiéndolo en una entidad clínica importante para su estudio y tratamiento. Ampliaron mucho nuestro conocimiento de esta condición humana.

El aumento de los casos de autismo en las estadísticas guarda relación con los cambios de las escalas de diagnóstico bajo este régimen tan peculiar que son los DSM: unos sistemas consensuados para establecer criterios de cara al diagnóstico a partir de comités que en cada momento deciden que es normal, que es patológico y cuales son las divisiones fundamentales que estructuran el campo de la clínica. Todo ello está sometido a presiones muy diversas. El diagnóstico de autismo se ha convertido en un argumento para destinar recursos y justificar intervenciones que parten del supuesto de que el autismo es un déficit tratable con métodos educativos y cognitivos, fundamentalmente. Sería legítimo que la categoría de “autismo” se ampliase, pero cuando se hincha demasiado empieza a ser un problema. Creo que hay corrientes de la psicología y también de la neurología que han visto en el autismo una suerte de terreno del que se pueden apropiar.

Algunos países como Estados Unidos o Francia por poner dos ejemplos, con la complicidad acrítica de los medios de comunicación y ante el incremento de los casos de autismo que muestran las estadísticas han calificado el TEA como “epidemia”. Algunos pueden pensar que este aumento se debe a un mejor diagnóstico. Pero, ¿nos pueden hacer sospechar alguna cosa las cifras de las estadísticas?

Muchas cosas, claramente. Es un fenómeno muy complejo. Quien analiza esto de una manera clara, detallada y luminosa es Eric Laurent en ‘La batalla del autismo’. Como todo, es un fenómeno multifactorial. En primer lugar el DSM –el comité de expertos que fijan los criterios diagnósticos- es manipulable políticamente mediante el uso de la presión. Hay factores económicos en juego porque, lógicamente, las familias de determinadas personas que tienen una serie de problemas presionaban para obtener una etiqueta diagnóstica que permitía acceder a diversos recursos. En segundo lugar existe una presión profesional por parte de un sector de psicólogos, educadores, neurólogos o investigadores genetistas que dicen: “éste es nuestro campo”. Todo eso ha producido una epidemia que ha llegado a su límite. Justamente ahora, con el DSM-5, en los Estados Unidos han intentado dar marcha atrás y restringir otra vez el diagnóstico de autismo. ¿Por qué? Porque finalmente era un problema económico insostenible para el estado. Lo han frenado porque han visto que eso era su ruina, y tal vez también porque ahora en Estados Unidos los demócratas quieren ampliar el ámbito de la medicina pública.

Captura de pantalla 2013-11-01 a las 13.07.49Pero es un fenómeno muy del siglo XXI. Ian Hacking, por ejemplo, es un sociólogo y antropólogo que habla de este tema y estudia la dinámica de lo que sucede hoy en día con los diagnósticos. Son epidémicos porque generan una dinámica de identificaciones. Según Hacking, actualmente se produce una apropiación de categorías diagnósticas que en el pasado habían quedado marginadas o vividas como una condena.

El diagnóstico de obesidad, por ejemplo, genera una epidemia de obesos porque la gente se identifica. Si hoy en día a una familia les dices que su hijo es esquizofrénico se lo toman muy mal, pero si es autista es algo mas aceptable. Se ha convertido en una identidad más asumible. Vivimos en una época de búsqueda de identidades. Vemos que alrededor de la identificación “mi hijo es autista” hay un alivio, es un término socialmente más aceptable que otros, y genera una dinámica asociativa. ¿Eso está mal?. No necesariamente. Está bien si el uso es el adecuado. Pero es peligroso, incluso perjudicial, si la angustia de los padres es manipulada por lobbies, como ahora sucede, y tiene un impacto político en el mal sentido: presiones sobre los profesionales, leyes ad hoc hechas a medida de grupos de interés, guerra descarada por recursos limitados, etc. En cualquier caso, parto de la base de que parte de la ampliación de la categoría de autismo es legítima y compatible con lo que hace años plantearon Rosine y Robert Lefort de manera totalmente independiente a partir de su clínica.

¿Convendría ser más prudentes con los diagnósticos?

No se trata de que como psicoanalistas digamos que los diagnósticos o su ampliación son falsos. No se trata de eso porque Rosine y Robert Lefort ya lo habían anticipado. Lo que es muy peligroso es cuando determinadas categorías clínicas son consideradas como patrimonio exclusivo de profesiones o de orientaciones. A partir de aquí no podemos confiar en que el uso de esas categorías solo sea científico. Conviene ser muy prudentes.

