Conductas de riesgo Ver más grande

Conductas de riesgo

Año de publicación2011
AutorLe Breton, David
Páginas180
EditorialTopía
Número edición1

978-987-1185-36-8

De los juegos de la muerte a los juegos del vivir                       

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22,12 €

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Sinopsis

La noción de conductas de riesgo es entendida aquí como un juego simbólico o real con la muerte, un ponerse en juego, no para morir, por el contrario, pero que plantea la posibilidad nada despreciable de perder la vida o de conocer la alteración de las capacidades físicas o simbólicas del individuo. Las conductas de riesgo manifiestan un enfrentamiento con el mundo en el cual lo que está en juego no es morir sino vivir más (Le Breton, 1991). Veremos que las modalidades de ingreso en el riesgo difieren según las poblaciones implicadas. Para las jóvenes generaciones, las conductas de riesgo (toxicomanía, fugas, velocidad en la ruta, etc.), se sostienen en un sufrimiento personal agudo o difuso, son el indicio de una ausencia de integración, de la falta del suficiente gusto por vivir. Son un último sobresalto para entrar al mundo, es parirse a uno mismo en el sufrimiento para acceder por fin a una significación de sí que permita retomar las riendas de su vida.

     A la inversa, para los deportistas de lo extremo, se trata más bien de una búsqueda de intensidad del ser, para encontrar una plenitud de la existencia amenazada por una vida demasiado pautada. El juego simbólico con la muerte está más bien motivado por un exceso de integración, es una manera radical de huir de la rutina. Para los deportistas de lo  extremo, de hecho es más justo hablar de actividades físicas o deportivas de riesgo que de conductas de riesgo. En ambos casos, se trata de interrogar simbólicamente a la muerte para saber si vale la pena vivir. El enfrentamiento con el mundo tiene como objetivo fabricar sentido para al fin acceder al gusto de vivir o mantenerlo. La prueba personal es un camino alternativo para encontrar el juego de vivir. Desde luego, el juego con la muerte puede parecer lejano, simbólico, así sean la fuga, los trastornos de la alimentación, la alcoholización? para las conductas de riesgo de las jóvenes generaciones; rapel, escalamientos?para las actividades físicas y deportivas de riesgo, pero se trata de arrancarse las marcas habituales y sumergirse, para lo mejor o lo peor, en lo desconocido,  que puede revelarse temible.

     Esas pasiones modernas del riesgo nacen del desasosiego moral que estremece las sociedades occidentales, de la interferencia del presente frente a un porvenir difícil de dilucidar. En el enfrentamiento físico con el mundo, el individuo busca sus marcas, se esfuerza por sostener en sus manos una realidad que se le escapa. Los límites de la acción  toman entonces el lugar de los límites del sentido que ya no logran establecerse. El desafío que ellos se infligen prueba el valor de su existencia. Paradójicamente, nuestras sociedades conocen un clima de seguridad raramente alcanzado a lo largo de la historia. Pero cuando hacen falta los faros del sentido, la existencia se establece con dificultad. Antes de vivir, incluso en completo sosiego, se impone la necesidad antropológica  de comprender por qué vivimos, de atribuir un valor a nuestra presencia en el mundo. Lograr la integración social no siempre desemboca en el dulce disfrute de sus privilegios. Insatisfecho, experimentando lo inacabado de su estado, el individuo se orienta hacia gustos de los que no ignora los peligros, y por los que a veces paga con su carne la sobreestimación de sus capacidades para superarlos. El estudio del juego simbólico con la muerte implica una antropología de los límites, en el mismo plano que aquellos dados por la ley, y en el plano de aquellos dados por lo real, porque la muerte es el último límite.

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