Bebés Forstør

Bebés

Año de publicación2008
AutorDonald Meltzer, Catherine Mack Smih, Aurora Angulo, Miriam Botbol, Rosa Castellà, Perla Ducach, Silvia Grünwaldt, Lucy Jachevasky.
Páginas266
EditorialGrafein
Número edición1

9788493589370

Experiencias desde un vértice psicoanalítico

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14,42 €

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Reseña a cargo de la Dra. Sheila Navarro López Agradezco a las autoras me hayan elegido para prologar este importante libro, no solo por el honor con que me reviste, sino porque su lectura minuciosa me permitió revivir, descubrir y aprender. También quiero aquí dejar por escrito lo que muchas veces dije a todos los integrantes del Grupo Psicoanalítico de Barcelona, en particular cuando publicaron el libro anterior y fue que entendí perfectamente que Benito López estuviera satisfecho de haberlo iniciado, León Grinberg agradecido por haberlo podido continuar y Meltzer orgulloso de su “grupo preferido” porque sus integrantes, pese a ser tan diferentes en su vida personal y profesional, se hubieran constituido en el único tipo de institución psicoanalítica que Donald Meltzer respetaba: el grupo de autogestión. Como siempre, breve, didáctico y asombroso el Meltzer que escribe: “Una reverie acerca de la pre-ocupación interior del bebe.” Agradezco a las autoras que nos hicieran llegar el que podría ser el último trabajo publicado del Maestro. En la exposición acerca de su experiencia, nos sorprende Catharine Mack Smith cuando enfoca en primer lugar la resistencia a la tarea; cuando la asimila a una relación personal de intimidad, que despliega y ofrece, dando cuenta de los hechos que comúnmente se reducen a la expresión “Vocación”. Con Atenea, descripta e incluida en el conglomerado familiar, reinando sola y autosuficiente, no sólo Aurora Angulo me permitió verla con claridad, sino también reconocer y poder profundizar como madre analista, cuál sería no sólo el niño dentro del adulto, sino también el bebé observable en varios de los pacientes que analizo. Asimismo asocié con aquellos pacientes que llegan como gigantes con pies de arcilla, como suelen describirlos los ingleses; también pude valorar una vez más, retrospectivamente, cómo la atención generosa del trabajo analítico puede crear vínculos afectivos, que ni siquiera son correcciones de los anteriores, porque con cierta valentía a veces podemos afirmar que nunca existieron. Cuando escribe acerca de Nuri, Perla Ducach, nos permite generosamente compartir su experiencia con esta familia agradecida. Describe la relación desde el comienzo con unos padres que no son autosuficientes, que agradecen la presencia de la observadora y también la anestesia para el parto. No sienten que ellos “hicieron” a su niña, sino que su bebé colabora, como también la medicina y la sociedad, lo cual les permite manifestarse con sinceridad. No se muestran como padres perfectos ni tampoco su bebé es ideal. Pueden estar ansiosos, o doloridos, o mostrarse incompetentes y hasta torpes; (el biberón con la niña en la sillita) pero también pueden indicar límites de tolerancia cuando la niña usa posesivamente a sus objetos transicionales y a los demás como objetos. Igualmente pueden comprender las frustraciones que el bebé da a conocer y de las que puede, poco a poco defenderse. Junto a Carmen Largo sufrimos el que no pudiera tener con Ana quizá el tipo de “observación terapéutica” que conoce; con la cual pudiera guiar a esa mamá y no meramente seguirla en ese juego de ensayo y error donde se dibuja la impotencia de la observadora que no puede, porque sería extralimitarse en su tarea, impedir la psicopatología que se va desplegando. No sólo la salud mental de Ana está en juego, sino que también su madre, María está perdiendo la posibilidad terapéutica que podría haberse dado en la comunión íntima con su bebé. La niña, por el contrario, da la impresión de haberse transformado en una especie de objeto transicional para su madre, una posesión a la cual someter, educar o más bien domesticar con tiranía. La lectura de Aleix, la fuerza de la vida, nos lleva a descubrir el valor terapéutico que tiene en una familia la función de la observadora, que con su presencia e interés por el bebé, sirve de modelo para que los padres puedan atender y observar al niño que, particularmente en este caso, puede insistir y conseguir los cambios familiares necesarios para su desarrollo. Si como lector, podemos decir que la autora, Silvia Grünwaldt, consigue ampliamente su deseo generoso de compartir la experiencia vivida y valorar la fuerza de Aleix; también podemos pensar que más que ella misma, fue sobre todo su presencia como observadora la que catalizó dicha experiencia. Esto posibilitó a esta familia, el atender a Aleix, el entenderlo y salir de ese círculo vicioso en que estaban los tres incluidos; el niño que sólo recibía servicios o celos, con momentos de abandono y/o de excitación. Es emocionante el momento del susto familiar relacionado con la caída de Aleix en la bañera, momento en que la observadora, “la que también saltó”, es incluida en la familia, hecho que reconoce la autora en el colorido emocional de la despedida. En