A menudo se cree en la categoría de autismo como un déficit y solo se consideran factores cognitivos. Ese prejuicio autoriza a ignorar, incluso a atacar, todo aquello que el sujeto ha construido como si fuera negativo, mal hecho, deficitario, lo cual ha provocado en determinados casos situaciones realmente dramáticas. En los Estados Unidos, que es donde empieza esa ola calificada de epidemia, ya se han detectado los efectos negativos y muy dramáticos de ese tipo de orientaciones agresivas. Y ahora, aquí, como siempre vamos con retraso, estamos descubriendo la sopa de ajo, pero esta sopa está demostrado que repite y provoca ardor de estómago.

A veces el diagnóstico de autismo se hace con criterios demasiado inclusivos, confundiendo muchas cosas, lo cual puede tener consecuencias porque el diagnóstico ya implica un tipo de tratamiento que en determinados casos puede ser francamente nocivo. A menudo se margina la angustia del sujeto. Conviene tener presente que determinado tipo de mecanismos de separación respecto al otro son una defensa muy profunda contra la angustia. Y hay que respetarlo.

Le leo algunos titulares del diario El País, titulares que, por otro lado, también encontraríamos en otros medios de comunicación

  • Nuevas claves sobre las raíces genéticas del autismo
  • Un estudio de Harvard vincula el autismo con la contaminación
  • Un estudio norteamericano relaciona la obesidad con el autismo
  • Científicos británicos vinculan los altos niveles de testosterona en el líquido amniótico de las embarazadas con el desorden

¿La ciencia tiene respuesta para todo?

Tiene tantas respuestas que son todas contradictorias. Es un poco como el PP y Rajoy. Lo único que tendrían que hacer para demostrar sus contradicciones poner en una valla publicitaria todas las cosas que dicen. El diario El País, por ejemplo, tiene una orientación clásica sobre este tema que consiste en apuntarse al último descubrimiento. En este diario solucionan definitivamente la esquizofrenia cada diez años. Con el autismo sucede lo mismo.

Es necesario un cuestionamiento, por tanto.

No se cuestiona nada. No se cuestiona que una semana publiquen una noticia totalmente contradictoria con la publicada la semana anterior. Justamente el libro de Eric Laurent muestra la inconsistencia. Sobre el autismo se dicen muchas cosas: todas ellas muy “científicas” y todas ellas contradictorias entre sí. Y no solo des de la medicina, desde la genética un día es un gen determinado, después otro, más tarde son cuatro, luego una combinación de siete. El conjunto es claramente inconsistente y justamente debemos exigir a los científicos que sean eso: científicos

¿El autismo continúa siendo un misterio, un enigma?

Claro que sí. Pero es que la condición humana es un enigma. ¿Hay algo que no sea un enigma en el ser humano?. El ser humano es un misterio y, si, el autismo también es un misterio que estamos conociendo mejor pero al que ni tan solo podemos reducir a una sola causa. Es totalmente enigmático. Por mucho que haya factores que en un momento determinado favorezcan, en el caso de un niño concreto, una respuesta autística, eso no se puede confundir con una sola “causa”, aunque encontremos factores que la hayan podido favorecer. En realidad, la causa siempre se escapa. La causa es un misterio. Podemos ver cosas que tienen cierta correlación, pero no que la causa sea una. Debemos ser humildes y admitir que no podemos asilar una causa, que podemos ver una serie de factores que pueden haber formado parte, pero saber porque un niño responderá de una u otra manera es un enigma. Pero si un niño ha producido este tipo de respuesta, independientemente de posibles condicionantes, es fundamental entender que para él ha de tener una función, y es muy importante saber cual es para ayudarlo. Los psicoanalistas aceptamos que la causa es un enigma, y nos concentramos en la pregunta por la función, por la dinámica de lo que aquella persona en concreto hace, para ayudarlo partiendo de su realidad.

¿Cómo definiría el autismo –si es que se trata de un solo autismo- o, que designa la palabra autismo?

