Hablemos de la locura Ver más grande

Hablemos de la locura

Año de publicación2018
AutorJosé María Álvarez
EditorialXoroi edicions
Número edición1

9788494919534

Prólogo de Fernando Colina

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26,00 €

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Sinopsis

«Bastante tengo con estar loco, como para aguantar además que me llamen enfermo mental». Este comentario de un paciente transmite con lucidez y precisión la oposición entre locura y enfermedad mental, y muestra, asimismo, su preferencia de la primera a la segunda. Las palabras son muy sensibles a los tiempos, las modas y los contextos. Gustan más o menos y son mejor o peor aceptadas dependiendo del ámbito y el momento en que se empleen. A nadie le extrañaría que se hablase de locura en un entorno cultural, filosófico y literario. Pero si ese mismo término se empleara en el medio sanitario, más de uno se sentiría incómodo y refunfuñaría. Hoy día las cosas están así.

Locura, enfermedad mental y psicosis son términos que aluden a un referente común. Pero este referente tiene algo particular, puesto que en él las palabras rebotan y muestran su insuficiencia. Esta dificultad intrínseca de nombrar lo innombrable, de decir lo indecible y explicar lo inefable, favorece el uso ideológico de esos términos. De este modo, la elección del vocablo perfila de por sí la posición de quien habla. Y está claro que estas preferencias muestran importantes desavenencias, tanto en el enfoque psicopatológico como en el terapéutico.  

Aunque aludan a un mismo campo semántico, cada uno de esos tres términos arrastra un sentido propio que se le ha adherido por el uso. Estos matices se aprecian en frases muy simples y habituales, como «De loco, todos tenemos un poco». Ahora bien, si en este adagio se sustituye loco por enfermo mental o por psicótico, la cosa empieza a chirriar. Lo que rechina precisamente es la adherencia más densa de significación que en ese momento y en ese contexto posee el término en cuestión. Enfermedad mental y psicosis son expresiones propias de la nosología médico-psicológica que lastran hoy día una pesada carga patológica. En manos de los especialistas, su uso es para echarse a temblar, sobre todo cuando se ponen por escrito en un informe. Locura, en cambio, no prejuzga nada de eso. Su inespecificidad, en este caso, juega a favor. Incluso es bienvenida en estos tiempos de furor cientificista, pues suele ser mal recibida por quienes gustan de la bata blanca.

No se puede ignorar, por otra parte, la desconsideración con que se usa a veces la palabra locura o loco. Quienes desprecian la locura –a la que creen dignificar llamándola enfermedad mental o psicosis–, desprecian también al sujeto que la encarna, lo tilden de loco, enfermo mental o psicótico. Como señaló Nietzsche, el desprecio está sobre todo en la compasión y la superioridad con que se asiste a esos ultrajados, a los que además se les priva de pintar algo en su propia desgracia. Se trate de loco, enfermo mental o psicótico, esta vertiente lastimera resulta envilecedora y humillante, infinitamente más peyorativa que cuanto algunos atisban en las palabras loco y locura.       

Como se trata de adoptar una posición ideológica, aquí se hablará de locura y de loco. Esta elección se asienta en seis motivos principales. El primero enfatiza hermandad del loco y el cuerdo en el seno de la condición humana, un amplio espacio común en el que se reúnen pese a sus evidentes diferencias. El segundo destaca que en la locura siempre hay un grano de razón y lucidez, es decir, que no hay locura sin razón ni razón sin locura. El tercero resalta que la locura siempre es parcial. El cuarto subraya la posición activa del loco frente a la pasiva del enfermo, una posición activa que se sustancia en la capacidad de decidir sobre su locura. El quinto pone de relieve que la locura invita al diálogo y esquiva la compasión. El sexto, quizás el más importante, defiende que la locura es ante todo una defensa necesaria para sobrevivir.

Estos son algunos de los matices que trato de recuperar en este libro, a sabiendas, claro está, de que la locura nos acerca a la razón, la lucidez y la creación, pero evoca también el rechazo, el temor y la marginación. Que estos aspectos resulten un tanto contradictorios no merma en absoluto el poderío de ese término. Al contrario, puesto que se trata del estudio de la locura, más vale acostumbrarse pronto a ciertos embrollos.  (José María Álvarez)

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