Observaciones en una guardería, “Jordi: un bebe apenado”, Perla Ducach nos permite disfrutar no sólo de una cuidadosa y prolongada observación sino también del modelo de trabajo analítico que nos muestra Meltzer. El va siguiendo cuidadosamente el material y procesando el entendimiento de este niño a través de las observaciones en sus variaciones. Podemos ver cómo se van desplegando las relaciones internas de este niño en el mundo externo; cómo es su relación de transferencia, no sólo con las educadoras sino también con el equipo de observación. Vemos en que momento se inicia la formación de símbolos, es cuando señala que el niño puede esperar para poder recuperar un objeto que otro niño le ha quitado previamente… Meltzer lo señala como inteligente cuando destaca que Jordi renuncia a tener expectativas en relación a un adulto de su entorno y pone su atención en otros, con la esperanza de que lo entiendan mejor. Diferencia y nos lo enseña portunamente entre mostrar una necesidad y saber despertar el interés. Nos asombra cuando ve en el material que Jordi está más interesado en la comunicación que en la acción. Nos señala los recursos de un niño inteligente cuando Jordi encuentra la manera de atraer la atención y el cuidado, comiendo con lentitud exagerada. Nos enseña cuándo un equipo externo (padres, educadoras) en lugar de relacionarse con un niño, sólo le prestan “servicios”. Muestra a través del material de observación, la diferencia entre valor y precio. En fin, no quiero extenderme demasiado en exhibir mi admiración por el Maestro pero si quiero señalar que sus intervenciones nos indican que observando atentamente un material de juego e interacción de un niño o también del niño dentro de un adulto, podemos inducir y crear las teorías clínicas que necesitamos para nuestra tarea con cada niño que observamos y con cada paciente que analizamos. En la siguiente observación, “Acomodarse, resistir, luchar: la vida de Ferrán en la guardería”, Lucy Jachevasky en un material de observación amplio y duradero, también nos permite apreciar la supervisión de Meltzer, en su minuciosa correlación de los hechos descritos, de juego, comida, e interacción con otros niños y adultos. No obstante se expone la preocupación por un posible daño neurológico que explicaría que un niño con recursos mentales para manejarse en el medio en que le toca vivir, tenga tanta dificultad con su deambulación. En “La conducta para el niño sano, una aplicación de la observación de bebés”, Rosa Castellà y Lucy Jachevasky nos relatan su experiencia en una actividad que creo muy interesante y útil ya que padres sensibles y preocupados por el desarrollo de sus bebes, carecen de un lugar de consulta para una puericultura psicológica que suele estar descuidada y poco atendida por neonatólogos y pediatras. A lo largo de mi trayectoria profesional, fui requerida varias veces, para ese tipo de atención, que es terapéutica como se insinúa en el caso clínico que presentan las autoras, para los padres y consecuentemente, para sus niños y bebés. En “Inés, no quiere comer”, Lucy Jachevasky nos transmite una observación en la cual ambos padres en sus deseos de estimular a su bebé, lo arrastran a una relación sadomasoquista que evoca en Meltzer la gestación de ciertos niños autistas, que se van replegando hacia una inaccesibilidad, abrumados por padres que aplastan cualquier tipo de iniciativa que puedan demostrar. Los niños se van adaptando o se rinden. Curiosamente, en el caso de Inés surge la posibilidad, no sólo de plantear una terapia para la niña, sino también un período de observación compartida con la madre, para poder modelar para la madre la posibilidad de encontrar aspectos interesantes en su bebé, sin necesidad de intervenir siempre, ni competir con ella. “La familia, un lugar para el desarrollo” es un interesante trabajo de Rosa Castellà, en el que describe a la familia como un espacio de seguridad afectiva, en libertad, para acoger a un niño que llega con un patrimonio potencial para el desarrollo físico y mental y describe cómo el mismo puede ser posibilitado o detenido. En el material clínico que presenta podemos fácilmente encontrar con ella, a través de la observación bebé-padres, el juego de la Identificación Proyectiva que mantiene unidos (¿realmente?) o separados a sus padres, planteando a su vez, la diagramación de toda la familia a través de tres generaciones. Se trata de un trabajo sobre psicosociología de una familia. Cuando Miriam Botbol propone a la familia en su habitabilidad como el modelo predominante para la constitución del hogar interior, con vectores disidentes como la diferenciación generacional y de sexos como sus ejes, hace un planteo original, pero susceptible de tantas variables como la autora afirma, que su equilibrio podría tambalearse fácilmente. La constitución homosexual familiar, en la breve casuística que conozco, por ejemplo, lleva a los niños que llegan a la consulta a grados mayores o menores de confusión. Después de todo lo dicho es redundante recomendar la lectura de este libro, no sólo a observadores sino también a analistas, padres y por qué no, a pediatras.

 

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