Muchas veces la palabra autismo designa la fantasía que tenemos ante un autista. El autista, principalmente cuando se trata de un niño, es un ser humano que se opone de manera frontal a algunas cosas que esperamos de un ser humano y sobre todo de un niño. Pensamos que para el autista no hay un otro, pero es falso. Para el autista hay un otro, el problema es que hay demasiado y por eso tiene que protegerse. Es el primer prejuicio  que debemos evitar. No podemos dejarnos engañar por la sensación de que para él no estamos. Claro que estamos, pero el sujeto autista está tan poco protegido de esta presencia que, de alguna manera, tiene que construir una barrera. Por eso debemos ser autocríticos. A menudo con nuestras categorías clínicas manifestamos nuestros prejuicios. Solo cuando nosotros mismos atravesamos estos prejuicios podemos pensar de verdad que es ser autista y empezar a entender determinados mecanismos que de entrada parecen muy extraños pero que tienen una lógica propia. No se trata de un déficit en el sentido de que lo que hace aquella persona no sirve para nada y hay que eliminarlo. Al contrario, es un intento de construir un modo de funcionamiento. No se trata de que le dejemos tal cual, sino de que intentemos aproximarnos a él para modificar a partir de sus propias potencialidades.

Captura de pantalla 2013-11-01 a las 13.07.49El psicoanalista Jacques Lacan se refirió al autismo como el estado original del ser humano y a la “insondable decisión del ser”. ¿El autismo es una elección por parte del sujeto?. O es una afirmación muy arriesgada?

Podemos decirlo, pero con prudencia. Es una manera de decir que en última instancia cuanto más nos acercamos a la experiencia misma del autista vemos que hay cierta elección, no en el sentido usual, aunque sí que hay respuestas que habrían podido ser diferentes y que nunca hay una determinación “objetiva” completa, siempre hubiera podido haber  otra orientación, incluso en niños muy pequeños. Lo vemos, por ejemplo, en los testimonios de autistas. Donna Williams comenta en su libro que ella escogía su mundo y rechazaba el de los demás. Ahora bien, ¿hasta donde podemos llevar esta elección?. ¿Cuán primaria es?. Cuando Lacan habla de “insondable” (lo hace en general, no específicamente del autismo), quiere decir que en el sitio donde quisiéramos encontrar una “causa”, siempre hay un agujero, algo falta, hay un punto de indeterminación. Y que en este espacio de indeterminación lo que hay es el sujeto en su singularidad al que no podemos reducir a los factores que podrían favorecer el autismo o hacerlo más probable. En última instancia siempre hay un elemento que es una respuesta, una orientación que tomó el sujeto sin que sepamos porque. Y es muy difícil saberlo. Es una especie de real que no se sabe por dónde saldrá y que no es del orden de una reflexión o de una decisión. Es una suerte de orientación. Tiene relación con lo que Sigmund Freud denominaba “defensa”: una especie de orientación del sujeto que es casi pre-subjetiva. No es que haya un sujeto que tome una decisión sino que hay un sujeto que se constituye en aquel momento. Por otro lado, cuando Lacan dice que el autismo es el estado original del ser humano, se refiere a que, cuanto más conocemos a los humanos, lo que más nos extraña es que seamos capaces de mantener una relación. Estamos habitados por algo que siempre es bastante autista, lo que Freud denominó como “la pulsión”. Lo enigmático en los niños pequeños es que eso no impide, en la mayoría de los casos, establecer un vínculo con el otro. Pero no podemos dar por supuesto ese vínculo con el otro. Es el resultado de una serie de operaciones sutiles, complejas; el vínculo con el otro se construye y no siempre tienen porque salir igual y tampoco está libre de accidentes.

Cuando un niño con autismo –o no- llega a la consulta de un psicoanalista, a menudo lo hace de la mano de sus padres. ¿Con eso basta para iniciar un tratamiento?

Un tratamiento no consiste en llevar un niño a una habitación en un centro. El tratamiento comienza cuando el niño de una u otra manera consiente que aquel sitio, aquel espacio, aquellas personas nuevas con las que se encuentra, suponen una diferencia en su vida. Aquí comienza un tratamiento. Empieza en el momento en que el niño, por muy autista que sea o que nos lo parezca, puede encontrar en ese espacio o en esos encuentros nuevos una oportunidad de, por ejemplo, acoger lo que hace. Que las respuestas que son percibidas como anómalas, enfermas o insoportables en otro ámbito, ahora encuentran un lugar. Muchas veces eso ya produce efectos. El niño sabe que aquello es un espacio diferente y puede reconocer esa diferencia. Y a veces a partir de ahí vemos como se producen pequeños cambios que indican que ante esa nueva acogida el niño puede empezar a asumir riesgos que normalmente en otros espacios de vida no podía asumir. A partir de ahí se van construyendo cosas que pueden dar resultados bastante espectaculares.

Si en psicoanálisis es importante la palabra, qué se puede hacer con personas para las cuales a menudo la palabra es un silencio?

Si la palabra es un silencio tenemos que aprender a callar con ellos. Justamente porque la palabra es importante hemos de saber callar con un autista. Es muy importante. Ante un niño que no dice nada la respuesta normal es poner palabras. Ponemos las palabras que él no pone. Suponemos lo que quiere, suponemos lo que no quiere. Le decimos que tiene que hacer eso o aquello. Es inevitable. No es que los psicoanalistas digamos que no hay que hacer estas cosas porque lógicamente los niños autistas tienen vida propia en otros lugares y espacios. Tendrán otros interlocutores que querrán educarlo, ojalá lo hagan respetando sus condiciones, sus elecciones. Los que hemos pasado por un análisis sabemos que la vida no es lo que sucede con tu analista. Tienes un trabajo, estudias o no, tendrás pareja o no, hay muchos otros y en cada relación con un otro pasan cosas distintas, hay discursos distintos. El autista también tendrá interlocutores que intentarán educarlo, los padres también deberán delimitar determinado tipo de comportamientos de los niños porque no pueden dejar que el hijo ocupe toda su vida, pero pueden crear un espacio donde eso no esté sometido a una desaprobación generalizada ni al presupuesto de que es una cosa enferma. Por tanto, respetamos el silencio del autista. Que no hable no implica que nos esté haciendo algo horrible, ni que esté incumpliendo un estándar. Le reconocemos radicalmente el derecho a no hablar lo cual, aunque parezca extraño, es lo que puede conseguir que quiera hablar, aunque empiece a hacerlo de maneras atípicas, indirectas, que son sus vías de acceso a la palabra. Y ante eso el analista puede decidir callar un poco más y crear un silencio que a veces puede ser muy importante.

Captura de pantalla 2013-11-01 a las 13.11.58Discutiendo sobre un caso clínico muy interesante con una colega me explicaba como el niño había ido espontáneamente a buscarla en el sitio más silencioso del centro. Era un niño que necesitaba un silencio, y a partir de ese momento empieza a hacer ruidos. Ha evolucionado muy bien y a partir de aquí comienza a tener la capacidad de hablar. A veces se trata de soportar el silencio incluso de crearlo para favorecer que el sujeto hable, pero no porque se sienta obligado, sino porque lo puede empezar a asumir.

Lo cual disminuye también el sufrimiento de los padres.

Los padres encuentran una manera de entender lo que le pasa a su hijo y lo que le sucede cada día, lo cual para empezar desangustia mucho. Un niño autista puede hacer muchas cosas que son difíciles de entender porque son distintas a lo que la gente espera de un niño y ponen a prueba las expectativas de los padres, que pueden sentirse decepcionados. A partir del psicoanálisis del niño muchas de esas cosas pueden ser entendidas y ofrecer otro tipo de respuestas. Estos cambios también permiten resistir mejor el peso de vivir una situación que socialmente implica cierta marginalidad. Esta comprensión permite a los padres presentarse ante la familia, los amigos y el entorno social y poder explicar que lo que sucede no es culpa suya ni tampoco supone que el niño sea malo. Pueden pasar de una posición pasiva a empezar a participar. Los padres de niños autistas también necesitan instituciones, espacios de acogida. Supone socializar, en la medida de lo posible, esa responsabilidad. La enfermedad y el sufrimiento no es algo privado, también es una cuestión social. Tenemos una responsabilidad social hacia las personas con dificultades. Los padres son los primeros en hacerse cargo de sus hijos, pero no deben estar solos. También necesitan espacios de socialización para que los niños puedan estar sin padres y los padres sin sus hijos. Así el tiempo que pasen juntos mejorará en calidad.

¿Qué triunfos puede compartir el psicoanálisis ante la batalla contra el autismo?

Muchos. Suceden en las consultas, en las escuelas, en las instituciones. Hablamos muchas veces de casos que nos dejan intrigados y sorprendidos.

Muchos estudios de casos demuestran que uno por uno hay muchas cosas por decir y hacer con los autistas y que a menudo conseguimos entendernos lo cual les da la opción a arriesgarse para salir de su mundo. Un tratamiento es una combinación entre las acciones del propio sujeto y las oportunidades que encuentra en el mundo a partir de determinados otros que son capaces de acogerle. Estos otros pueden ser un psicoanalista, un educador, un vecino… Finalmente quien acaba decidiendo que hace con ello es el propio sujeto. Recomiendo el libro de Donna Williams ‘Alguien en algún lugar’, donde todo eso se percibe claramente. El gran problema es no entender que también un autista decide y decide en el día a día, y que también decide cuando se queda embobado mirando un ventilador. Nosotros podemos hacer cosas para mostrar que respetamos eso, pero también podemos proponerle, por ejemplo, conectar ese ventilador con otros objetos.

Captura de pantalla 2013-11-01 a las 13.14.05Una colega me explicaba el caso de un niño al cual la familia presentaba como obsesionado mirando la lavadora porque daba vueltas. La colega descubre que no solo le interesaba porque daba vueltas sino porque tenía una puerta y dentro se podían poner y sacar objetos. El niño empezó a llamar “lavadora” a cosas que no eran lavadoras: una cocina y otros objetos que, curiosamente, tenían la misma estructura: un marco para poner y sacar objetos. La colega percibe eso y empieza a incitar al niño a encontrar objetos que sigan la lógica de ser un marco para poner y sacar un objeto. La evolución de ese niño es espectacular. Lo relevante es no obcecarse con el “siempre está mirando una lavadora”. De acuerdo. ¿Qué es una lavadora para ese niño? No lo sabes. Puede que tres niños miren una lavadora, pero para cada uno de ellos será algo distinto. Los psicoanalistas podemos ir más allá de la primera impresión y preguntarnos: ¿Qué supone eso para el niño?

¿Qué nos puede enseñar o mostrar el autismo sobre nosotros mismos?

Creo que mucho. Recuerdo a un niño que estaba muy enganchado a una computadora y la pregunta era porque, que le pasa con esta computadora, que busca, ¿qué hacer con eso? Lo que hacía ese niño parecía muy extraño pero si uno piensa en la vida de una persona aparentemente normal ya no parece tan extraño. Hoy en día no nos podemos separar del móvil. Los humanos vivimos rodeados de dispositivos. Vivimos en un mundo sumamente artificioso que compartimos con otra gente que hace la misma rareza que nosotros. Debemos entender que los llamados autistas hacen algunas cosas muy parecidas a las que hacemos nosotros: por ejemplo, intentar calmarse con objetos, regularse. ¿Por qué vemos la televisión? Visto desde fuera puede parecer muy loco pasarse horas ante una televisión, una consola o una computadora, tal como hacen o hacemos muchas personas. Y lo es, porque los seres humanos somos enfermos, no hay otro animal que necesite esas extrañas prótesis que “nos completan”

El ser humano tiene que estar haciendo algo para tapar un cierto vacío. Porque podría decir: No, yo prefiero leer. En realidad es lo mismo, se tapa un vacío. En última instancia estamos haciendo una serie de cosas con objetos y necesitamos hacerlo. Puede ser un cigarrillo, comer… vivimos en unas construcciones y algunos objetos tienen la función de regular algo nuestro. Eso nos parece evidente porque lo compartimos con muchas otras personas. Un autista construye otras cosas, ahora bien, no sigue el guión establecido.

En el fondo nuestra construcción compartida también puede ser bastante rara. Ellos están sin un guión y de manera individual porque están solos y por tanto han de construir una manera de regular la dimensión pulsional.

Por ejemplo ¿por qué un niño autista solo podría comer cosas de determinado color?. Nosotros también tenemos una relación con la comida muy peculiar y estructurada. Está forjada por la cultura. Los objetos que comemos están estructurados por un discurso muy poderoso que nos permite afrontar ese objeto de una manera no amenazadora, pero si no estás preparado, abrir la nevera y ver determinado alimento puede resultar algo bien extraño. No tienes un significante para nombrarlo, no tienes una serie de elementos simbólicos para localizarlo. A partir de aquí podemos empezar a entender que tal vez podemos ayudar al niño autista a construir muchas cosas. En el fondo nosotros vivimos en un mundo mucho más artificioso de lo que parece. Y estamos habitados por algo más que siempre es bastante autistas.

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